Insight Partners está defendiendo una estrategia de inversión diversificada en plena fiebre por OpenAI y Anthropic. Deven Parekh, codirector de la firma durante 26 años, explicó en una entrevista con TechCrunch que el capital riesgo corre el riesgo de concentrarse demasiado en unos pocos laboratorios de inteligencia artificial. Insight tiene participaciones en OpenAI y Anthropic, pero evita que una sola apuesta determine el resultado de todo un fondo.
La conversación llega en un momento de tensión para los inversores tecnológicos. Los grandes laboratorios absorben rondas gigantescas, generan retornos sobre el papel y empujan a otros fondos a entrar por miedo a quedarse fuera. Parekh señaló que algunos fondos están levantando vehículos donde entre el 35% y el 40% del capital iría a una de esas dos compañías. Para un sector construido sobre carteras amplias, es un cambio fuerte.
La advertencia de Insight importa porque llega desde dentro del sistema que está financiando la expansión de la IA. No es una crítica externa al capital riesgo. Es la lectura de una firma con 90.000 millones de dólares bajo gestión y experiencia en ciclos de software, crecimiento y salidas a bolsa.
Parekh también puso el foco en las valoraciones. En su visión, las rondas se están moviendo tan rápido que los inversores pagan precios más altos sin recibir mucha información nueva sobre riesgo, ingresos o adopción. En un mercado normal, una ronda posterior debería reflejar más datos y menos incertidumbre. Cuando el precio sube casi por impulso, la ecuación cambia.
Para startups españolas y europeas, esta discusión tiene una lectura útil: no todo el capital disponible irá a modelos fundacionales. Hay oportunidades en verticales, herramientas de seguridad, infraestructura, IA aplicada a sectores regulados y automatización operativa. La concentración en los gigantes puede dejar huecos para empresas que resuelvan problemas concretos con mejor distribución de riesgo.
Insight sostiene que el talento se ha vuelto más global, aunque la infraestructura de IA sigue muy concentrada en San Francisco. Parekh citó verticales como servicios financieros, donde Nueva York pesa más, y recordó que la IA vertical puede ser geográficamente más diversa que la carrera por chips, modelos y clusters. Esa distinción favorece ecosistemas que no compiten directamente por entrenar el modelo más grande.
La firma también mira con cautela la llamada IA física. Robótica e inteligencia aplicada al mundo real pueden convertirse en negocios enormes, pero todavía implican apuestas sobre adopción, costes, seguridad y plazos. El entusiasmo inversor por robots no elimina la dificultad de vender hardware, mantenerlo y hacerlo funcionar en entornos impredecibles.
El mensaje de fondo es financiero. Los fondos necesitan devolver dinero a sus partícipes, no solo acumular valoraciones privadas. Parekh defendió vender parte de posiciones ganadoras para reducir riesgo y demostrar liquidez. En un mercado con IPOs esperadas de empresas de IA, esa disciplina puede marcar la diferencia entre retorno real y euforia contable.
La IA puede producir ganadores extraordinarios, pero el capital riesgo sigue necesitando cartera, paciencia y salidas. La tesis de Insight no niega la fuerza de OpenAI o Anthropic. Recuerda que incluso las mejores historias pueden encarecerse hasta exigir una perfección difícil de cumplir.
