Los CEOs se ponen al frente de la inteligencia artificial para pensar en el futuro de sus empresas

Durante años, la inteligencia artificial sonaba lejana. Era algo casi futurista, que sonaba bien, pero pocas empresas pensaban que fuese algo que pudiesen aprovechar. Hoy eso ha cambiado. Cada vez más empresas están tratando la IA como una inversión importante, ya no tanto pensando en el futuro, sino para no quedarse atrás en el presente. Y esta decisión no viene del departamento de informática, viene de los CEOs.

Un informe reciente de Boston Consulting Group (BCG) muestra que las empresas planean gastar mucho más en inteligencia artificial en los próximos años. De hecho, la inversión prevista para 2026 es el doble que la actual. No porque esté de moda, sino porque muchas compañías no quieren quedarse al margen.

Los CEOs ya no miran desde fuera

Antes, la inteligencia artificial solía quedarse en manos de los equipos técnicos. Ahora ha subido un escalón. Cada vez más CEOs quieren entender qué se hace con ella y para incorporarla a sus estrategias de liderazgo. La razón es simple: la IA ya no se ve como un experimento, es una prioridad en la estructura del negocio. Sirve para establecer cómo funciona el negocio y cómo debe trabajar cada departamento. Es fundamental para la toma de decisiones. 

Por eso, según el estudio de BCG que se basó en la respuesta de 2360 directivos de 16 países, más de la mitad de los altos ejecutivos están optando por tomar las riendas de esta herramienta, pues la forma de usarla y sus resultados les afectan directamente a ellos. 

Invertir sí, pero cada uno a su manera

No todas las empresas están haciendo lo mismo. Algunas avanzan despacio, probando poco a poco (los “followers” que son alrededor del 15% según el BCG). Un gran porcentaje, las que el estudio designa como “pragmatists” porque van a lo práctico, solo apuestan por lo que ya da resultados. Y hay unas pocas que se lanzan con más fuerza, las “trailblazersinvierten más dinero y se esfuerzan en cambiar de verdad la forma de trabajar.

La gran diferencia está en las personas. Las empresas más decididas (“trailblazers”) están gastando buena parte del presupuesto en formar a sus equipos. Saben que la inteligencia artificial no sirve de mucho si la gente no sabe usarla o no confía en ella. También son las que más apuestan por sistemas capaces de hacer tareas completas, sin tantos pasos intermedios.

España va con calma, pero sin frenar

En España, la mayoría de las empresas opta por un punto intermedio. Ni se lanzan sin red ni se quedan quietas. Avanzan con cuidado, buscando que cada paso tenga sentido. Esto muestra una forma de hacer las cosas más prudente, pero también deja la duda de si este ritmo es suficiente para destacar frente a otros países que están yendo más rápido.

Aun así, hay algo claro: casi nadie quiere dar marcha atrás. Aunque los resultados no se vean de inmediato, la mayoría prefiere ajustar el camino antes que abandonar la inversión. La inteligencia artificial ya no se ve como una promesa bonita, sino como un proceso largo, con errores y aprendizajes, que puede cambiar de verdad la forma de trabajar con el tiempo. La inteligencia artificial ha dejado de ser una idea futurista. Está aquí, se está pagando con dinero real y esto se está decidiendo desde lo más alto de las empresas.

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