El autoconsumo solar avanza en bares y comercios pese al freno burocrático

El autoconsumo solar en España avanza, pero no de forma homogénea. En 2025 se ha consolidado una brecha clara entre segmentos. Mientras las instalaciones en viviendas retrocedieron un 15% en el tercer trimestre respecto al anterior, bares, talleres y pequeños comercios aumentaron sus proyectos un 25%, convirtiéndose en el principal motor del sector en el último año.

Este giro no es casual. Las micropymes están sosteniendo la inversión en un contexto de enfriamiento del mercado residencial y de mayor cautela de los hogares. Desde la Unión Española Fotovoltaica, su director general, José Donoso, resume la situación con una idea clara: el autoconsumo comercial avanza pese a una maraña administrativa y a unos incentivos que siguen sin acompañar del todo.

La diferencia entre ambos mundos explica buena parte del fenómeno. En un bar o un comercio, la electricidad se consume durante el día, justo cuando los paneles producen más energía. En una vivienda, en cambio, el pico de consumo suele llegar por la tarde o la noche. Ese simple detalle acorta o alarga años la amortización de una instalación.

Donde cuadran mejor los números

El autoconsumo no es una cuestión ideológica para los pequeños negocios. Es una decisión económica. Un taller mecánico, una panadería o un supermercado de barrio concentran buena parte de su gasto eléctrico en horario solar. Eso permite reducir la factura desde el primer mes y amortizar la inversión en menos tiempo que en el ámbito doméstico.

Este patrón explica por qué las nuevas instalaciones se concentran en potencias bajas y medias, las más habituales en locales profesionales. No son grandes plantas ni proyectos complejos. Son sistemas pensados para autoconsumir casi toda la energía generada, sin depender en exceso de compensaciones por excedentes.

Objetivos lejanos y presión creciente

El empuje de las pymes no oculta un problema de fondo. España sigue lejos de sus propias metas. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima fija 19 gigavatios de autoconsumo para 2030, pero la potencia instalada apenas supera hoy los 8 gigavatios. A este ritmo, el sector avanza, sí, pero no lo suficiente.

Esa distancia mantiene la presión tanto sobre las empresas como sobre las administraciones. La fotovoltaica es ya la forma más barata de generar electricidad en el país, pero el despliegue no depende solo del coste de los paneles. Depende, sobre todo, del tiempo y la incertidumbre que rodean cada proyecto.

La burocracia como freno estructural

El principal cuello de botella sigue siendo administrativo. Trámites distintos según la comunidad autónoma, plazos difíciles de prever y requisitos que cambian según el municipio. Para una pyme, esto se traduce en meses de espera y costes indirectos que pueden echar atrás una inversión viable sobre el papel.

El sector reclama medidas concretas y repetidas desde hace años:

  • Homogeneizar los procedimientos en todo el territorio.
  • Ampliar la exención de permisos de acceso y conexión hasta 15 kW, una potencia habitual en comercio minorista.
  • Extender la tramitación y la compensación simplificada a instalaciones de hasta 500 kW.

No son demandas nuevas. Son ajustes pensados para reducir fricción, no para crear privilegios.

El horizonte normativo de 2026

La mirada del sector está puesta ahora en el próximo real decreto de autoconsumo. De cara a 2026, se esperan cambios relevantes que podrían desbloquear parte del potencial retenido. Entre ellos, ampliar la distancia máxima entre generación y consumo de 2 a 5 kilómetros, una medida clave para proyectos compartidos o en polígonos industriales.

También se prevé la creación de la figura del gestor de autoconsumo y una mayor integración del almacenamiento distribuido. Las baterías permiten aprovechar mejor la energía generada y reducen la dependencia de la red, algo especialmente atractivo para negocios con consumo repartido a lo largo del día.

Ayudas que se acaban y desigualdad local

Las subvenciones han sido un catalizador decisivo en los últimos años, sobre todo las vinculadas a los fondos europeos Next Generation. Pero su ventana se cierra en el verano de 2026. A partir de ahí, el sector tendrá que sostenerse casi exclusivamente por rentabilidad pura.

A esto se suma la aplicación desigual de las bonificaciones fiscales locales. Algunos ayuntamientos ofrecen reducciones en el IBI o en el impuesto de construcciones. Otros no. El resultado es que dos negocios idénticos, separados por pocos kilómetros, pueden tener amortizaciones muy distintas.

Un avance real, pero incompleto

Con bares y comercios liderando el crecimiento y las viviendas pisando el freno, el autoconsumo solar sigue avanzando en España. No por moda. Por necesidad económica. Pero lo hace con una mano atada por trámites, plazos y normas que no siempre reflejan la madurez real de la tecnología.

La pregunta ya no es si el autoconsumo funciona. Funciona. La cuestión es cuánto más rápido podría crecer si el marco administrativo dejara de ser parte del problema. Porque si algo ha quedado claro en 2025 es que, cuando los números cuadran y los obstáculos se reducen, los paneles no tardan en llegar a los tejados.

No hay comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *