SoftBank vuelve a moverse a gran escala en inteligencia artificial. Masayoshi Son, fundador del grupo japonés, busca captar hasta 100.000 millones de dólares de inversores del Golfo Pérsico para financiar una estrategia de inversión cada vez más ambiciosa en IA, según información publicada por Financial Times y recogida por Cinco Días. La cifra sitúa la operación potencial entre los mayores intentos de concentración de capital privado alrededor de esta tecnología.
El movimiento llega después de que SoftBank cerrara en septiembre una emisión récord de bonos de alto rendimiento por más de 11.000 millones de dólares. La firma ya ha demostrado en ciclos anteriores una tolerancia alta al riesgo y una preferencia por apuestas grandes en compañías tecnológicas con capacidad de dominar mercados. La IA, por su intensidad de capital, encaja con esa lógica.
La búsqueda de 100.000 millones confirma que la carrera de la IA se está financiando con instrumentos más propios de infraestructura global que de venture capital tradicional. Entrenar modelos, comprar chips, construir centros de datos y asegurar energía exige cantidades que superan con creces las rondas habituales de startups. El capital soberano y los grandes fondos regionales pasan a ser actores centrales.
Los países del Golfo han intensificado su presencia en IA durante los últimos años. Buscan diversificar economías dependientes del petróleo, atraer talento, controlar infraestructura crítica y participar en el próximo ciclo de productividad. Para SoftBank, esos inversores ofrecen capacidad financiera y una visión de largo plazo que puede sostener apuestas de gran escala, aunque también añaden complejidad geopolítica.
El riesgo es que el exceso de capital acelere valoraciones y proyectos antes de que exista demanda empresarial suficiente para justificar toda la infraestructura prevista. El mercado ya discute si la IA vive una burbuja de inversión. La diferencia frente a ciclos anteriores es que esta vez el gasto se concentra en activos físicos, energía, chips y contratos de nube, no solo en aplicaciones digitales ligeras.
SoftBank conoce bien las consecuencias de invertir con agresividad. El Vision Fund acumuló éxitos, pero también errores notables en compañías cuyo crecimiento no justificó el precio pagado. En IA, Son parece dispuesto a volver a una estrategia de grandes convicciones, con la idea de que la tecnología transformará sectores enteros y que quien controle nodos clave de infraestructura y aplicaciones capturará valor durante años.
La búsqueda de capital coincide con otras operaciones gigantes del sector. OpenAI negocia nuevas financiaciones de gran tamaño y empresas como DeepSeek, según la información publicada, también exploran rondas relevantes. Al mismo tiempo, proveedores de chips, memoria, energía y centros de datos viven una presión de demanda que condiciona la capacidad real de despliegue.
Para España, el fenómeno tiene una lectura indirecta. Si los grandes fondos concentran dinero en infraestructura de IA, aumentará la competencia por suelo, energía, talento técnico y acuerdos cloud. También puede abrir oportunidades para empresas de software, datos, ciberseguridad y eficiencia energética que ayuden a hacer rentable esa infraestructura. La pregunta es si Europa capturará una parte significativa del valor o quedará como compradora de capacidad externa.
SoftBank vuelve a apostar por escala extrema, y la IA ofrece el escenario perfecto para esa ambición. La operación todavía depende de inversores, condiciones y ejecución, pero deja una señal clara: el próximo tramo de la economía digital se financiará con capital paciente, geopolítico y dispuesto a asumir riesgos enormes.
