Cada vez más migrantes latinoamericanos utilizan las redes sociales para contar en primera persona cómo es vivir lejos de su país. Sus vídeos muestran algo simple pero poderoso: la vida diaria. Preparar café antes de salir a trabajar, coger el tren al amanecer o explicar cuánto cuesta conseguir un permiso de trabajo.
Ese contenido también cumple otra función. Permite cuestionar estereotipos que suelen repetirse en el debate público sobre migración. ¿Quién cuenta realmente la historia de quienes emigran?
Uno de esos relatos es el de Suyapa Orellana, hondureña de 29 años que vive en Sabadell, al norte de Barcelona. Llegó a España en Nochebuena de 2021 y en mayo de 2025 abrió cuentas en redes sociales para explicar su experiencia como migrante.
Graba desde la misma habitación donde vive con su esposo y su hijo de diez años. Ese espacio funciona como dormitorio, comedor y ahora también como oficina improvisada. Sus herramientas son básicas: un teléfono móvil, un trípode con luz y una pequeña mesa plegable donde apoya el dispositivo.
Sus vídeos suelen empezar con una frase directa: “Acompáñenme a un día de trabajo siendo una persona migrante en España”. A partir de ahí muestra la rutina completa. Se la ve levantarse temprano, preparar café, caminar hasta la estación y tomar el tren hacia las casas donde trabaja limpiando o cuidando a personas mayores.
Esos empleos le permiten ganar el salario mínimo, unos 1.184 euros mensuales. Mientras trabaja o regresa a casa también comenta el cansancio acumulado, los mensajes que recibe de seguidores y el proceso para regularizar su situación en el país.
En menos de un año como creadora de contenido, Orellana ha reunido más de 62.000 seguidores en Instagram y más de 17.000 en TikTok. Según explica, dedica alrededor de dos horas al día a pensar, grabar y editar sus vídeos.
Su presencia en redes sociales ganó visibilidad tras una entrevista en el programa Espejo Público, de Antena 3, donde fue presentada como “influencer de la pobreza”. Orellana sostiene que su mensaje fue tergiversado durante la emisión.
Según su versión, mientras hablaban de su contenido el programa mostró imágenes de personas recibiendo ayuda de organizaciones de caridad. Ella asegura que esa representación no refleja su situación. El medio intentó obtener la versión del programa, pero no recibió respuesta.
Tras ese episodio, la creadora decidió enfocar más su contenido en explicar cuestiones prácticas de la vida migrante. Habla de los pasos para conseguir un permiso de trabajo, de las dificultades para alquilar una vivienda o de las razones que la llevaron a salir de Honduras.
Orellana resume así su motivación: “Muchas veces se habla de los inmigrantes con muchos prejuicios, desde una visión negativa. Dicen que los inmigrantes vienen aquí a aprovecharse, a vivir de ayudas, que no quieren trabajar… y realmente no venimos a aprovecharnos, venimos a trabajar, a esforzarnos”.
Más voces que cuentan la migración
El caso de Orellana no es aislado. En distintos países, creadores latinoamericanos están utilizando las redes sociales para construir su propia narrativa sobre la experiencia migratoria.
En España también publica vídeos Ana María Pulido, creadora colombiana que comparte en TikTok una serie titulada Diarios de una Migrante. En esos clips habla de los retos emocionales que ha vivido durante su proceso migratorio.
También muestra escenas de su emprendimiento de comida colombiana. Entre una receta y otra explica las dificultades para encontrar vivienda o los momentos de incertidumbre que suelen acompañar la llegada a un país nuevo.
Más al norte de Europa, el colombiano Juan Correa reúne a cientos de miles de seguidores en Facebook e Instagram. Sus vídeos mezclan humor y experiencias personales.
A través de pequeñas actuaciones y escenas cotidianas en Alemania habla de los choques culturales, del aprendizaje del idioma y de la crianza de su hija en un entorno distinto al de su país de origen. En otras publicaciones adopta un tono más crítico y cuestiona algunos estereotipos asociados a los colombianos en Europa.
En América Latina también existen ejemplos similares. La cubana Anarelys Abascal comparte su vida como migrante en Costa Rica con cientos de miles de seguidores.
En sus vídeos muestra cómo construye su nuevo hogar en San José, prepara comida o compara ingredientes de la cocina costarricense con los de Cuba. Otra parte de su contenido consiste en leer mensajes de apoyo que recibe de usuarios de diferentes países.
Historias que generan interacción
El uso de redes sociales por parte de personas migrantes también ha sido analizado en distintos estudios académicos. Una investigación del Mixed Migration Center examinó comunidades digitales vinculadas a rutas migratorias hacia Norteamérica y analizó el tipo de contenido que genera más interacción.
El informe señala que los mensajes que relatan experiencias personales suelen concentrar gran parte de los comentarios y reacciones. En muchos casos se trata de publicaciones donde los usuarios cuentan cómo fue su viaje, qué obstáculos encontraron o qué consejos darían a otros migrantes que están empezando el proceso.
Los investigadores observaron que una pequeña parte del contenido concentra la mayor interacción en las plataformas. Dentro de ese grupo destacan los relatos de experiencias migratorias y los mensajes de apoyo entre usuarios que comparten situaciones similares.
Investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Chile encontraron conclusiones parecidas en un estudio sobre la diáspora venezolana en TikTok. Según ese análisis, muchos migrantes utilizan estas plataformas para mantener su identidad cultural, crear comunidad y construir redes de apoyo.
Ese papel informativo también se ha hecho visible recientemente en España. Tras la aprobación de una medida para regularizar a alrededor de medio millón de personas migrantes, creadoras como Orellana y Pulido dedicaron varios vídeos a explicar el proceso y responder preguntas de sus seguidores.
Esta vez el contenido no mostraba solo la rutina diaria. Los vídeos se centraban en algo más concreto: explicar los pasos necesarios para conseguir un permiso de trabajo y, con él, la posibilidad de acceder a una vivienda propia.
