La NASA quiere acelerar el regreso permanente a la Luna. La agencia espacial estadounidense prevé enviar entre septiembre y noviembre un alunizador no tripulado de Blue Origin, la compañía espacial fundada por Jeff Bezos, con el objetivo de iniciar las primeras pruebas vinculadas a la futura base lunar en el Polo Sur.
El plan no se limita a una misión aislada. Según la información comunicada por la agencia, a este primer lanzamiento le seguirán otros dos alunizadores antes de que termine 2026. La idea es probar tecnologías, mover carga y preparar el terreno para una presencia humana sostenida en la superficie lunar. La Luna vuelve a ser una prioridad estratégica, científica y comercial.
Blue Origin abrirá la primera fase con el Mark One Endurance
La nave elegida para la primera misión será el Blue Origin Mark One Endurance, un módulo de aterrizaje diseñado por la empresa de Bezos. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, explicó en Washington que esta misión forma parte de la etapa inicial del programa que busca levantar una infraestructura estable en el satélite.
La misión ha sido denominada Moon Base One y apunta a la cresta del cráter Shackleton, en el Polo Sur lunar. Esta zona resulta especialmente relevante porque contiene regiones en sombra permanente donde podría existir hielo. Ese recurso es clave para sostener futuras estancias de astronautas, ya que puede ayudar en la generación de agua, oxígeno y combustible.
Isaacman señaló que el aterrizador no solo llevará dos cargas científicas de la NASA. También servirá para demostrar capacidades esenciales que reduzcan riesgos en futuras misiones del Sistema de Aterrizaje Humano. Dicho de otro modo: antes de enviar astronautas de forma regular, la agencia quiere comprobar qué tecnologías funcionan en condiciones reales.
Tres misiones privadas para preparar el terreno lunar
Blue Origin no será la única compañía implicada en esta primera etapa. El segundo lanzamiento, previsto para finales de 2026, estará a cargo de Astrobotic Technology. Su aterrizador transportará más de 500 kilogramos de carga, incluido un róver, hasta la superficie de la Luna.
El tercer alunizador será responsabilidad de Intuitive Machines y tendrá una misión científica concreta: investigar el origen de las anomalías magnéticas lunares. Con estos tres vuelos, la NASA busca repartir tareas entre distintas empresas y avanzar en un modelo donde la exploración lunar ya no depende solo de misiones gubernamentales tradicionales.
Estos lanzamientos forman parte de una primera fase más amplia. Hasta 2029, la NASA prevé mover más de 4 toneladas de material a la Luna mediante 25 lanzamientos y 21 alunizajes. Es una cifra que muestra la escala del proyecto: no se trata solo de plantar una bandera, sino de construir una infraestructura capaz de crecer con el tiempo.
El Polo Sur lunar, pieza clave del plan
La NASA anunció en marzo su intención de construir una base en el Polo Sur de la Luna durante los próximos años. La elección de esta región no es casual. Sus zonas de sombra permanente aumentan la posibilidad de encontrar hielo, un recurso que puede facilitar la presencia continua de astronautas.
El científico español Carlos García Galán, responsable del programa Moon Base, explicó que la agencia imagina la base lunar como una extensión de cientos de millas cuadradas, con distintos recursos conectados entre sí para apoyar una presencia permanente. ¿Puede la Luna convertirse en una plataforma estable para explorar Marte? Esa es una de las grandes preguntas detrás del proyecto.
La propia NASA define esta base como una iniciativa a largo plazo de exploración e infraestructura lunar, pensada para permitir una presencia humana sostenida y aumentar la actividad científica y comercial en el Polo Sur. Además, el programa busca sentar las bases de las primeras misiones tripuladas a Marte.
De la carga robótica a las misiones tripuladas
La segunda etapa del plan se desarrollaría entre 2029 y 2032. En ese periodo, la NASA prevé realizar 27 lanzamientos y 24 alunizajes, con el traslado de unas 60 toneladas de material. Esa fase debería permitir la instalación de la infraestructura inicial de la base y abrir el camino a misiones tripuladas cada seis meses.
La tercera fase será la más ambiciosa. Incluirá 29 despegues y 28 alunizajes, con capacidad para transportar 150 toneladas. El objetivo final es conseguir una presencia humana continua en la Luna, algo que transformaría por completo el papel del satélite en la exploración espacial.
García Galán también adelantó parte de la infraestructura prevista. La base lunar contará con constelaciones de satélites para comunicaciones, navegación, observación y apuntamiento. Además, se incorporarán róvers, vehículos lunares y drones para operar sobre el terreno.
Energía y temperaturas extremas: los grandes retos
La construcción de una base lunar no depende solo de transportar material. El entorno será uno de los mayores obstáculos. En la Luna, las temperaturas pueden alcanzar los 120 grados centígrados durante el día, que dura unas dos semanas terrestres, y caer por debajo de los 120 grados bajo cero durante la noche, también de duración similar.
La generación de electricidad será otro desafío crítico. García Galán explicó que la NASA contempla el uso de energía solar y nuclear para sostener la actividad de la base. La capacidad prevista se movería entre 2 y 15 kilovatios, con la posibilidad de llegar hasta 20 kilovatios si se emplea un sistema nuclear. También se plantea una capacidad de almacenamiento de cientos de kilovatios hora.
Con este calendario, la NASA abre una nueva fase en la carrera lunar. Jeff Bezos y Blue Origin tendrán un papel clave en el primer paso, pero el proyecto va mucho más allá de una sola empresa. La meta es convertir la Luna en una plataforma operativa para ciencia, industria y futuras misiones humanas hacia Marte.
