El empresario tecnológico Bryan Johnson, convertido en una de las caras visibles del movimiento por la longevidad, ha puesto precio a su método. Un millón de dólares al año. A cambio, promete acceso al “protocolo exacto” que asegura haber seguido durante los últimos cinco años para retrasar el envejecimiento.
El programa se llama “Immortals” y, según anunció el propio Johnson en la red social X, solo hay tres plazas disponibles. La propuesta incluye un equipo dedicado, acceso continuo a una inteligencia artificial denominada BryanAI, pruebas médicas exhaustivas y recopilación masiva de datos biológicos. También contempla seguimiento permanente, protocolos específicos para piel y cabello y acceso a terapias disponibles en el mercado.
Johnson, nacido en 1977, lleva años documentando públicamente sus experimentos para optimizar marcadores asociados a la edad biológica. Ha compartido datos sobre su frecuencia cardíaca en reposo, su porcentaje de grasa corporal o la calidad de su sueño, medidos con dispositivos de monitorización continua. Incluso hizo público que recibió transfusiones de sangre de su hijo adolescente como parte de su estrategia. Ese episodio generó un intenso debate científico y ético.
El enfoque combina medicina preventiva, análisis de datos y disciplina extrema. Por ejemplo, Johnson ha detallado rutinas diarias que incluyen horarios estrictos de sueño, dietas medidas al gramo y entrenamientos programados con precisión. Su mensaje es claro: el envejecimiento no es solo un destino, sino un proceso que se puede intervenir.
Para quienes no puedan asumir el millón anual, existe una modalidad más accesible llamada “supported tier” por 60.000 dólares al año. Además, Johnson comercializa productos vinculados a su marca personal, como aceite de oliva, dentro de su propuesta de estilo de vida orientada a la longevidad. El modelo combina servicios de alto nivel con productos de consumo asociados a su imagen.
La iniciativa no surge en el vacío. En los últimos años ha crecido el número de clínicas y startups centradas en la prevención avanzada y la optimización de la salud. Biograph, cofundada por John Hering, ofrece membresías que alcanzan los 15.000 dólares anuales en su modalidad más elevada. Otra compañía del sector, Fountain Life, ha captado 108 millones de dólares y fija una cuota anual de 21.500 dólares para su programa.
En este contexto, el millón de dólares de Johnson no es una cifra aislada, pero sí sitúa su propuesta en el extremo superior del mercado. Es un servicio diseñado para un grupo muy reducido de personas con gran capacidad económica. La longevidad, al menos en esta versión, se presenta como un producto premium.
Mientras algunos inversores tecnológicos hablan de futuros marcados por la inteligencia artificial general y avances biomédicos acelerados, la pregunta práctica es quién tendrá acceso a esas mejoras. Si el protocolo más exclusivo cuesta un millón anual, el acceso queda limitado a una élite.
Según lo anunciado, “Immortals” combina supervisión médica, análisis intensivo de datos y herramientas basadas en inteligencia artificial para replicar el régimen personal de Johnson. No se trata de un medicamento concreto, sino de un sistema integral de seguimiento y ajuste continuo.
El mercado decidirá si existe demanda suficiente para este nivel de servicio. Lo que ya es evidente es que la longevidad se ha convertido en un sector económico propio. Y en ese sector, algunos están dispuestos a pagar cifras que hace pocos años habrían parecido ciencia ficción.
