Revolut aplaza su debut bursátil y apunta a 2028 mientras prepara una nueva ronda para elevar su valor

El neobanco británico Revolut enfría las expectativas sobre su salto al parqué. Su consejero delegado, Nik Storonsky, confirma que la compañía planea cotizar, pero no antes de 2028. El calendario se alarga y deja en pausa uno de los estrenos más esperados del sector tecnológico europeo.

“Faltan dos años”, explicó el directivo en una entrevista en The David Rubenstein Show. Su argumento es claro: en banca, la confianza pesa. Y las empresas cotizadas, sostiene, proyectan más credibilidad que las que permanecen fuera del mercado. La pregunta es inevitable: si ese salto aporta confianza, ¿por qué esperar?

Con esta decisión, Revolut descarta una salida a corto plazo y mantiene su hoja de ruta basada en financiación privada. La compañía prepara una nueva colocación de acciones en la segunda mitad del año. El objetivo es ambicioso: alcanzar una valoración de 100.000 millones de dólares. Para entender la magnitud del salto, basta un dato. En noviembre, en su última operación, la empresa fue valorada en 75.000 millones, frente a los 45.000 millones del año anterior.

Este tipo de operaciones cumple una doble función dentro del modelo de la fintech:

  • Aporta liquidez a inversores actuales, incluidos empleados con participaciones
  • Refuerza la valoración sin necesidad de someterse todavía a la presión del mercado bursátil

Storonsky insiste en que esta fórmula permite crecer sin prisas. Es un enfoque que evita la volatilidad de la Bolsa, donde los resultados trimestrales suelen marcar el ritmo. Un ejemplo claro: al no cotizar, la empresa no está obligada a responder de inmediato a cambios bruscos en ingresos o costes.

El aumento de valoración no llega solo. Va acompañado de un movimiento clave: la expansión internacional. En marzo, Revolut solicitó una licencia bancaria en Estados Unidos y nombró a Cetin Duransoy, exdirectivo de Visa, como responsable en ese mercado.

Conseguir esa licencia cambiaría el alcance del negocio en el país. Le permitiría acceder directamente a los sistemas de la Reserva Federal, aceptar depósitos asegurados de hasta 250.000 dólares por cliente y ampliar su oferta con préstamos personales y tarjetas de crédito. En la práctica, pasaría de operar como intermediario a competir en igualdad de condiciones con bancos tradicionales.

El plazo interno que maneja la compañía para completar este proceso es de cuatro meses. El propio consejero delegado apunta a un entorno más favorable que en el pasado, tanto por la experiencia acumulada como por el contexto regulatorio actual. Hace dos años, reconoce, el camino era más complejo.

Mientras tanto, los números respaldan la estrategia. Revolut cerró el último ejercicio con un beneficio antes de impuestos de 1.700 millones de libras, un 57% más que el año anterior. El crecimiento no se queda ahí. También duplicó su volumen de préstamos, con especial impulso en el crédito al consumo.

La base de clientes sigue ampliándose. La entidad supera ya los 70 millones de usuarios en todo el mundo. En España, rebasa los seis millones, una cifra que ilustra su penetración en un mercado tradicionalmente dominado por grandes bancos. Un usuario medio, por ejemplo, puede abrir una cuenta en minutos desde el móvil y empezar a operar sin pisar una sucursal.

Aun así, hay matices. Aunque el número de clientes es elevado, los depósitos y los ingresos por usuario siguen siendo inferiores a los de la banca tradicional. Es un modelo distinto, más apoyado en volumen que en rentabilidad por cliente.

Revolut gana tamaño, mejora resultados y acelera su expansión. Pero pospone su examen más visible: el mercado bursátil. La decisión no es menor. Marca el ritmo de una compañía que prefiere consolidar su posición antes de dar el salto definitivo.

No hay comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *