La NASA ha movido ficha en la nueva carrera espacial privada. La agencia estadounidense ha seleccionado a Relativity Space, la empresa de cohetes controlada por Eric Schmidt, expresidente ejecutivo de Google, para desarrollar una misión científica con destino a Marte.
El proyecto se llama Aeolus y su objetivo es llevar a la órbita marciana varios instrumentos capaces de medir la atmósfera del planeta rojo de forma diaria y global. Si el calendario no cambia, el lanzamiento está previsto para 2028.
La decisión coloca a Relativity Space en una posición poco habitual. La compañía fue fundada en 2015 por dos antiguos ingenieros de SpaceX y Blue Origin, pero aún no ha demostrado una trayectoria sólida como operador orbital. Su primer cohete, el Terran-1, despegó en marzo de 2023 y falló durante el vuelo. Ahora, la empresa trabaja en un vehículo más grande, el Terran R, que todavía no ha llegado a la plataforma de lanzamiento.
Una misión para tomar el pulso a Marte cada día
La misión Aeolus transportará cuatro instrumentos científicos diseñados para medir polvo, viento y temperatura en la atmósfera marciana. La NASA espera que estos datos permitan obtener una visión diaria y global de esas variables desde la órbita del planeta.
Esa información puede ser importante para las próximas fases de la exploración espacial. Conocer mejor la atmósfera de Marte ayudaría a reducir riesgos en futuras misiones de aterrizaje y, más adelante, en posibles misiones tripuladas. En un planeta donde una tormenta de polvo puede alterar una operación completa, anticiparse no es un detalle menor.
El acuerdo encaja con una tendencia cada vez más visible en la NASA: combinar ciencia pública con infraestructura privada. En este caso, la agencia aporta los instrumentos y los objetivos científicos, mientras que Relativity Space deberá encargarse de la nave, el lanzamiento y el viaje hasta Marte.
Es un modelo que recuerda a otros programas de colaboración con empresas espaciales. SpaceX ya ha trabajado con la NASA en transporte de carga a la Estación Espacial Internacional, y Firefly Aerospace ha participado en misiones lunares bajo contratos de la agencia.
El modelo público-privado gana peso
La NASA no ha revelado el importe del contrato. El punto central no está solo en la cifra, sino en el tipo de acuerdo. Bajo este esquema, la empresa privada asume parte del coste y del riesgo de desarrollo, mientras la agencia intenta ampliar el alcance de sus programas científicos.
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, ha defendido este modelo como una vía para combinar instrumentos científicos de la agencia con inversión comercial. Su planteamiento es que este formato puede generar más datos, con mayor frecuencia y en menos tiempo, especialmente de cara a futuras misiones humanas a Marte.
Pero la fórmula también tiene límites. Relativity Space todavía debe demostrar que puede lanzar con éxito el cohete que necesita para esta misión. No es un detalle menor en un sector donde los retrasos, los fallos técnicos y los sobrecostes forman parte del terreno.
La experiencia reciente también invita a la cautela. Algunas startups espaciales que han trabajado con la NASA han sufrido problemas graves, desde quiebras hasta misiones lunares que no salieron como estaba previsto. La colaboración privada puede acelerar proyectos, pero no elimina el riesgo tecnológico.
Eric Schmidt entra en la carrera espacial
La figura de Eric Schmidt añade peso empresarial a la operación. El exdirectivo de Google tomó una participación mayoritaria en Relativity Space el año pasado y asumió el cargo de CEO. Su entrada llamó la atención porque el negocio de los cohetes exige mucho capital, largos plazos de desarrollo y una competencia feroz.
Aun así, la apuesta puede tener sentido si el Terran R cumple sus objetivos. La demanda de nuevos lanzadores sigue siendo elevada, en parte por los retrasos de otros actores del sector, entre ellos Blue Origin, la compañía espacial de Jeff Bezos.
Schmidt ha mantenido un perfil discreto respecto a su inversión, aunque se le ha relacionado con proyectos como centros de datos orbitales y con el telescopio espacial Lazuili, financiado por Schmidt Sciences, la organización filantrópica familiar. En ese contexto, Relativity Space podría convertirse en algo más que una empresa de lanzamiento para terceros.
Una carrera simbólica con SpaceX
El contrato tiene una lectura inevitable: la comparación con SpaceX. Elon Musk ha situado Marte en el centro del relato de su compañía durante años, pero SpaceX todavía no ha enviado una misión propia al planeta rojo.
Si Relativity cumple los plazos y Aeolus llega a Marte, la empresa de Schmidt podría adelantarse en un terreno muy simbólico. No sería una misión tripulada ni el inicio de una colonización, pero sí podría convertirse en la primera misión privada en alcanzar Marte.
Para Relativity Space, el desafío es enorme. Debe diseñar y construir la nave que transportará los instrumentos, completar el desarrollo del Terran R y ejecutar una misión interplanetaria en apenas unos años.
Para la NASA, la apuesta encaja con una estrategia más amplia: repartir riesgos, acelerar misiones y aprovechar la inversión privada sin abandonar el control científico. Si Aeolus sale adelante, Marte podría convertirse en el próximo gran escaparate de la competencia espacial entre multimillonarios, startups y agencias públicas.
