La escalada del conflicto en Irán está teniendo consecuencias directas en los precios de los combustibles. El diésel se ha convertido en el producto más tensionado del mercado energético y ya supera claramente a la gasolina en muchas estaciones de servicio.
Este cambio no responde únicamente al precio del petróleo. El verdadero problema está en el mercado internacional de combustibles refinados, donde el gasóleo está experimentando una presión mucho mayor que la gasolina.
El resultado ya se percibe en el surtidor. El diésel se ha encarecido con más rapidez que la gasolina y ha roto una tendencia histórica en España, donde durante años solía ser el carburante más barato debido a su menor carga fiscal.
El conflicto en Irán dispara la volatilidad del petróleo
Desde que Estados Unidos atacó a Irán hace algo más de una semana, los mercados energéticos han entrado en una fase de gran inestabilidad.
El Brent, referencia del petróleo en Europa, ha pasado de cotizar alrededor de los 60 dólares por barril a acercarse a los 120. En algunos momentos, las diferencias dentro de un mismo día han llegado a 30 dólares por barril.
Ese movimiento refleja el miedo del mercado a interrupciones en el suministro mundial.
Aun así, el comportamiento del crudo no explica por completo lo que ocurre con los carburantes. El precio que paga el consumidor depende de otros factores, especialmente de las cotizaciones de gasolina y diésel ya refinados en los mercados internacionales.
El diésel sube más que la gasolina
La diferencia entre ambos combustibles es clara.
Mientras el petróleo acumula una subida cercana al 40%, los derivados del crudo están evolucionando de forma desigual:
- Gasolina: subida aproximada del 10%
- Diésel: subida cercana al 20%
Si se analizan los mercados internacionales de productos refinados, el contraste es aún mayor.
Ese desequilibrio se refleja ya en los precios que pagan los conductores.
Según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica, el diésel ha pasado de 1,383 euros por litro a comienzos de año a 1,789 euros.
La gasolina 95, por su parte, se sitúa en 1,662 euros por litro.
Durante años, el diésel mantuvo una ventaja fiscal cercana a 10 céntimos por litro respecto a la gasolina. En la situación actual, esa diferencia ya no compensa el encarecimiento del producto refinado.
Europa tiene déficit de diésel
Una de las claves está en la estructura del mercado energético europeo. Europa tiene capacidad suficiente de refino para exportar gasolina, pero arrastra un problema estructural con el gasóleo.
El continente no produce suficiente diésel para cubrir su demanda interna. Eso obliga a importar grandes volúmenes desde otras regiones.
Un ejemplo claro es el transporte de mercancías. La mayoría de camiones en Europa utilizan diésel, lo que genera una demanda constante de este combustible.
Parte de ese suministro procede de Oriente Próximo, precisamente la región donde ahora se concentra la tensión geopolítica.
Cuando surge el temor a interrupciones en esa zona, el precio del diésel reacciona con más fuerza que el de la gasolina.
Los inventarios europeos son más bajos
A esa dependencia se suma otro factor importante: las reservas. Los inventarios europeos de gasóleo son más reducidos que los de gasolina.
Cuando las reservas son más bajas, el margen de maniobra del mercado también se reduce.
Un ejemplo sencillo lo ilustra. Si una refinería tiene grandes reservas de gasolina almacenadas, puede absorber una interrupción temporal del suministro. Si el combustible escasea, cualquier problema provoca una subida rápida de precios.
China también presiona el mercado
La situación se ha agravado por una decisión adoptada por China.
Según informaciones citadas por Reuters, el Gobierno chino ha pedido a sus refinerías que suspendan las exportaciones de combustibles para proteger su seguridad energética durante el conflicto.
Este movimiento tiene impacto global.
Aunque China importa grandes cantidades de petróleo, también es uno de los principales exportadores de productos refinados, especialmente gasóleo.
Si ese flujo desaparece temporalmente del mercado internacional, la presión sobre los precios aumenta.
La demanda de diésel es difícil de reducir
El propio uso del combustible también influye en su precio.
A diferencia de la gasolina, cuyo consumo depende en gran parte del uso del coche particular, el diésel está ligado a sectores esenciales de la economía.
Entre ellos destacan:
- transporte de mercancías por carretera
- logística y distribución
- maquinaria industrial
- transporte marítimo
Un ejemplo cotidiano ayuda a entenderlo. Si sube el precio de la gasolina, algunas personas pueden reducir sus desplazamientos en coche. Las empresas de transporte no pueden detener sus camiones, porque la distribución de mercancías debe continuar.
La respuesta internacional ya ha comenzado
Ante la escalada de precios, varios organismos internacionales han empezado a intervenir.
La Agencia Internacional de la Energía acordó liberar reservas estratégicas de petróleo en la mayor operación de este tipo realizada hasta ahora.
El objetivo es aumentar la oferta en el mercado y frenar el encarecimiento de los combustibles.
Por su parte, la OPEP sigue de cerca la evolución del conflicto para decidir posibles ajustes en la producción.
Aun así, los analistas coinciden en que el sistema sigue siendo vulnerable.
Mientras Europa dependa de importaciones de diésel y las refinerías operen cerca de su límite, cualquier crisis geopolítica puede disparar los precios del gasóleo.
El impacto llega a la inflación
La subida de los combustibles no solo afecta al transporte.
También puede trasladarse al conjunto de la economía.
El último avance diario del ICAE indica que el impacto combinado de carburantes y electricidad podría elevar la inflación de marzo en 10,2 décimas.
Solo el gasóleo, con un aumento del 25,6% desde el inicio de las hostilidades, aportaría cinco décimas al IPC.
La gasolina, con un alza del 13,2%, añadiría otras 2,5 décimas.
Los combustibles y la electricidad representan el 7,5% de la cesta del IPC, por lo que su evolución influye directamente en el coste de vida.
En los próximos meses, el mercado energético seguirá mirando a un punto clave del mapa: el estrecho de Ormuz.
Por ese paso marítimo circula una parte importante del petróleo mundial. Si el tráfico en la zona se normaliza, la presión sobre los combustibles podría relajarse. Si la tensión continúa, el diésel seguirá siendo el eslabón más frágil del sistema energético global.
