Europa movió ficha en 2025 y el sector salud tomó nota. Dos reformas comunitarias marcaron el ritmo del año y empujaron a los países a ajustar su estrategia industrial y científica. España no solo se adaptó: aceleró.
Por un lado, la Comisión Europea presentó la Biotech Act, una iniciativa diseñada para reforzar el ecosistema biotecnológico. El foco estuvo en facilitar el acceso a financiación, agilizar ensayos clínicos y reducir fricciones regulatorias, con especial atención a salud y biomedicina. La idea es clara: acortar tiempos sin rebajar garantías.
El segundo gran hito fue el acuerdo del Pharma Package, considerado la mayor revisión de la legislación farmacéutica europea en más de veinte años. El paquete persigue mejorar el acceso a medicamentos, reforzar la seguridad del suministro y reducir cargas administrativas. Incluye medidas específicas para ámbitos sensibles como antibióticos y enfermedades raras, donde el equilibrio entre incentivos y acceso resulta crítico.
Cosmética y química: más control, menos fricción
El endurecimiento normativo también alcanzó a la cosmética. La entrada en vigor del Reglamento (UE) 2025/877 amplió la lista de sustancias CMR prohibidas, obligando a reformular productos dermocosméticos. El resultado fue un mayor nivel de exigencia técnica y de control de calidad en toda la cadena.
En paralelo, avanzó el paquete Ómnibus VI, con un enfoque distinto. Su objetivo es simplificar requisitos en productos químicos y cosméticos, como etiquetado o clasificación, sin rebajar la protección al consumidor. Menos trámites innecesarios, mismas obligaciones de seguridad.
España ajusta su marco en diagnóstico in vitro
En el plano nacional, España aprobó el Real Decreto 942/2025 sobre productos sanitarios de diagnóstico in vitro. La norma adapta el marco interno al Reglamento (UE) 2017/746 y refuerza la seguridad, trazabilidad y vigilancia del mercado. Al mismo tiempo, crea un entorno más previsible para la innovación en este segmento, clave en prevención y medicina personalizada.
El indicador que lo resume todo: patentes
En medio de este rediseño regulatorio, apareció un dato difícil de ignorar. España lideró en 2025 el crecimiento europeo de solicitudes de patentes farmacéuticas, con un aumento del 11,6%. Es el mayor avance del continente y una señal directa del dinamismo del ecosistema innovador.
Este comportamiento se interpreta como un reflejo del atractivo del país para la inversión en I+D. Más proyectos avanzan hasta fases protegibles y más conocimiento busca convertirse en activos industriales. No es un efecto puntual, sino una tendencia que gana tracción.
El balance forma parte de un análisis elaborado por Cesif-metrodora, que identificó doce noticias clave del año a partir del criterio de su claustro académico. El grupo reúne a profesionales en activo de farmacia, biotecnología, química, cosmética y alimentación, lo que aporta una lectura desde dentro del sector.
Política industrial y hoja de ruta
Entre los hitos destacados figura el Plan Profarma 2025–2026, concebido como una herramienta de política industrial. Su objetivo es reforzar la competitividad, atraer inversión extranjera y avanzar hacia una mayor autonomía estratégica en producción de fármacos y terapias avanzadas.
Además, durante BioSpain 2025, el sector volvió a insistir en la necesidad de revisar políticas públicas para sostener el atractivo de España en I+D y producción biofarmacéutica. En ese debate, la Estrategia de la Industria Farmacéutica 2024–2028 se consolida como la hoja de ruta para los próximos años.
Más plantas, más inversión
El impulso regulatorio y estratégico tuvo reflejo en la industria. España incorporó siete nuevas plantas de producción farmacéutica en 2024, superando las 180 instalaciones. El impacto va más allá del número: empleo cualificado, tejido industrial y seguridad de suministro.
En paralelo, la industria farmacéutica cerrará el ejercicio con más de 1.500 millones de euros invertidos en I+D. La expansión se vincula a ensayos clínicos, desarrollo de tratamientos y a modelos productivos más sostenibles y transparentes. El país se afianza así como uno de los principales polos europeos de investigación biomédica.
Menos operaciones, más ambición
El movimiento corporativo también cambió de tono. Hubo menos acuerdos, pero las operaciones realizadas fueron de mayor calado, orientadas a consolidar capacidades, talento y posicionamiento competitivo a medio y largo plazo. Menos volumen, más estrategia.
Alimentación y salud, una conexión creciente
Fuera del núcleo farmacéutico, la Comisión Europea presentó su visión para agricultura y alimentación. La hoja de ruta apuesta por innovación, digitalización y sostenibilidad del sistema agroalimentario, con efectos directos en la industria alimentaria y su conexión con la salud. Un recordatorio de que la agenda sanitaria europea ya no se entiende sin una mirada transversal.
El resultado final deja una pregunta abierta: ¿está España aprovechando mejor que otros el nuevo marco europeo? Los datos de patentes y la inversión apuntan en esa dirección. El reto será sostener el ritmo cuando las reglas ya no estén cambiando, sino aplicándose.
