Orbital Matter imprime una viga rígida en el espacio y prueba otra vía para construir satélites

Orbital Matter ha fabricado en órbita una viga rígida de medio metro con una impresora 3D instalada en su satélite Replicator 2. La startup, con actividad entre Alemania y Polonia, considera la demostración un primer paso para construir en el espacio componentes que hoy deben plegarse dentro de la cofia de un cohete.

El resultado es pequeño, pero ataca una limitación conocida de la industria espacial. Los satélites pueden necesitar antenas, radiadores o paneles solares cada vez mayores, especialmente si han de manejar más potencia y disipar más calor. Sin embargo, esas estructuras deben sobrevivir al lanzamiento y entrar en un volumen muy limitado.

Fabricar la estructura después del despegue permitiría diseñar naves según la función que necesitan, no solo según lo que cabe plegado en un cohete. El Replicator 2 fue lanzado este verano en una misión compartida de SpaceX y transportaba cuatro impresoras de la compañía.

El sistema deposita una resina propia en forma de espiral y la endurece con luz ultravioleta hasta crear un cilindro rígido. Orbital Matter denomina a este método PADS, siglas de Printer Assisted Deployment System. La empresa explica que su material Spacecrete se almacena como fluido y se endurece en segundos, evitando parte de la complejidad térmica de otros procesos de fabricación.

La viga fabricada es una prueba de operación en vacío, no una línea de producción orbital. Dos impresoras de la misión estaban destinadas a desplegar una matriz solar flexible, pero una anomalía provocó el fallo de una de ellas. Pese a ello, la estructura creada desplegó la matriz solar, un dato relevante para evaluar el comportamiento del sistema fuera de los ensayos de tierra.

Hasta ahora, buena parte de la impresión 3D relacionada con microgravedad se había realizado dentro del entorno presurizado de la Estación Espacial Internacional. La diferencia de fabricar directamente en el vacío es clave porque permite validar materiales, curado y despliegue en las condiciones donde trabajaría una infraestructura comercial.

La empresa estima que su arquitectura podría crear brazos estructurales de entre diez y más de cien metros sin cambiar el proceso de fabricación ni las necesidades de potencia. Para comparar escala, los paneles solares de los satélites Starlink V2 alcanzan alrededor de veinte metros. Orbital Matter cree que, con el material disponible a bordo, son factibles vigas de cien metros.

Su siguiente demostración está prevista para 2028. La compañía pretende probar una impresora mayor en un satélite más grande y desplegar una matriz solar capaz de generar cinco kilovatios. El objetivo posterior es alcanzar alas de más de cien kilovatios hacia 2030 y colaborar con fabricantes que quieran extender paneles solares, antenas u otros elementos.

El caso interesa a la industria europea porque combina fabricación avanzada, sistemas espaciales y autonomía tecnológica. No hay aún una garantía de que imprimir en órbita sea más barato que desplegar mecanismos tradicionales en todas las misiones. Pero si la tecnología reduce masa, riesgo de despliegue y restricciones de tamaño, puede abrir nuevas opciones para satélites de observación, comunicaciones y futuros centros de datos orbitales.

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