Trebellar ha cerrado una ronda Serie A de 18 millones de dólares, casi 16 millones de euros, para reforzar su plataforma de inteligencia artificial aplicada a la gestión inmobiliaria de grandes empresas. La operación ha sido liderada por Blossom Capital, con participación de Haystack, Alt Capital, 1Flourish y Bynd, según comunicó la compañía y recogió Cinco Días.
La empresa fue fundada por el español Diego Ferreiro Val y opera desde San Francisco con una tesis muy concreta: los equipos que gestionan oficinas, contratos, ocupación y costes inmobiliarios siguen trabajando con datos dispersos y decisiones lentas. En una gran corporación, una pregunta aparentemente sencilla, como qué sedes conviene ampliar o cerrar, puede depender de contratos de alquiler, asistencia real a oficinas, costes energéticos, planes de contratación y necesidades de cada área.
Trebellar quiere convertir el inmobiliario corporativo en una función dirigida por datos, no por informes estáticos que llegan tarde. Su propuesta consiste en una capa de IA que recoge información de distintos sistemas, explica por qué se tomó una decisión y analiza después el resultado. Ese historial es importante: una compañía no solo necesita saber qué espacio usa, sino qué decisiones funcionaron y cuáles no.
Entre los clientes citados por la startup figuran Meta, Uber y Merck. Ese detalle da escala al problema que intenta resolver. Las grandes empresas ajustaron sus espacios tras la pandemia, pero el trabajo híbrido no eliminó la complejidad. La aumentó. Muchas sedes tienen ocupación variable, equipos que cambian de tamaño y políticas internas que evolucionan con cada ciclo económico.
La financiación se destinará a ampliar el equipo de ingeniería y comercial, mejorar las capacidades de IA de la plataforma e incorporar nuevos clientes empresariales. La compañía también ha sumado como asesor a Dave Radcliffe, conocido por haber supervisado la expansión inmobiliaria de Google durante etapas clave de crecimiento. Esa experiencia puede ayudar a traducir la tecnología a un lenguaje que entiendan los responsables de workplace, finanzas y operaciones.
El atractivo de Trebellar está en aplicar IA a una categoría de gasto enorme que muchas empresas todavía gestionan con herramientas fragmentadas. No hace falta imaginar un caso extremo. Una multinacional que paga miles de metros cuadrados infrautilizados necesita detectar rápido dónde renegociar, compartir espacios o rediseñar equipos, y hacerlo sin depender de consultoría externa para cada decisión.
El reto será demostrar que la IA entiende el contexto particular de cada organización. Los contratos inmobiliarios incluyen cláusulas, vencimientos, restricciones locales y compromisos financieros. La ocupación de oficinas puede variar por calendario, cultura interna o cambios de plantilla. Si el sistema simplifica demasiado, puede generar recomendaciones atractivas pero poco ejecutables.
También hay una oportunidad clara para empresas españolas con actividad internacional. Muchas compañías han profesionalizado ventas, marketing y recursos humanos con software especializado, pero el área inmobiliaria corporativa ha avanzado más despacio. Si Trebellar logra cerrar esa brecha, su mercado no estará limitado a real estate, sino a la productividad de capital en grandes organizaciones.
La ronda confirma una tendencia de fondo: la IA empresarial empieza a moverse hacia funciones internas muy específicas, donde el retorno depende de decisiones caras y repetidas. En ese terreno, ganar no consiste en tener el asistente más llamativo, sino en conocer mejor que nadie un flujo de trabajo que pesa en la cuenta de resultados.
