El veterano ingeniero y fundador de iRobot cuestiona el futuro de los humanoides y alerta sobre el exceso de entusiasmo inversor en proyectos como Tesla Optimus o Figure AI, empresa que recientemente presentó a Figure 03, su robot humanoide más avanzado.
Rodney Brooks, una de las figuras más influyentes de la robótica moderna, ha reabierto el debate sobre la viabilidad de los robots humanoides. En su ensayo Por qué los robots humanoides nunca tendrán destreza, sostiene que quienes destinan millones a su desarrollo “están tirando el dinero”.
Brooks, conocido por crear el robot aspirador Roomba en 2002 —un icono que llevó la robótica al hogar—, observa con creciente escepticismo el rumbo del sector. Su diagnóstico es directo: los humanoides carecen de la capacidad sensorial mínima para igualar la destreza y la seguridad de un ser humano.
La barrera del tacto
Una mano humana contiene unos 17.000 mecanorreceptores, concentrados sobre todo en las yemas de los dedos. Esa red permite una precisión y control que hoy ningún sistema puede imitar. Los robots, en cambio, dependen de sensores simples, incapaces de captar la textura, presión o temperatura de los objetos con la sutileza necesaria.
Brooks añade otro obstáculo: la falta de datos. La IA generativa se entrena con millones de ejemplos digitales, pero existen muy pocos registros del sentido del tacto. Sin esa base, los sistemas no pueden aprender a manipular objetos de forma segura o intuitiva.
Riesgos físicos y promesas infladas
El experto también advierte sobre los riesgos de seguridad. Los robots humanoides, construidos con materiales metálicos, pueden causar daños graves si pierden el equilibrio o fallan en sus movimientos. Los vídeos virales que los muestran sirviendo café o ensamblando piezas, subraya, suelen grabarse en entornos controlados que poco tienen que ver con el mundo real.
A su juicio, la próxima evolución en robótica no pasará por copiar el cuerpo humano, sino por máquinas más especializadas: plataformas con ruedas, brazos múltiples y sensores avanzados capaces de superar en eficiencia a los humanoides actuales.
Un futuro menos humanoide
Brooks cree que, en unos quince años, los robots adoptarán formas más funcionales y menos “humanas”. La estética antropomórfica, explica, es más una carga que una ventaja: complica el diseño, encarece la producción y genera expectativas poco realistas.
Aun así, el mercado sigue apostando fuerte. En portales como AliExpress ya se venden robots humanoides por unos 35.000 euros, aunque su uso real en hogares o fábricas está todavía lejos.
Con su mensaje, Brooks lanza una advertencia clara a los inversores y a la industria tecnológica: la próxima gran ola de la robótica no será necesariamente humana en su aspecto, sino en su inteligencia y capacidad de adaptación.
