Bioflytech impulsa desde Galicia un proyecto europeo que une insectos e inteligencia artificial

Galicia empieza a imaginar una forma distinta de producir alimentos y recursos. No tiene que ver con vacas ni con pescado, sino con insectos. La protagonista de esta historia es la mosca soldado negra, un insecto pequeño pero que puede aportar mucho. De sus larvas se obtienen proteínas, grasas y fertilizantes que pueden usarse en la alimentación animal y en otros sectores muy variados y lo hacen de una forma más limpia y con menos residuos que los modelos tradicionales.

Un proyecto que nace en Galicia

El proyecto, conocido como IAPSI, está liderado por la empresa gallega Bioflytech, junto a su filial Alfaprogal. Desde Galicia lideran un proyecto europeo que busca mejorar la forma en la que se crían estas larvas, haciendo el proceso más controlado y más respetuoso con el medio ambiente.

La idea es aprovechar restos orgánicos para alimentar a las larvas y convertir ese proceso en productos útiles. De este modo se reduce el desperdicio, se cuidan los recursos y se abre la puerta a una actividad económica nueva, con idea de crecer y generar empleo local. Este modelo de negocio abre la puerta a una nueva actividad en la comunidad. Una alternativa que no sustituye lo que ya existe (la ganadería o el mar), más bien suma. 

Tecnología para cuidar cada detalle

Para que todo funcione bien, el proyecto incorpora sistemas inteligentes (IA, computación cuántica, IoT) que permiten observar todas las fases del proceso: cómo están creciendo las larvas, el ambiente o el uso de agua y energía.

Gracias a este control, el proceso se ajusta de forma automática para evitar desperdicios y reducir el impacto ambiental. No se busca producir sin límites, sino hacerlo de forma responsable, respetando el entorno. Estas granjas poco tienen que ver con la imagen tradicional del campo. Son espacios más controlados, donde cada paso se piensa aprovechar al máximo lo que se tiene. 

Trabajo en equipo para un cambio real

El proyecto cuenta con el apoyo del centro tecnológico ITG, que aporta su experiencia tecnológica en soluciones industriales, y de la Universidade da Coruña, cuyos grupos de investigación se encargan de revisar que todo se haga de forma correcta y respetuosa con el entorno. Y por otro lado, cuenta también con el respaldo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Agencia Estatal de Investigación y con parte de financiación de la Unión Europea.

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