La startup británica Quantum Motion anunció una ronda de financiación de 160 millones de dólares con un objetivo ambicioso: desarrollar ordenadores cuánticos más pequeños, más baratos y con menor consumo energético que los de buena parte de sus competidores. La compañía apuesta por una vía poco habitual dentro del sector: utilizar técnicas de fabricación de chips de silicio similares a las que ya se emplean en millones de teléfonos móviles y portátiles.
La computación cuántica lleva años despertando interés entre gigantes tecnológicos, fondos de inversión y gobiernos. ¿La razón? Su potencial para resolver cálculos que hoy resultarían prácticamente imposibles para los ordenadores tradicionales. Desde simulaciones químicas complejas hasta modelos financieros avanzados, el sector promete cambiar industrias enteras si logra superar sus limitaciones técnicas.
En el centro de esta tecnología se encuentra el qubit, la unidad básica de información cuántica. A diferencia de un transistor convencional, que solo puede representar un cero o un uno en cada momento, un qubit puede trabajar con ambos estados al mismo tiempo. Esa propiedad multiplica la capacidad de cálculo de forma radical.
Actualmente existen varios enfoques para construir qubits. Empresas como IBM o Google trabajan con sistemas superconductores, mientras que otras compañías utilizan láseres sobre átomos neutros. El problema aparece cuando llega el momento de escalar la tecnología. Crear unos pocos qubits es posible; fabricar miles o incluso millones de forma estable y rentable sigue siendo uno de los mayores desafíos de la industria.
Ahí es donde Quantum Motion intenta diferenciarse. La empresa, con sede en Londres y presencia de desarrollo vinculada a España, decidió partir de un elemento ampliamente conocido por la industria tecnológica: los transistores de silicio que ya se producen masivamente para chips electrónicos. La idea consiste en modificar mínimamente esos componentes para convertirlos en qubits funcionales.
El planteamiento busca aprovechar fábricas y procesos que ya existen, algo que podría reducir de manera importante los costes de producción frente a otros sistemas cuánticos mucho más complejos. Para hacerse una idea, fabricar chips tradicionales ya forma parte de una cadena industrial global extremadamente optimizada, capaz de producir millones de unidades cada semana.
James Palles-Dimmock, consejero delegado de Quantum Motion, explicó que la compañía planteó el proyecto “a la inversa”. En lugar de diseñar primero el qubit ideal y después intentar fabricarlo a gran escala, el equipo empezó preguntándose qué modificaciones mínimas podían aplicar a los transistores convencionales para convertirlos en qubits de alta calidad.
En un ordenador clásico, un transistor funciona como un interruptor que está encendido o apagado. Cuando se activa, los electrones circulan por un canal. Quantum Motion utiliza ese mismo canal, pero suspendiendo un único electrón y manipulándolo mediante un campo magnético.
La técnica se basa en el llamado “espín del electrón”, un concepto que otras compañías emergentes e incluso Intel ya han explorado anteriormente. La diferencia, según defiende la startup, está en haber encontrado una forma práctica de aplicar esta tecnología utilizando chips fabricados junto a su socio industrial GlobalFoundries.
Ese detalle es clave. Muchas empresas cuánticas han demostrado avances en laboratorio, pero trasladar esos experimentos a procesos industriales sigue siendo extremadamente difícil. Quantum Motion sostiene que su enfoque puede facilitar la fabricación de sistemas cuánticos útiles con costes estimados de entre 10 y 20 millones de dólares, una cifra considerablemente inferior a la que manejan algunos desarrollos actuales del sector.
La compañía asegura además que dispone de una hoja de ruta clara para construir ordenadores cuánticos potentes manteniendo costes razonables. Aunque el mercado todavía se encuentra en una fase temprana, cada vez más inversores parecen dispuestos a apostar por tecnologías que prometen reducir la distancia entre los laboratorios y los productos comerciales.
La ronda fue coliderada por los fondos DCVC y Kembara. También participaron entidades como British Business Bank y Firgun, además de inversores ya presentes en la compañía como Oxford Science Enterprises, Inkef, Bosch Ventures, Porsche Automobil Holding y Parkwalk Advisors.
La financiación llega en un momento especialmente competitivo para la computación cuántica. Grandes tecnológicas, startups especializadas y centros de investigación aceleran sus desarrollos mientras buscan demostrar que esta tecnología puede abandonar el terreno experimental y convertirse en una herramienta comercial real.
El reto sigue siendo enorme. Pero si Quantum Motion consigue fabricar qubits utilizando procesos cercanos a los de la industria tradicional del silicio, podría cambiar una de las reglas más importantes del sector: el coste de construir un ordenador cuántico funcional.
