La exhibición de Optimus en un evento en Miami volvió a poner el proyecto bajo los focos. Durante la demostración, el humanoide trató de manipular varias botellas sin éxito y acabó cayendo de espaldas ante el público. No fue solo una caída: un gesto previo, con las manos cerca de la cabeza, activó la sospecha de una posible interacción con control externo.
Ese instante alimentó el debate sobre el uso de teleoperación, una práctica habitual en robótica para guiar tareas complejas mientras se recopilan datos para entrenar modelos de inteligencia artificial. La secuencia se difundió con rapidez en redes y foros especializados, y reabrió la discusión: ¿hasta qué punto las imágenes encajan con el relato de autonomía total que rodea a Optimus?
Cuando falla algo más que el equilibrio
En proyectos de este nivel es normal que surjan errores de funcionamiento. Sin embargo, el incidente ha puesto el acento en un aspecto distinto: la reacción del robot al perder el control activo. Optimus no bloqueó su postura ni se estabilizó; se desplomó. Eso apunta a la falta de un sistema pasivo de seguridad capaz de detener el movimiento ante una interrupción imprevista.
En un humanoide bípedo de gran tamaño, que depende de ajustes constantes para mantener el equilibrio, esa carencia supone un riesgo operativo evidente. El episodio contrasta con otras estrategias del sector:
- 1X Technologies opta por estructuras más ligeras y flexibles, priorizando la seguridad mecánica.
- Sunday Robotics descarta la forma humanoide y apuesta por plataformas con ruedas, donde la estabilidad no depende de correcciones activas continuas.
Retos técnicos aún abiertos
La escena de Miami llega en un momento delicado para Optimus. En los últimos meses se han conocido retrasos en el desarrollo de sus manos, esenciales para lograr destreza en la manipulación de objetos, que han provocado pausas en fabricación. Además, la salida del responsable del programa, Milan Kovac, ha añadido incertidumbre interna sobre el ritmo del proyecto.
Tesla mantiene una hoja de ruta ambiciosa con vistas a una producción masiva a largo plazo. Aun así, las imágenes públicas vuelven a subrayar la brecha entre las expectativas comunicadas y el rendimiento real del prototipo en condiciones de demostración.
El tropiezo de Optimus no solo reabre la discusión sobre su nivel efectivo de autonomía, sino que también recuerda que la seguridad y la fiabilidad siguen siendo los grandes obstáculos antes de que los robots humanoides puedan cumplir el papel que se les atribuye en entornos industriales o comerciales. ¿Está el sector más cerca de una revolución real o todavía en fase de experimentación avanzada?
