Google compra energía para su IA: Alphabet paga 4.750 millones para no quedarse a oscuras

Alphabet ha dado un paso contundente para asegurar algo que hoy vale casi tanto como los chips: energía estable y a gran escala. La matriz de Google ha acordado la compra de Intersect Power por 4.750 millones de dólares en efectivo, además de asumir su deuda, en una operación pensada para sortear uno de los grandes cuellos de botella del auge de la inteligencia artificial. La transacción, anunciada este lunes, no es solo una compra corporativa. Es una señal clara de hacia dónde se mueve la competencia tecnológica.

La lógica es simple. Los modelos de IA consumen cantidades masivas de electricidad, tanto para entrenarse como para operar. Y las redes eléctricas, especialmente en Estados Unidos, no están preparadas para absorber de golpe esa demanda. Alphabet quiere evitar retrasos, subidas de costes o dependencias externas. Comprar generación y desarrollo energético propio es la forma más directa de hacerlo.

Intersect Power no es una desconocida para Google. Alphabet ya era accionista minoritario tras liderar, junto a TPG Rise Climate, una ronda estratégica de 800 millones de dólares el pasado diciembre. Aquella inversión fijaba un ambicioso plan de 20.000 millones de dólares hasta 2030 para desarrollar infraestructura energética ligada a centros de datos. Ahora, la compra total acelera ese plan y coloca el control directamente en manos de Google.

Energía antes que servidores

La clave de la operación no está solo en producir electricidad limpia, sino en coordinar generación y consumo desde el diseño. Intersect Power desarrolla lo que denomina “data parks”: complejos donde los centros de datos se levantan junto a instalaciones solares, eólicas y sistemas de baterías. El objetivo es claro. Reducir dependencia de la red y evitar esperas de años para nuevas conexiones eléctricas.

En la práctica, esto permite a Google desplegar capacidad de cómputo cuando la necesita. Por ejemplo, un nuevo clúster para entrenar modelos de lenguaje o ejecutar servicios en la nube puede planificarse al mismo tiempo que su suministro energético. Sin intermediarios. Sin cuellos de botella administrativos.

Los primeros de estos parques están previstos para finales del próximo año, con un despliegue progresivo hasta 2027. Es un calendario alineado con el crecimiento previsto de la demanda de IA, tanto en consumo interno como en servicios para terceros.

No todo entra en la compra

Un detalle relevante es que la adquisición excluye los activos ya operativos de Intersect Power. Esos proyectos en funcionamiento serán adquiridos por otros inversores y gestionados de forma independiente. Alphabet se queda con lo que más le interesa estratégicamente: el pipeline de desarrollo futuro.

Esto reduce riesgos operativos y permite a Google centrarse en diseñar infraestructuras pensadas específicamente para sus necesidades de cómputo. Es una apuesta a largo plazo, no una compra para mejorar resultados a corto.

Un movimiento defensivo y ofensivo

Aunque Google será el principal usuario de estos complejos, los data parks están concebidos como parques industriales abiertos. Podrán albergar también chips de IA de terceros. Esto no es un gesto altruista. Es una forma de posicionarse como nodo central de la infraestructura que otros necesitarán.

La operación debe cerrarse en la primera mitad del próximo año, pendiente de las aprobaciones regulatorias habituales. Pero el mensaje ya está lanzado al mercado. En la carrera de la IA, no basta con diseñar mejores algoritmos. Hay que garantizar la energía que los hace funcionar.

La guerra invisible de la IA

Durante años, la atención se ha centrado en GPUs, modelos fundacionales y talento. Hoy, el foco se desplaza hacia algo menos glamurizado pero igual de crítico. Electricidad. Terreno. Conexiones. Capacidad de despliegue.

Empresas como Microsoft, Amazon o Meta también están explorando acuerdos energéticos directos y soluciones fuera de la red tradicional. Alphabet, con esta compra, se adelanta y asegura una ventaja estructural. No dependerá de que una utility local pueda atender su crecimiento. Tampoco de negociaciones largas con reguladores energéticos.

La pregunta de fondo es incómoda pero necesaria. ¿Qué ocurre cuando la innovación depende de infraestructuras que no crecen al mismo ritmo? Alphabet ha decidido no esperar a la respuesta. Ha comprado la solución.

En un momento en el que la inteligencia artificial redefine sectores enteros, la operación con Intersect Power revela una verdad que muchos prefieren ignorar: el futuro digital también se decide en subestaciones, placas solares y baterías. Y quien controle esa base, tendrá una ventaja difícil de replicar.

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