Pymes en el mercado alternativo: quién supervisa su camino desde el primer día

Los mercados dirigidos a pymes en crecimiento han ganado terreno en Europa como alternativa a la financiación bancaria tradicional. Bajo la etiqueta de SME Growth Markets, agrupan a compañías con valoraciones aproximadas de entre 20 y 500 millones de euros y ofrecen un marco con menores exigencias administrativas y costes más contenidos que los mercados regulados clásicos.

No funcionan igual que las Bolsas principales. Las empresas que cotizan en estos segmentos no están supervisadas por organismos como la Comisión Nacional del Mercado de Valores en España, sino que operan bajo reglas específicas del propio mercado. El objetivo es facilitar el acceso al capital a sociedades de menor tamaño, sin replicar toda la estructura regulatoria de los grandes parqués.

Las cifras reflejan su consolidación. Según la Federación de Mercados Europeos de Valores, más de 1.600 compañías cotizan en los 13 SME Growth Markets de Europa continental. Nasdaq First North en los países nórdicos y bálticos, Euronext Growth en varios mercados europeos y el AIM británico son algunos de los referentes. En España, el segmento equivalente es BME Growth.

Estos mercados forman parte de la llamada financiación alternativa, es decir, no bancaria. Para una empresa que necesita recursos para expandirse, pueden ser una vía distinta a la entrada de un fondo de venture capital o private equity en su accionariado.

Cotizar permite financiar crecimiento orgánico e inorgánico mediante ampliaciones de capital. También facilita la transmisión de acciones y ordena la estructura societaria. Por ejemplo, una empresa familiar que incorpora nuevos inversores puede canalizar esa entrada a través del mercado, con reglas claras de negociación.

Pero el acceso no es automático ni gratuito. Existen costes de incorporación y mantenimiento, obligaciones periódicas de información y, en ocasiones, una liquidez limitada que reduce el volumen de compraventa de acciones. No todas las compañías están preparadas para asumir ese salto.

La figura que sostiene el proceso

Para garantizar que las empresas cumplen los requisitos de acceso y permanencia se creó la figura del asesor registrado, conocido como Listing Sponsor en Euronext. Su presencia es obligatoria en estos mercados.

Actúa como interlocutor entre la empresa y el mercado, tanto en la fase de incorporación como durante toda la vida cotizada. Debe estar autorizado por el mercado correspondiente y contar con experiencia y medios suficientes para evaluar si el emisor es idóneo.

Su trabajo empieza antes del anuncio público. Analiza los objetivos estratégicos, los recursos disponibles y la capacidad de gestión de la compañía. La pregunta clave es directa: ¿tiene sentido salir a cotizar o existen alternativas más adecuadas?

Un proceso que exige preparación

Una vez tomada la decisión, se abre un periodo que puede durar entre tres y doce meses, según el formato elegido. La operación puede estructurarse como:

  • Listado directo de acciones, sin captación de capital.
  • Oferta pública en la que se colocan títulos entre inversores.

En esta etapa, el asesor registrado coordina la documentación necesaria, participa en la elaboración de la tesis de inversión y en la valoración de la empresa, y mantiene el contacto con el mercado. Cuando la operación incluye captación de fondos, también puede intervenir en la búsqueda de capital.

Además, orienta sobre qué mercado encaja mejor con la estrategia de la compañía, teniendo en cuenta su presencia geográfica y sus planes de expansión. El primer contacto formal con los responsables del mercado marca el inicio de un proceso técnico que requiere coordinación y tiempos definidos.

Más allá del toque de campana

El debut no es el final. Es el principio. La cotización implica un cambio profundo en la cultura de la empresa, que pasa de un entorno privado a uno público.

A partir de ese momento, la transparencia informativa, el cumplimiento de obligaciones periódicas y el refuerzo del gobierno corporativo se convierten en parte del día a día. Presentar resultados, comunicar hechos relevantes o mantener una relación constante con inversores deja de ser algo puntual.

En ese contexto, el asesor registrado no desaparece tras el estreno bursátil. Mantiene su función de acompañamiento y supervisión, actuando como puente entre la compañía y el mercado en una etapa que redefine su relación con accionistas y otros grupos de interés. Porque cotizar no es solo financiarse. Es asumir una nueva forma de gestionar.

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