SpaceX, OpenAI y Anthropic preparan su salto a Bolsa: el riesgo de una Wall Street cada vez más concentrada

Las Bolsas siguen avanzando pese al aumento de los riesgos globales. La guerra en Oriente Próximo, las presiones inflacionistas y el temor a una desaceleración económica no han frenado, por ahora, el apetito por la renta variable. Pero bajo esa resistencia aparece una señal que inquieta a los analistas: el mercado depende cada vez más de un grupo reducido de compañías.

El caso más visible está en Estados Unidos. Según Goldman Sachs, el 85% de las ganancias del S&P 500 en lo que va de 2026 procede del sector tecnológico. El índice acumula una subida cercana al 10%, pero sin la tecnología el avance se quedaría en torno al 3%. La foto es clara: Wall Street sube, sí, pero lo hace sobre una base cada vez más estrecha.

Un mercado más fuerte, pero menos repartido

La concentración no es un problema nuevo. Lo que preocupa ahora es su posible aceleración. Michael Hartnett, estratega de Bank of America, ha advertido de que las futuras salidas a Bolsa de SpaceX, OpenAI y Anthropic podrían llevar el peso de la tecnología a niveles que no se veían desde finales del siglo XIX.

El paralelismo histórico es llamativo. En aquella época, el ferrocarril llegó a representar el 63% de la capitalización bursátil estadounidense, impulsado por una expansión financiada con deuda y por un fuerte exceso inversor. El desenlace fue severo: la quiebra de Jay Cooke y el cierre de la Bolsa de Nueva York marcaron el final de una etapa de euforia.

No se trata de decir que la historia vaya a repetirse punto por punto. El mercado actual es distinto, las empresas son distintas y la economía también lo es. Pero la advertencia tiene peso porque apunta a un mismo riesgo: cuando demasiadas expectativas descansan sobre un solo sector, cualquier decepción puede tener un impacto mucho mayor.

La inteligencia artificial toma el relevo de las puntocom

El referente más cercano está en los años noventa. Entonces, el auge de internet concentró buena parte del entusiasmo bursátil en las compañías tecnológicas. Hoy, ese papel lo ocupa la inteligencia artificial.

Las expectativas sobre su capacidad para transformar sectores enteros están impulsando valoraciones muy exigentes. El mercado no solo paga los resultados actuales, sino también la promesa de lo que estas compañías podrían llegar a generar en los próximos años. ¿El problema? Que esas promesas aún deben convertirse en beneficios sostenibles.

Tras un breve intento de rotación hacia valores más cíclicos a comienzos de año, la incertidumbre y unos resultados empresariales mejores de lo esperado han devuelto el protagonismo a las grandes compañías de crecimiento. De nuevo, el dinero se concentra donde los inversores ven más capacidad de expansión: la gran tecnología estadounidense.

De las FAANG a los siete magníficos

Hace unos años, el liderazgo bursátil estaba en manos de las FAANG: Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Google. Con el auge de la IA, el foco se amplió hacia los llamados siete magníficos. Cambian los nombres y las tecnologías, pero la lógica se mantiene: un grupo reducido de gigantes condiciona la evolución de los grandes índices.

Nvidia es el ejemplo más evidente. Su capitalización bursátil ha alcanzado un tamaño comparable al de economías como la alemana. Es una muestra del poder que ha adquirido la infraestructura de la IA, desde los chips hasta los centros de datos, dentro de las expectativas de Wall Street.

Ahora, el mercado se prepara para una nueva oleada de estrenos bursátiles. SpaceX, OpenAI y Anthropic podrían reforzar todavía más esa dinámica si finalmente llegan al parqué con las valoraciones que ya se manejan en el mercado privado.

La tecnología podría acercarse al 48% del mercado estadounidense

En la actualidad, las tecnológicas representan cerca del 40% del valor total del mercado estadounidense. Según las estimaciones de Hartnett, ese peso podría acercarse al 48% tras la próxima oleada de salidas a Bolsa.

La cifra sería especialmente relevante porque superaría dos referencias históricas de fuerte euforia bursátil: el 41% alcanzado durante la burbuja de las puntocom y el 44% registrado en Japón a finales de los años ochenta. Son comparaciones que no implican necesariamente una corrección inmediata, pero sí ayudan a dimensionar la dependencia actual del mercado.

