Los mercados han empezado la semana con un cambio de tono. El petróleo cae con fuerza y las bolsas europeas avanzan ante la posibilidad de que Estados Unidos e Irán alcancen un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz. La negociación todavía no da por cerrada la crisis, pero sí reduce parte de la tensión sobre una de las rutas energéticas más importantes del mundo.
El barril de Brent se mueve por debajo de los 98 dólares, con un descenso superior al 5%. El West Texas, referencia en Estados Unidos, también baja con fuerza y se sitúa en el entorno de los 92 dólares. La reacción llega después de casi tres meses de conflicto y de un bloqueo que ha limitado el paso por Ormuz, una vía por la que antes de la escalada circulaba cerca del 20% del petróleo y el gas que consume el mundo.
Los mercados descuentan un pacto, aunque Ormuz sigue sin desbloquearse
El optimismo procede de las señales llegadas desde Washington durante el fin de semana. Según las informaciones disponibles, Estados Unidos e Irán estarían cerca de pactar una reapertura gradual del estrecho, aunque todavía quedan puntos relevantes por cerrar y la aprobación final podría demorarse varios días.
Desde Irán, la agencia Tasnim ha rebajado las expectativas al señalar que el borrador aún podría fracasar por desacuerdos en cuestiones como la descongelación de activos de Teherán. Donald Trump también ha enfriado la posibilidad de un anuncio inmediato, aunque su Administración considera que el pacto podría llegar en los próximos días.
La cautela es clave. Los analistas de ING recuerdan que ya hubo avances parecidos durante el conflicto y que las conversaciones terminaron rompiéndose. Por eso, el mercado reacciona con fuerza, pero sin dar por garantizado el desenlace. ¿Será esta vez diferente? La respuesta dependerá de los detalles que se cierren en las próximas jornadas.
El Brent se aleja de los 120 dólares tras semanas de presión
El petróleo se había convertido en el principal termómetro de la guerra. Tras el ataque sobre Irán y el cierre del estrecho, el Brent se mantuvo durante semanas cerca o por encima de los 100 dólares. En los momentos de mayor tensión, llegó incluso a rozar los 120 dólares por barril.
La caída actual supone un alivio para empresas, consumidores y bancos centrales. Aun así, el crudo acumula todavía una subida cercana al 50% desde el inicio del conflicto, una cifra que muestra el impacto de la tensión en Oriente Medio sobre las previsiones de inflación y crecimiento.
El gas natural negociado en Europa también baja, aunque con menos intensidad. Su precio retrocede alrededor de un 1,5%, hasta los 46,8 dólares, según los datos recogidos. El movimiento es menor que el del petróleo, pero apunta en la misma dirección: el mercado empieza a descontar menos presión energética.
Las bolsas europeas aprovechan el alivio energético
El cambio en las materias primas ha impulsado a los índices europeos. El Ibex 35 avanza en torno al 1,3% y el EuroStoxx 50 sube alrededor del 1,1%, en una sesión marcada además por el cierre de Wall Street por festivo.
La bolsa europea intenta acercarse de nuevo a sus máximos. El EuroStoxx 50 se mantiene a menos de un 2% de sus niveles más altos del año e históricos, después de varias semanas moviéndose entre los 5.750 y los 6.075 puntos. Ese rango refleja un equilibrio todavía abierto entre compradores y vendedores.
Mientras el índice europeo conserve los 5.750 puntos, el escenario seguiría siendo favorable para un nuevo intento de ataque a la zona de máximos. Si pierde ese nivel, aumentaría el riesgo de una corrección más amplia hacia el entorno de los 5.300 puntos.
La reapertura de Ormuz no resolvería el problema de inmediato
Aunque el petróleo ya descuenta parte del posible acuerdo, la situación operativa sigue siendo complicada. El estrecho de Ormuz continúa cerrado y el bloqueo ha impedido la exportación de más de 10 millones de barriles diarios. Esa situación ha obligado a detener parte de la producción en el Golfo Pérsico.
La reapertura tampoco normalizaría el mercado de un día para otro. Quedaría pendiente ordenar el tráfico marítimo de cerca de mil buques atrapados en el Golfo Pérsico, reactivar instalaciones paralizadas y reparar infraestructuras dañadas durante la guerra.
También habría que reconstruir reservas. Los expertos advierten de que el mercado podría tardar meses, e incluso más de un año, en recuperar la normalidad después del uso intensivo de reservas mundiales para compensar la falta de combustible procedente de la región.
La presión económica empuja a Washington y Teherán
El acercamiento llega en un momento de desgaste para ambas partes. Irán afronta dificultades para exportar su petróleo por el bloqueo del estrecho. Estados Unidos, por su parte, sufre el encarecimiento de la gasolina y del coste de la vida. La gasolina supera los 4,5 dólares por galón, su nivel más alto desde el año 2022, después de dispararse desde el inicio de la guerra.
La tensión también se ha trasladado al mercado de deuda estadounidense. El rendimiento del bono a 30 años ha superado el 5,1%, máximos desde 2007, mientras el bono a 10 años cotiza cerca del 4,5%. Esa presión aparece en un momento delicado, ya que Estados Unidos necesita financiar un déficit creciente, agravado por la factura de la guerra.
El oro repunta y el dólar pierde apoyo
El posible avance diplomático también ha movido otros activos. La onza de oro supera los 4.560 dólares, recuperando parte del terreno perdido la semana anterior. La posibilidad de que vuelva a fluir petróleo desde Oriente Medio reduce las expectativas de inflación global y debilita al dólar, lo que favorece a los metales preciosos.
Con todo, el oro sigue lejos de sus máximos históricos, situados en torno a los 5.415 dólares por onza, y acumula una caída superior al 10% desde el inicio del conflicto. El mercado se mueve ahora entre dos fuerzas: el alivio por un posible acuerdo y el recuerdo de negociaciones anteriores que terminaron sin resultado.
Los próximos días serán decisivos. Si Estados Unidos e Irán consiguen desbloquear Ormuz, el petróleo podría consolidar su caída y Europa tendría más margen para acercarse a máximos. Si el pacto se vuelve a encallar, la presión energética regresará al centro de la economía mundial.
