Thrive enfría la euforia inversora en IA y defiende apostar menos, pero más fuerte

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Joshua Kushner, fundador de Thrive Capital, ha aprovechado la primera carta a inversores de la firma para lanzar un mensaje incómodo al capital riesgo: la oportunidad de la IA es enorme, pero la euforia no sustituye al juicio. TechCrunch recoge extractos de una carta filtrada a Bloomberg en la que Kushner critica la tendencia de Silicon Valley a perseguir giros tecnológicos incrementales y a pagar precios cada vez más altos por cualquier compañía con narrativa de IA.

La advertencia tiene peso porque Thrive no está fuera de la ola. La firma es uno de los inversores más visibles de OpenAI y ha respaldado compañías como SpaceX, Anduril, Stripe, Ramp, Wiz y Cursor. También ha creado Thrive Holdings, un vehículo que compra negocios tradicionales y trabaja con OpenAI para aplicar agentes y automatización a procesos internos. La crítica de Kushner no es contra invertir en IA, sino contra confundir crecimiento rápido con buena inversión a cualquier valoración.

El contraste con parte del capital riesgo de Silicon Valley es claro. Muchas firmas operan bajo la lógica de buscar excepciones: hacer muchas apuestas, asumir pérdidas en la mayoría y confiar en que unas pocas ganadoras devuelvan el fondo varias veces. Thrive defiende una tesis más concentrada, con más capital y más tiempo en menos compañías. Según Bloomberg, alrededor del 90% del capital de cada fondo se concentra en sus 15 principales inversiones.

Ese enfoque tiene ventajas y límites. Permite acompañar empresas durante más tiempo, ejercer más influencia y construir posiciones relevantes en ganadores potenciales. Pero exige acceso, convicción y capacidad de absorber errores grandes. No todos los fondos pueden permitirse concentrarse tanto, especialmente los emergentes que necesitan diversificar para sobrevivir.

La carta llega en un momento en el que las valoraciones de IA ya no se explican solo por producto, sino por expectativas de infraestructura, salidas a bolsa y adopción corporativa masiva. Cuando una startup promete capturar parte del gasto de software, datos o servicios profesionales, el mercado adelanta años de crecimiento en el precio actual.

Thrive presume de resultados fuertes. TechCrunch recoge que la firma declara 60.000 millones de dólares en activos bajo gestión, una tasa interna de retorno bruta del 41% y una neta del 33%. También afirma haber devuelto más de 1.000 millones de dólares de liquidez a sus inversores en los últimos 12 meses. Esas cifras explican por qué su opinión circula con fuerza entre LPs y emprendedores.

Para startups, el mensaje es menos cómodo de lo que parece. Si más fondos adoptan disciplina de precio, las rondas con métricas débiles pueden enfriarse aunque lleven IA en el nombre. Los emprendedores tendrán que demostrar ingresos, retención, defensibilidad y capacidad de integrarse en procesos reales. La demo llamativa ya no basta cuando el ticket se mide en decenas o cientos de millones.

Para el ecosistema español, esta conversación importa porque el capital internacional marca comparables. Si la financiación global se vuelve más selectiva, las startups locales con IA aplicada deberán cuidar margen, ciclo de venta y evidencia de valor. Eso puede favorecer compañías menos ruidosas pero más conectadas con problemas industriales o empresariales concretos.

La tesis de Thrive resume una maduración del mercado: la IA seguirá atrayendo dinero, pero el dinero empezará a pedir más pruebas antes de aceptar cualquier precio. Esa disciplina puede doler en el corto plazo, aunque también ayuda a separar empresas sostenibles de productos construidos solo para levantar la siguiente ronda.

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