Elon Musk aseguró este sábado que Tesla prevé iniciar en siete días su proyecto Terafab, una iniciativa con la que la compañía pretende fabricar sus propios chips de inteligencia artificial para impulsar el desarrollo de la conducción autónoma.
El anuncio apunta a una de las piezas menos visibles, pero más críticas, del coche autónomo: los procesadores que interpretan datos de cámaras, radares y sensores en tiempo real. Cada vehículo genera una enorme cantidad de información. Convertir esos datos en decisiones inmediatas exige chips especializados capaces de procesar miles de cálculos por segundo.
La idea de una gran fábrica de semiconductores no es nueva dentro de Tesla. El propio Musk ya adelantó el año pasado que la empresa podría verse obligada a construir una planta de gran escala para cubrir su futura demanda de chips de inteligencia artificial.
Según explicó entonces, la compañía trabaja en el diseño de su chip de quinta generación, pensado para alimentar su ecosistema de conducción autónoma. Ese hardware es clave para ejecutar el software que permite al vehículo analizar el entorno, detectar obstáculos y tomar decisiones en carretera.
Durante la junta anual de accionistas, Musk detalló que Tesla estaba evaluando distintas opciones de producción. Una de ellas era colaborar con fabricantes ya consolidados en el sector de los semiconductores.
Entre los nombres mencionados apareció Intel, aunque el empresario dejó claro que en ese momento no existía ningún acuerdo firmado. Su comentario fue prudente y directo: la empresa veía sentido en explorar conversaciones, pero sin compromisos concretos.
“No hemos firmado ningún acuerdo, pero probablemente merezca la pena mantener conversaciones con Intel”, afirmó Musk durante aquella reunión.
Por ahora, Tesla tampoco ha ofrecido más detalles públicos sobre el proyecto. Tras las declaraciones del directivo, la compañía no respondió de inmediato a una solicitud de información enviada por Reuters para ampliar el alcance o el calendario del plan.
Mientras tanto, Musk ha ido adelantando algunos elementos del desarrollo tecnológico que hay detrás del proyecto. En varias ocasiones ha mencionado el chip AI5, el procesador que Tesla prepara para la siguiente fase de su plataforma de conducción autónoma.
Estos chips se utilizan para ejecutar funciones como el sistema Full Self-Driving (FSD), el software que permite al vehículo interpretar su entorno y automatizar parte de la conducción.
Para fabricar estos procesadores, Tesla ya trabaja con grandes productores de semiconductores. Entre ellos figuran dos actores clave del sector:
- TSMC, el gigante taiwanés de fabricación de chips
- Samsung Electronics, uno de los mayores fabricantes de semiconductores de Corea del Sur
Estas alianzas permiten a Tesla producir sus chips actuales, pero el volumen podría quedarse corto si la compañía escala sus sistemas de conducción autónoma a millones de vehículos.
Ese es precisamente el problema que Musk describió durante la junta anual de la empresa. Incluso proyectando el escenario más favorable de producción por parte de sus proveedores, el número de chips disponibles no alcanzaría para cubrir las necesidades futuras de Tesla.
Un coche autónomo depende de procesadores cada vez más potentes. Si la empresa vende millones de vehículos y todos necesitan ese hardware, la demanda de chips se dispara. Ahí es donde entra en juego la idea de Terafab.
El concepto, según explicó Musk, sería una instalación de fabricación de semiconductores de escala masiva. El propio directivo la comparó con las conocidas gigafábricas de Tesla, pero con una dimensión todavía mayor.
La lógica es sencilla: si la producción externa no basta, Tesla podría fabricar una parte de los chips por su cuenta. La compañía ya siguió una estrategia similar con las baterías y con algunas partes clave de sus vehículos.
La pregunta es inevitable. ¿Está Tesla dispuesta a entrar de lleno en la fabricación de semiconductores?
Por ahora, lo único confirmado es el calendario anunciado por Musk: el proyecto Terafab debería arrancar en aproximadamente una semana. Qué forma concreta tomará esa iniciativa, y hasta dónde llegará en la cadena de producción de chips, sigue siendo una incógnita.
Pero el mensaje es claro. Para Tesla, el futuro del coche autónomo no depende solo del software. También pasa por controlar el hardware que lo hace posible.
