La Comisión Europea ha dado un paso poco habitual en su pulso con las grandes plataformas digitales. Bruselas acusa a TikTok de haber diseñado su aplicación para fomentar un uso compulsivo y le exige desactivar varias de sus funciones más populares. Entre ellas, el desplazamiento infinito, la reproducción automática de vídeos y el sistema de notificaciones push. No es un aviso genérico: el foco está en el propio diseño del producto.
Las conclusiones preliminares se publicaron este viernes como parte de una investigación abierta en el marco de la Digital Services Act (DSA). Según el Ejecutivo comunitario, TikTok no habría evaluado de forma adecuada cómo sus decisiones de diseño afectan al bienestar de los usuarios. El problema se agrava cuando se trata de menores y adultos considerados vulnerables, dos colectivos especialmente sensibles al consumo intensivo de contenidos.
Bruselas no se queda en lo teórico. En su análisis señala indicadores concretos de uso compulsivo que, a su juicio, la plataforma habría ignorado. Por ejemplo, el tiempo que muchos usuarios pasan conectados durante la noche o la frecuencia con la que abren la aplicación a lo largo del día. Son patrones que, según la Comisión, apuntan a un consumo automático más que a un uso consciente.
El núcleo de la crítica está en los llamados mecanismos de recompensa continua. Cada vídeo lleva al siguiente sin interrupciones. No hay un final claro. El usuario no decide tanto qué ver como cuándo parar. Para la Comisión, este diseño empuja a seguir deslizando la pantalla casi por inercia y refuerza hábitos difíciles de romper, especialmente entre los más jóvenes.
Por ese motivo, Bruselas va más allá de pedir ajustes superficiales. En sus conclusiones preliminares plantea cambios estructurales en la interfaz de TikTok. Entre las medidas mencionadas figuran la eliminación del scroll infinito, la introducción de pausas obligatorias tras cierto tiempo de uso y una revisión profunda del sistema de recomendaciones.
TikTok ha calificado las conclusiones de la Comisión como “categóricamente falsas”. La empresa asegura que utilizará todos los recursos a su alcance para impugnarlas. También recuerda que ya ofrece herramientas de control del tiempo de uso y funciones de control parental.
Sin embargo, para Bruselas esas herramientas no son suficientes. La Comisión considera que los límites de tiempo pueden desactivarse con facilidad y que apenas generan fricción real. En el caso de los controles parentales, el problema es distinto: requieren tiempo, conocimiento y una implicación constante por parte de las familias. En la práctica, muchos no los usan o no saben cómo configurarlos.
El expediente contra TikTok no surge en el vacío. Se inscribe en un clima de presión regulatoria creciente sobre las redes sociales, especialmente en lo que respecta a la protección de menores. En noviembre, Australia obligó a desactivar las cuentas de usuarios menores de 16 años. Otros países siguen caminos similares o los están estudiando. Reino Unido, España, Francia, Dinamarca, Italia y Noruega analizan restricciones adicionales. En Estados Unidos, más de veinte estados ya han aprobado leyes que exigen sistemas de verificación de edad.
La preocupación es compartida, aunque las respuestas varían. En algunos casos se limita el acceso. En otros, se refuerzan las obligaciones de diseño responsable. La investigación europea a TikTok se sitúa claramente en este segundo enfoque. No se trata solo de quién puede entrar, sino de cómo funciona la plataforma una vez dentro.
El caso adquiere mayor relevancia porque la DSA otorga a la Comisión herramientas sancionadoras de gran alcance. Si las conclusiones preliminares se confirman tras el proceso de alegaciones, TikTok podría enfrentarse a multas de hasta el 6 % de su facturación anual global. Para una empresa de ese tamaño, la cifra no es menor, aunque el impacto reputacional puede ser incluso más significativo.
TikTok dispone ahora de un plazo para responder formalmente y presentar sus argumentos. El desenlace marcará un precedente importante. No solo para la compañía, sino para el conjunto de plataformas que basan su crecimiento en maximizar el tiempo de permanencia del usuario. Bruselas parece dispuesta a cuestionar ese modelo desde su raíz.
