El capital para escalar tecnologías críticas en Europa empieza a moverse en cifras que hace pocos años parecían reservadas a Estados Unidos. El fondo de crecimiento Kembara ha anunciado un primer cierre de 750 millones de euros, lo que lo sitúa como el mayor vehículo europeo centrado específicamente en ciencias y tecnologías profundas en esta fase de desarrollo.
Impulsado por Mundi Ventures, el fondo aspira a alcanzar los 1.000 millones de euros en los próximos meses. La meta es concreta: liderar rondas relevantes en etapas avanzadas y atacar uno de los cuellos de botella más repetidos del ecosistema tecnológico europeo, la falta de capital cuando toca escalar de verdad.
Un respaldo institucional que cambia la escala
El primer cierre cuenta con el apoyo de inversores institucionales de peso. El Fondo Europeo de Inversiones aporta 350 millones de euros. También participan Criteria Caixa, BNP Paribas, Corporación Mondragón y el fondo de fondos del CDTI.
Esta base financiera permite a Kembara entrar en un tramo especialmente exigente: el salto industrial y comercial de la deep tech. Europa genera ciencia y patentes, pero muchas compañías se frenan cuando necesitan fábricas piloto, certificaciones regulatorias o despliegues internacionales. Es ahí donde el capital se vuelve decisivo.
Series B y C con músculo financiero
La estrategia se centra en series B y C, cuando las startups ya han validado su tecnología y necesitan acelerar producción, ventas o expansión internacional. Kembara prevé invertir entre 15 y 40 millones de euros por operación inicial.
Además, contará con capacidad para acompañar en rondas posteriores con follow ons de hasta 100 millones. El objetivo es construir una cartera de unas 20 participadas, con una inversión media cercana a los 40 millones por compañía. Un enfoque concentrado, con peso relevante en cada operación.
No se trata de financiar prototipos. Se trata de llevar tecnologías complejas al mercado global.
Sectores estratégicos en un entorno de tensión geopolítica
La tesis del fondo se apoya en verticales considerados críticos para la competitividad europea. Entre las áreas prioritarias figuran:
• Inteligencia artificial aplicada a la industria
• Computación cuántica y semiconductores avanzados
• Nuevos sustratos y materiales de alto rendimiento
• Robótica y automatización industrial
• Energías limpias y almacenamiento
• Tecnología espacial
• Materiales avanzados y nanotecnología
• Soluciones de doble uso y defensa
La selección responde a un contexto marcado por la transición energética, la reindustrialización y la presión geopolítica. El control de estas tecnologías no solo tiene impacto económico. También define autonomía estratégica.
El fondo quiere evitar que compañías desarrolladas en Europa trasladen su centro de decisión o su propiedad mayoritaria fuera del continente por falta de capital en fases avanzadas. La brecha en series B y C es conocida.
Un alcance paneuropeo con lógica industrial
La vocación es paneuropea. Kembara invertirá en países de la Unión Europea, además de mercados como los nórdicos, Reino Unido y Suiza. La excelencia en deep tech no se concentra en un único polo, sino que se distribuye entre múltiples hubs científicos e industriales.
Europa aporta una parte relevante de la innovación en tecnologías profundas, pero solo una minoría logra acceder a financiación suficiente cuando el desarrollo exige grandes inversiones en infraestructura o fabricación. En ese punto, muchos fondos tradicionales reducen riesgo o no alcanzan el tamaño necesario.
Kembara nace con la intención de liderar esas rondas y aportar estructura en un momento crítico del ciclo empresarial. Capital, sí. Pero también capacidad de acompañamiento en operaciones complejas.
Un equipo con experiencia en tecnologías profundas
El fondo fue fundado hace dos años por Javier Santiso y Yann de Vries, que han reunido un equipo paneuropeo con trayectoria en inversión en deep tech y experiencia previa en compañías de alcance internacional.
El lanzamiento coincide con un momento en el que la reindustrialización europea y la redefinición de cadenas de suministro han colocado a la deep tech en el centro del debate económico. Ya no se habla solo de innovación. Se habla de capacidad productiva, de resiliencia industrial y de soberanía tecnológica.
Con 750 millones ya comprometidos y la meta del billion fund en el horizonte, Kembara se posiciona como uno de los actores a seguir en el venture capital europeo especializado. Si alcanza los 1.000 millones, consolidará una de las mayores plataformas dedicadas al crecimiento avanzado de tecnologías profundas en el continente.
Para el ecosistema, el mensaje es claro. Europa empieza a estructurar vehículos capaces de acompañar a sus compañías más intensivas en capital desde la validación tecnológica hasta la escala industrial, sin depender exclusivamente de grandes fondos internacionales.
En un escenario de competencia global por el liderazgo tecnológico, disponer de capital local para rondas de gran tamaño puede marcar la diferencia entre crear campeones industriales o quedarse en laboratorio. Kembara quiere jugar en la primera división.
