Kreios Space ha seleccionado a Kongsberg NanoAvionics para aportar la plataforma de un microsatélite con el que probará su sistema de propulsión eléctrica atmosférica en órbita terrestre muy baja. La startup española quiere validar una tecnología conocida como ABEP, diseñada para permitir que un satélite respire, capture partículas de la atmósfera residual y las use como propelente. La misión utilizará una plataforma MP42 de NanoAvionics, de unos 200 kilos, y también integrará una carga óptica cuyo proveedor no se ha anunciado.
La importancia técnica está en la altitud: operar entre 300 y 150 kilómetros puede mejorar la observación terrestre, pero obliga a vencer una resistencia atmosférica constante. En una órbita convencional, el satélite puede mantenerse durante más tiempo con menos correcciones. En VLEO, la cercanía a la Tierra permite obtener imágenes más nítidas o señales de mejor calidad, pero el rozamiento lo frena y termina arrastrándolo si no cuenta con propulsión continua.
Kreios Space quiere demostrar que su motor ABEP puede sostener misiones de larga duración en ese entorno. La idea no es llevar un gran depósito de combustible, sino aprovechar moléculas de aire muy dispersas que todavía existen a esas alturas. Si funciona, la tecnología podría abrir misiones de observación más baratas, con menor latencia y con satélites que, al terminar su vida útil, reentren de forma natural en la atmósfera.
La empresa y NanoAvionics no han comunicado una fecha definitiva de lanzamiento. Sí han explicado que la misión servirá para validar el propulsor, medir el entorno orbital y capturar imágenes de resolución submétrica en visible e infrarrojo cercano. Esa combinación de prueba tecnológica y demostración de uso comercial es relevante, porque los clientes no compran solo una promesa de ingeniería. Quieren saber qué datos puede producir el sistema y cuánto mejora frente a alternativas actuales.
Para el ecosistema español, Kreios representa una categoría de deep tech poco frecuente: espacio, propulsión y defensa potencial en una misma hoja de ruta. La compañía, fundada en 2021, ya había ganado visibilidad por su ambición de acercar satélites a la Tierra más de lo habitual. La colaboración con NanoAvionics añade un socio industrial con experiencia en integración de pequeños satélites, pruebas de sistema y puesta en servicio en órbita.
El mercado de observación terrestre está creciendo por demanda de agricultura de precisión, vigilancia marítima, gestión de desastres, seguridad y análisis climático. Pero también está saturado de constelaciones que prometen más resolución y más frecuencia de paso. En ese contexto, la ventaja de VLEO sería ofrecer datos de mayor calidad sin depender únicamente de ópticas más grandes o satélites más costosos.
La dificultad está en convertir una prueba orbital en una tecnología repetible. Los motores deben funcionar en condiciones extremas, la captación de aire tiene límites físicos y cada misión necesita equilibrio entre masa, energía, óptica y comunicaciones. Además, cualquier propuesta vinculada a capacidades de observación y defensa exige una conversación cuidadosa sobre clientes, jurisdicciones y control de exportaciones.
Si la misión valida la propulsión, Kreios podría colocarse en una posición atractiva dentro de la nueva carrera por órbitas más cercanas, sostenibles y útiles para aplicaciones de alto valor. España no cuenta con muchas empresas capaces de competir en esa capa profunda de la industria espacial. Por eso, el acuerdo no es solo una noticia de proveedor, sino un paso concreto para medir si una tecnología nacida aquí puede abrir una categoría orbital propia.
