La Seguridad Social se prepara para un refuerzo notable de sus ingresos en 2026, con un protagonismo claro de los salarios más elevados. Según las previsiones del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, la recaudación procedente de la cotización adicional de solidaridad crecerá un 42% el próximo año, hasta situarse en torno a 567 millones de euros. Es uno de los incrementos más intensos desde la puesta en marcha de esta figura.
El dato no llega aislado. Forma parte del despliegue progresivo de la reforma de las pensiones aprobada en 2023, diseñada para blindar la financiación del sistema ante la jubilación masiva de la generación del baby boom. El mensaje es claro: más ingresos ahora para sostener el equilibrio futuro.
Tres palancas para reforzar la caja
La reforma introdujo tres mecanismos que actúan de forma complementaria:
- Cotización adicional de solidaridad, aplicada a los salarios que superan la base máxima.
- Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), una cotización finalista para el Fondo de Reserva.
- Aumento gradual de las bases máximas de cotización, que amplía el volumen sobre el que se cotiza.
El efecto combinado empieza a notarse. Para 2026, el Ministerio calcula que solo el MEI aportará 5.298 millones de euros, un 20% más que en 2025 y casi el doble de lo recaudado en su primer año. Sumadas ambas cotizaciones adicionales, el sistema ingresaría 5.865 millones, un 22% más que en el ejercicio actual.
Cómo funciona la cotización de solidaridad
La cotización de solidaridad empezó a aplicarse en 2025 y solo afecta a la parte del salario que supera la base máxima, fijada en algo más de 5.100 euros mensuales para 2026. No es una subida generalizada, sino un gravamen concentrado en los tramos más altos.
Su despliegue será lento y escalonado hasta 2045, con tipos crecientes según el exceso salarial. Por ejemplo, un directivo con una retribución muy superior a la base máxima aportará cada año un poco más, pero sin cambios bruscos de un ejercicio a otro. El objetivo es evitar impactos abruptos en costes laborales, manteniendo una senda de crecimiento previsible.
El MEI: más aportación hoy, sin más pensión mañana
El MEI seguirá aumentando hasta alcanzar el 1,2% en 2030, con una subida de una décima prevista para enero de 2026. La mayor parte de ese incremento lo asumen las empresas, aunque también hay una pequeña aportación del trabajador.
Conviene subrayar un punto clave. Estas cotizaciones no generan derechos adicionales de pensión. Así lo recuerda Enrique Devesa, investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE): se trata de aportaciones finalistas destinadas a mejorar la sostenibilidad del sistema, no a elevar la prestación futura del cotizante.
En el caso del MEI, los recursos van al Fondo de Reserva de la Seguridad Social, la conocida “hucha de las pensiones”. Ese dinero no podrá utilizarse antes de 2033, cuando empiece a intensificarse el gasto asociado a las jubilaciones del baby boom.
El empleo sigue siendo el gran motor
Más allá de las nuevas cotizaciones, el Ministerio atribuye buena parte del aumento de ingresos al buen comportamiento del empleo y los salarios. Para 2026, la Seguridad Social prevé una recaudación total de 189.800 millones de euros, un 7% más que en 2025. De cumplirse, las cotizaciones alcanzarían el 10,8% del PIB, un nivel elevado en términos históricos.
Las previsiones macroeconómicas acompañan. El consenso de Funcas apunta a un crecimiento del empleo cercano al 1,7%, lo que supondría unos 350.000 ocupados más, y a una subida salarial en torno al 3%. Otros organismos manejan escenarios de creación de empleo algo más optimistas, aunque con incrementos salariales más moderados.
Un ejemplo ayuda a entender el impacto. Un aumento del salario medio del 3% no solo eleva la base de cotización individual, sino que se multiplica por millones de trabajadores, generando un efecto recaudatorio acumulado muy relevante.
Advertencias a medio plazo
Desde el Ministerio se insiste en que el avance del empleo seguirá siendo el principal apoyo de los ingresos. Sin embargo, los analistas introducen cautela. Señalan una posible desaceleración gradual a medio plazo, ligada a la evolución de la economía, a un mercado laboral más maduro y al menor empuje de los flujos migratorios.
Pese a estas advertencias, los datos de recaudación de 2025 están evolucionando en línea con las previsiones oficiales. Ese cumplimiento refuerza la credibilidad de los cálculos para 2026 y da margen al Ejecutivo para sostener que la reforma empieza a cumplir su función.
Más ingresos hoy para comprar tiempo mañana
El refuerzo de la recaudación en 2026 no resuelve por sí solo el desafío demográfico, pero sí gana tiempo. La estrategia es clara: aprovechar el ciclo de empleo y concentrar el esfuerzo en los salarios más altos para preparar al sistema ante una década crítica.
La pregunta que queda abierta es hasta cuándo bastará esta combinación de más cotizaciones y buen empleo. Por ahora, la Seguridad Social se asegura un balón de oxígeno. El verdadero examen llegará cuando el baby boom empiece a jubilarse en masa y la hucha tenga que demostrar que, esta vez, sí estaba llena.
