Kairos Power ha incorporado a Samsung C&T como socio para construir Hermes 2, el reactor nuclear de demostración de 50 megavatios vinculado al acuerdo energético con Google. Según TechCrunch, Samsung aportará inversión y servicios de ingeniería por un valor de hasta 100 millones de dólares. De esa cifra, 70 millones corresponderían a inversión en equity, de acuerdo con la explicación de la compañía al medio.
La operación conecta tres piezas de la nueva economía de la IA: grandes tecnológicas que necesitan energía firme, startups nucleares que prometen diseños más rápidos y empresas industriales capaces de ejecutar proyectos complejos. Samsung C&T ha participado en la construcción de alrededor de una docena de reactores en distintos países, una experiencia valiosa en un sector donde los plazos y sobrecostes suelen ser el principal riesgo.
La energía se ha convertido en un cuello de botella estratégico para la IA, y Google está comprando opciones antes de que la escasez sea aún más visible. El acuerdo original con Kairos, firmado en 2024, contemplaba reactores capaces de generar alrededor de medio gigavatio hacia 2035.
Hermes 2 será un reactor de alta temperatura refrigerado por sales de fluoruro. Este diseño busca operar con menor presión que los reactores convencionales, lo que puede reducir ciertos riesgos mecánicos. Kairos también utiliza combustible TRISO, pequeñas partículas de uranio encapsuladas en capas cerámicas y de carbono, diseñadas para resistir temperaturas elevadas y mejorar la contención del material nuclear.
La compañía recibió aprobación de la Nuclear Regulatory Commission a finales de 2024 para construir sus reactores en Oak Ridge, Tennessee. Hermes 1 funciona como demostrador de baja potencia para refinar el diseño comercial, mientras que Hermes 2 será el primer reactor a escala comercial de la empresa. La meta es que empiece a operar en 2030.
El calendario es ambicioso incluso para la industria nuclear, donde cinco años pueden parecer poco para licenciar, construir y poner en marcha nueva tecnología. Por eso la entrada de Samsung no es solo financiera. También puede aportar capacidad de ingeniería, compras, gestión de obra y disciplina de proyecto.
Para Google, la apuesta responde a un problema básico: los centros de datos de IA necesitan electricidad constante, no solo energía renovable cuando sopla viento o hay sol. La nuclear avanzada promete una fuente baja en carbono y más predecible, aunque todavía debe demostrar costes, seguridad, aceptación pública y capacidad de fabricación repetible.
La noticia también interesa a Europa. Si la IA empresarial requiere energía firme y limpia, países con debate nuclear cerrado pueden quedar limitados frente a regiones que combinen renovables, almacenamiento y nuevas fuentes de base. España, por su parte, tendrá que decidir cómo quiere atraer centros de datos sin tensionar red, agua y objetivos climáticos.
Kairos y Google están probando una idea que marcará la década: el crecimiento digital dependerá cada vez más de acuerdos industriales fuera del software. El futuro de la IA no se decide solo en chips y modelos. También se decide en permisos nucleares, materiales, contratistas y confianza pública.
