Onalabs ha cerrado una ronda de más de 9,3 millones de euros para escalar sus soluciones de monitorización continua y no invasiva de la salud. La empresa catalana trabaja con sensores capaces de leer biomarcadores a partir del sudor, un terreno que conecta salud digital, deporte de alto rendimiento e investigación clínica.
La operación cuenta con una participación relevante de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica, que ha invertido 4,6 millones de euros a través del instrumento Next Tech. También participan fondos internacionales y socios previos. La señal para el mercado es clara: la salud digital empieza a moverse hacia dispositivos que miden datos fisiológicos sin exigir pinchazos ni pruebas puntuales.
El uso de los fondos tiene tres frentes. El primero es acelerar la industrialización de ONASPORT, la solución orientada al rendimiento deportivo que mide parámetros como lactato, deshidratación, electrolitos y sodio. El segundo es avanzar en la validación clínica y regulatoria de ONAVITAL. El tercero es desarrollar la línea vinculada a diabetes, un área donde la monitorización continua ya ha demostrado valor comercial.
La propuesta de Onalabs encaja en una tendencia mayor: convertir el cuerpo en una fuente constante de datos útiles, pero hacerlo con menos fricción para el usuario. Un deportista puede ajustar hidratación y carga de entrenamiento; un equipo médico puede observar evolución sin depender solo de una visita; una empresa de salud puede construir servicios alrededor de datos recurrentes y no aislados.
La dificultad está en pasar de prototipo validado a producto industrial. En medtech no basta con fabricar sensores, hay que garantizar precisión, estabilidad, trazabilidad y cumplimiento regulatorio. La ronda permite a Onalabs atacar justo esa fase donde muchas deep tech europeas se quedan cortas: producción local, validación clínica y llegada ordenada al mercado.
La compañía afirma que la financiación ayudará a aumentar capacidad industrial y reforzar la fabricación local de sus dispositivos. Ese punto tiene importancia estratégica. En salud digital, controlar mejor la cadena de producción puede reducir dependencia externa, acortar iteraciones y facilitar auditorías técnicas cuando el producto entra en hospitales, clubes deportivos o aseguradoras.
Onalabs también llega a un mercado más maduro que hace unos años. Los wearables ya han acostumbrado a millones de usuarios a mirar datos de pulso, sueño o actividad. La siguiente capa será más exigente: biomarcadores con valor médico o metabólico. Ahí la confianza se gana con evidencia, no con diseño de app.
La ronda también puede ayudar a ordenar el acceso comercial. Los clientes potenciales no son todos iguales: un club deportivo busca rendimiento, un hospital busca seguridad clínica y una aseguradora busca datos consistentes para prevención. Esa diversidad obliga a empaquetar el producto con mensajes, soporte y métricas distintas para cada canal.
Para España, la operación refuerza una línea de deep tech con aplicación concreta y potencial exportador. Si Onalabs demuestra que sus sensores son fiables fuera de entornos controlados, puede ocupar un espacio intermedio entre el wearable de consumo y el dispositivo médico tradicional. Esa frontera es atractiva porque combina recurrencia de datos, necesidad clínica y modelos de negocio B2B.
