Jordi Wild ha aprovechado el último episodio de su videopodcast para acabar con los rumores que venían creciendo porque, últimamente, en todas su apariciones llevaba gorra. Y sí, muchos habían acertado: Jordi Wild se sometió a una cirugía de injerto capilar. Pero la historia no se queda solo en eso. El youtuber, y uno de los creadores de contenido más conocidos de España, ha contado toda su experiencia y la barrera legal que se encontró cuando pensaba compartir públicamente su injerto capilar.
Una colaboración que no llegó a serlo
La idea inicial surgió como muchas otras para este tipo de figuras públicas del mundo digital. Una clínica se puso en contacto con Jordi para ofrecerle un injerto capilar a cambio de contar su experiencia, es decir, a cambio de publicidad.
Él cuenta que en un primer momento rechazó la propuesta. No sentía una preocupación real por su pelo y, además, el proceso le generaba más pereza que interés. Pasó el tiempo y cuando tenía menos carga de trabajo volvió a plantearse la opción, ya que podía hacerlo con calma.
Al retomar el contacto con la clínica de la primera propuesta la colaboración ya no estaba disponible, por lo que contactó con otras. Una de ellas aceptó y se empezó a preparar todo como una colaboración transparente. Jordi asegura que tenía claro que solo aceptaría si podía contar su experiencia real, sin mentiras, tanto si fuese buena como si no. La campaña de publicidad se cerró. Se hicieron pruebas médicas, se definió una intervención y se ajustó su agenda para el procedimiento. Todo estaba listo.
El aviso legal que lo cambió todo
Según cuenta, solo cinco días antes de la operación su abogado le advirtió que no podía hacerlo. Ya que la legislación española no permite que figuras públicas de gran alcance promocionen intervenciones médicas que implican cirugía. No importaba que se avisara de que era publicidad, ni que el mensaje fuera honesto.
La noticia le obligó replantearlo todo. Jordi confiesa que dudó si seguir adelante o cancelarlo todo. No había presión estética detrás, en este caso lo hacía porque se le había presentado la oportunidad. Y ahora que las condiciones cambiaban, no sabía si seguir adelante.
Sí, Jordi decidió hacerse el injerto, pero pagando el tratamiento de su propio bolsillo y sin ningún acuerdo publicitario. En su historia ni hay mensajes promocionales, ni contenido pactado:
“No puedo decir, es que no me atrevo a decir [dónde]. Lo diría, pero solo falta que ahora me multen por no hacer una promo, no habiendo cobrado” lamentó.
Una posible campaña de publicidad se ha quedado en anécdota gracias a que la ley en España marca límites claros cuando se trata de salud. Incluso los creadores más conocidos deben ajustarse a unas normas que están hechas para proteger a la audiencia.

