IOVI, empresa tecnológica nacida en Gelves, Sevilla, está llevando la visión artificial inteligente a un terreno donde la IA tiene menos margen para fallar: la inspección industrial. Su producto principal, INESCUBE, combina modelos de IA, óptica de precisión, visión 3D, captura multiespectral y hardware embebido para detectar anomalías, automatizar controles y mejorar procesos en fábricas, almacenes y plantas agroalimentarias.
La propuesta de IOVI encaja con una tendencia clara: las empresas industriales quieren IA que mida, vea y actúe sobre problemas físicos, no solo asistentes conversacionales. En una línea de producción, eso puede significar identificar una pieza defectuosa antes de que llegue al embalaje o revisar la calidad de un alimento sin depender solo de muestreos manuales.
La compañía, constituida como INES OPTICS S.L., nació en 2018 impulsada por José Amador y hoy está liderada por Daniel Kumpel como CEO. El equipo reúne perfiles de IA, visión artificial, ingeniería, software, producto y negocio, una mezcla necesaria cuando el software tiene que convivir con cámaras, sensores, iluminación industrial y procesos que ya existen dentro del cliente.
IOVI trabaja con un modelo B2B basado en tecnología y software propios, integrados con hardware de terceros cuando el proyecto lo requiere. Esa combinación le permite empaquetar soluciones como INESCUBE PROTECT, INESARC, INESCUBE SURFACE y ALERT, con la ambición de convertir desarrollos a medida en productos repetibles para sectores concretos.
El reto para este tipo de deep tech española no está solo en entrenar modelos, sino en demostrar que cada instalación reduce errores, desperdicio o tiempo operativo. Una pyme industrial no compra IA por moda; la compra si el sistema detecta fallos que antes pasaban inadvertidos o libera a personal cualificado de revisiones repetitivas.
La empresa llega además a una fase de visibilidad relevante. IOVI figura entre las finalistas de Al Andalus Innovation Venture, el foro de scaleups, inversión e innovación abierta que se celebrará los días 22 y 23 de septiembre de 2026 en Sevilla. Para una compañía con origen andaluz, ese escaparate puede abrir conversaciones con corporaciones industriales e inversores especializados.
En lo financiero, IOVI combina financiación privada y pública orientada a tecnología e I+D. Ha participado en proyectos como ELISA y DRONSTORE, y ha obtenido apoyo NEOTEC para INESCUBE PROTECT, una señal de que la compañía ha buscado madurar producto antes de escalar comercialmente.
Las cifras apuntan a una empresa todavía pequeña, pero con crecimiento visible. En 2025 alcanzó una facturación de 1.086.526 euros y para 2026 prevé llegar a 2.300.000 euros, más del doble que el ejercicio anterior. En el mercado español, donde muchas startups industriales tardan años en convertir pilotos en ingresos recurrentes, ese dato es especialmente relevante.
Si IOVI consigue transformar sus casos de uso en productos industrializables, puede ocupar un espacio valioso entre la automatización clásica y la nueva ola de IA aplicada a entornos físicos. Ahí competir no depende solo del modelo, sino de entender la fábrica, el dato visual y el coste real de parar una línea.
El punto de atención para clientes e inversores estará en la repetibilidad. Cuanto menos dependa cada despliegue de integración manual, más cerca estará IOVI de escalar fuera de proyectos individuales.
