Un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revela una paradoja en el avance de la inteligencia artificial en los sistemas sanitarios europeos. Aunque su uso crece en distintos ámbitos asistenciales, solo 4 de los 50 países analizados cuentan con una estrategia nacional específica de IA en salud: Andorra, Finlandia, Eslovaquia y Suecia. El resto avanza sin un plan dedicado que marque prioridades y fije un marco claro para su despliegue.
Aumenta la adopción, falta la regulación
El estudio señala que 32 Estados ya aplican sistemas de diagnóstico asistido por IA, sobre todo en áreas como la imagen médica. Cerca de la mitad utiliza también chatbots o asistentes virtuales para la comunicación con pacientes. Todo ello sucede en un entorno con marcos legales y éticos todavía poco desarrollados, una situación que deja expuestos tanto a profesionales como a usuarios del sistema sanitario.
Pese a este contexto, la OMS detecta avances en algunos territorios, como la creación de health data hubs o centros de datos sanitarios. Estas infraestructuras mejoran la interoperabilidad, la gobernanza del dato y la coordinación entre sistemas, elementos básicos para integrar la IA de forma más segura en la práctica clínica.
Estrategias aún incipientes
El informe establece diferentes niveles de preparación entre los países europeos. A los cuatro estados con una estrategia específica ya activa se suman otros siete que están desarrollando planes propios. El resto depende de estrategias generales de inteligencia artificial, donde la sanidad aparece como una prioridad secundaria y sin una hoja de ruta exclusiva.
Esta falta de planificación también es visible en la formación y la normativa. Menos del 25 % de los países ofrece capacitación específica en IA para profesionales sanitarios, y únicamente 4 de los 50 Estados han definido estándares claros de responsabilidad legal para los casos en los que los sistemas de IA incurran en errores médicos.
Déficit en capacitación y garantías legales
Los datos apuntan a una preparación insuficiente tanto del capital humano como del marco regulatorio necesario para un uso seguro de la tecnología. La OMS advierte de que, sin estrategias claras, protección de datos sólida y esfuerzos serios en alfabetización digital, la aplicación de la IA puede agravar desigualdades sanitarias y elevar los riesgos legales asociados a su utilización clínica.
“El retraso estratégico limita el potencial de la IA sanitaria y aumenta el riesgo para pacientes y profesionales. Contar con una estrategia nacional específica permitiría planificar mejor los recursos, establecer responsabilidades legales claras y garantizar el uso ético y seguro de la inteligencia artificial en salud”, explican desde el Departamento de IA de ASHO, empresa tecnológica catalana especializada en soluciones para el ámbito sanitario.
El caso de España
España se encuentra entre los países sin una estrategia específica de IA en sanidad, aunque dispone de diversos planes generales de transformación digital del sistema sanitario. La adopción tecnológica progresa, sobre todo en diagnóstico por imagen y apoyo a la toma de decisiones clínicas, pero persisten carencias formativas y lagunas regulatorias en torno a estas herramientas.
“España, al igual que otros países europeos, necesita acelerar la definición de marcos legales y educativos que acompañen la innovación tecnológica, porque solo así la IA podrá mejorar la salud de manera segura y equitativa”, añaden desde el Departamento de IA de ASHO.
Los riesgos de no actuar
El informe subraya la urgencia de establecer estándares de responsabilidad, reforzar la formación del personal sanitario, asegurar una sólida gobernanza de los datos y fomentar la participación de los pacientes en el diseño de sistemas de IA.
Sin estas bases, la falta de estrategias nacionales específicas y de protección legal suficiente puede derivar en decisiones clínicas basadas en datos incompletos o sesgados, desigualdades en el acceso a la atención y una mayor exposición a errores sin mecanismos claros de compensación o responsabilidad. Un escenario que, según la OMS, condiciona el verdadero impacto transformador de la inteligencia artificial en la sanidad europea.