SpaceX, el proyecto aeroespacial de Elon Musk, podría situarse entre las diez cotizadas más valiosas del mundo tras su debut bursátil. Las estimaciones apuntan a una capitalización cercana a 1,75 billones de dólares, por encima de los 1,6 billones de Tesla.

A esa cifra se sumarían las valoraciones atribuidas a las grandes compañías de inteligencia artificial. OpenAI, creadora de ChatGPT, ya estaría valorada por el mercado en unos 850.000 millones de dólares, equivalentes a 730.050 millones de euros. Anthropic, por su parte, rondaría los 900.000 millones de dólares, unos 773.000 millones de euros.

El riesgo: depender de muy pocas compañías

El principal temor no es solo que las valoraciones sean elevadas. El problema es que el mercado podría volverse más vulnerable si una parte creciente de los índices depende de unas pocas empresas. Una decepción en resultados, una revisión de expectativas o un aumento de costes podría trasladarse con rapidez al conjunto de Wall Street.

Antonio Castelo, analista de iBroker, advierte de que el mercado podría quedar cada vez más ligado a un núcleo estrecho de compañías. Esa dependencia aumentaría la vulnerabilidad ante cualquier fallo en beneficios o crecimiento. El Banco Central Europeo también ha señalado este riesgo en su último informe de estabilidad, según el texto de referencia.

Aun así, los analistas matizan que una concentración elevada no implica, por sí sola, una burbuja a punto de estallar. Juan Gómez Bada, director de inversiones de Avantage Capital, sostiene que la diferencia frente a la crisis de las puntocom está en los beneficios. Hoy, muchas de las grandes tecnológicas sí generan ganancias relevantes y cuentan con modelos de negocio consolidados.

Los datos de FactSet refuerzan esa idea. En el primer trimestre, los siete magníficos registraron un crecimiento de beneficios del 62,3%, muy por encima del 17,4% del resto del S&P 500. La concentración de capital refleja, en parte, la concentración de beneficios. Esa es una diferencia importante frente a muchas puntocom, cuyas cotizaciones se disparaban sin resultados que las respaldaran.

La IA exige inversiones enormes y retrasa la rentabilidad

La solidez actual no elimina las tensiones. La inteligencia artificial requiere inversiones masivas en infraestructura, energía, talento y capacidad de computación. Esos costes ya pesan sobre algunas compañías y podrían convertirse en una prueba para sus valoraciones.

Según el folleto de salida a Bolsa de SpaceX citado en el texto original, las necesidades de capital se tradujeron en pérdidas de casi 4.300 millones de dólares, equivalentes a 3.693 millones de euros, durante el primer trimestre. OpenAI también afronta una presión similar. Aunque la compañía logró 5.700 millones de dólares en ingresos, unos 4.895,7 millones de euros, las previsiones apuntan a que no sería rentable hasta 2030 por el elevado coste de la infraestructura de IA.

Kevin Thozet, miembro del comité de inversión de Carmignac, ve en el repunte de las salidas a Bolsa ciertos rasgos de final de ciclo: liquidez abundante, fuerte participación minorista y disposición a financiar compañías cuya rentabilidad todavía no está clara. El patrón recuerda, según su análisis, al auge de los SPAC tras la pandemia.

La gestión pasiva puede amplificar las caídas

A este riesgo se suma otro factor que no tenía el mismo peso durante la burbuja puntocom: la gestión pasiva. Duncan Lamont, director de investigación de Schroders, señala que los fondos indexados eran todavía incipientes en aquella etapa. Hoy gestionan decenas de billones de dólares.

Estos vehículos replican índices y compran más de aquello que más pesa en ellos. Eso puede reforzar las subidas cuando las grandes tecnológicas lideran el mercado, pero también puede intensificar las caídas si el sentimiento cambia. La misma mecánica que impulsa el ascenso puede acelerar el ajuste.

El mercado estadounidense representa ya cerca del 70% del MSCI World, lo que reduce la diversificación real de muchos inversores globales. Quien compra un índice mundial acaba asumiendo una exposición muy elevada a Estados Unidos y, dentro de ese mercado, a la tecnología.

La cuestión de fondo no es si SpaceX, OpenAI o Anthropic serán compañías relevantes. Todo apunta a que ya lo son. La pregunta es otra: cuánto riesgo está dispuesto a asumir el mercado cuando cada vez más expectativas dependen de menos empresas. Las próximas salidas a Bolsa pueden convertirse en una prueba decisiva para Wall Street.

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