Mobileye, una de las compañías más influyentes en visión artificial aplicada a la automoción, ha decidido dar un paso fuera del coche. La empresa israelí anunció en el CES de Las Vegas la adquisición de Mentee Robotics por 900 millones de dólares, una operación con la que inicia una nueva etapa centrada en robótica humanoide y sistemas de inteligencia artificial capaces de interactuar con el mundo físico.
El movimiento no es menor. Mobileye ha construido su liderazgo suministrando chips y software de percepción a fabricantes de automóviles de todo el mundo. Ahora quiere reutilizar ese conocimiento en un terreno distinto, pero relacionado: enseñar a las máquinas a ver, entender y actuar fuera del asfalto. La compañía lo resume con una etiqueta ambiciosa: “Mobileye 3.0”.
Un giro estratégico con nombre propio
La operación fue presentada por Amnon Shashua, presidente y cofundador de Mobileye. El directivo no es ajeno a la startup adquirida. De hecho, Mentee Robotics fue cofundada por él mismo en 2022, con el objetivo explícito de desarrollar robots humanoides capaces de desenvolverse en entornos reales y colaborar con personas.
Según los términos del acuerdo, Mobileye desembolsará unos 612 millones de dólares en efectivo y completará la operación con la entrega de hasta 26,2 millones de acciones ordinarias. Shashua se abstuvo de participar en la deliberación y aprobación del acuerdo para evitar conflictos de interés. La compra cuenta con el respaldo del consejo de administración y de Intel, principal accionista de Mobileye, y se espera que se cierre durante el primer trimestre del año.
La empresa ha subrayado que el impacto financiero será contenido. El aumento de los gastos operativos en 2026 se situará en un dígito bajo. Mentee Robotics seguirá funcionando como unidad independiente, aunque compartirá infraestructura y capacidades tecnológicas con Mobileye.
De los coches a los humanoides
El encaje tecnológico es claro. Mobileye lleva más de dos décadas perfeccionando sistemas que permiten a un vehículo percibir su entorno, anticipar riesgos y tomar decisiones en tiempo real. Cámaras, mapas, modelos predictivos y planificación de movimientos forman parte de su ADN.
Ese mismo enfoque es el que ahora se quiere aplicar a la robótica humanoide. La compañía habla de “inteligencia artificial física”, un concepto que va más allá del software: máquinas que no solo procesan datos, sino que entienden contexto e intención y actúan de forma coherente en espacios compartidos con humanos.
Un ejemplo sencillo ilustra la ambición. Un coche autónomo debe reconocer un peatón y decidir si frena. Un robot humanoide, en cambio, tendría que identificar a una persona, interpretar su gesto y decidir si apartarse, ayudar o detenerse, todo ello en un entorno cambiante y sin carriles definidos.
Un negocio sólido que permite arriesgar
El salto hacia la robótica llega en un momento de fortaleza para Mobileye. La empresa ha comunicado que su cartera de ingresos futuros asciende a 24.500 millones de dólares para los próximos ocho años, un 40% más que a comienzos de 2023. La mayor parte procede de contratos con fabricantes de automóviles para sistemas avanzados de asistencia a la conducción y soluciones de autonomía.
Además, apenas un día antes del anuncio de la compra, Mobileye confirmó un nuevo acuerdo comercial para su chip de última generación EyeQ6H, diseñado para sistemas de conducción sin manos. Con los nuevos clientes incorporados, la compañía prevé más de 19 millones de entregas futuras basadas en esta plataforma, incluyendo acuerdos ampliados con grupos como Volkswagen.
Este colchón financiero y comercial explica la maniobra. Mobileye puede permitirse invertir en un área de alto riesgo y largos plazos, sin comprometer su negocio principal.
Qué gana cada parte
Para Mentee Robotics, la integración supone acceso inmediato a infraestructura de entrenamiento de IA a gran escala, talento especializado y una capacidad financiera muy superior a la de una startup independiente. En robótica humanoide, donde los ciclos de desarrollo son largos y costosos, esa diferencia es crítica.
Para Mobileye, la operación representa una diversificación calculada. La robótica humanoide aún no es un mercado maduro, pero concentra atención e inversión en todo el mundo. Empresas tecnológicas y fabricantes industriales exploran usos en logística, mantenimiento o asistencia personal, aunque todavía no existe un modelo de negocio dominante.
La apuesta de Mobileye no consiste en abandonar el coche, sino en extender su tecnología a un nuevo tipo de “vehículo”: uno que camina, manipula objetos y comparte espacio con personas.
El mensaje implícito es claro. Si la visión artificial y la toma de decisiones en tiempo real han transformado la automoción, ¿por qué no podrían hacer lo mismo con los robots humanoides? La respuesta no llegará pronto, pero con esta compra Mobileye ha decidido estar dentro de la carrera desde el principio.
