Apple ha presentado una nueva estructura de comisiones para aplicaciones distribuidas en la Unión Europea, en otro intento de cerrar el frente abierto con Bruselas por la Ley de Mercados Digitales. El cambio más visible es la sustitución de la Core Technology Fee por instalación por una comisión plana del 5% sobre bienes digitales vendidos en apps distribuidas fuera de la App Store o a través de la web.
La compañía también ajusta las tarifas para pagos alternativos y para compras dentro de su propio sistema. Las compras integradas de Apple pasarán al 26% frente al 30% tradicional, aunque muchos desarrolladores podrán seguir en tramos reducidos del 15% si cumplen los requisitos de programas específicos. Los pagos procesados por terceros quedarán sujetos a una comisión del 20%, o del 10% en casos bonificados. Apple intenta simplificar el modelo sin renunciar al control económico de su ecosistema móvil.
La medida llega después de años de tensión con reguladores europeos y desarrolladores. La Comisión Europea ya sancionó a Apple por incumplimientos vinculados al DMA y había cuestionado la complejidad de sus términos. El problema no era solo el porcentaje final. Para muchos estudios y empresas de software, la estructura previa hacía difícil calcular si distribuir fuera de la App Store era realmente rentable.
El nuevo esquema puede dar algo más de previsibilidad. Una comisión plana facilita hojas de cálculo, planes de lanzamiento y negociación con inversores. Para startups europeas de suscripción, productividad, educación o contenido digital, saber cuánto cuesta cada canal de distribución es clave. Un cambio de dos puntos en margen puede decidir si se contrata marketing, soporte o desarrollo.
La apertura, aun así, sigue siendo limitada: los desarrolladores deberán comprometerse durante 12 meses con sus opciones de pago. Apple también mantiene restricciones en categorías sensibles, como apps infantiles, donde no permitirá ciertos enlaces externos por motivos de seguridad. Ese equilibrio entre competencia, protección del usuario y control de plataforma seguirá generando debate.
Otro punto relevante es la flexibilización para operar tiendas alternativas. Apple elimina algunas barreras previas y acepta más formas de demostrar estabilidad financiera, como auditorías, cotización pública o respaldo de capital riesgo. Eso puede abrir espacio para marketplaces especializados, aunque crear una tienda de apps sigue siendo caro, complejo y dependiente de confianza de usuarios y desarrolladores.
Para el mercado español, el cambio importa porque afecta a cualquier empresa que venda software o contenido digital en iPhone. No convierte de golpe el ecosistema iOS en un terreno completamente abierto, pero sí modifica los incentivos. Un editor educativo, una aplicación de fitness o una herramienta B2B pueden volver a revisar si les compensa usar pagos externos o canales alternativos.
El DMA está obligando a Apple a negociar públicamente una parte de su modelo de negocio más rentable. La pregunta ahora es si Bruselas considerará suficiente esta revisión o si la compañía volverá a enfrentarse a multas y ajustes adicionales. Para los desarrolladores, el resultado práctico dependerá menos del anuncio y más de cómo se apliquen las reglas en contratos, revisiones y pagos reales.
