Trebellar ha cerrado una ronda Serie A de 18 millones de dólares para llevar inteligencia artificial a un área poco visible pero muy relevante en las grandes compañías: la gestión del patrimonio inmobiliario corporativo. La operación está liderada por Blossom Capital y cuenta con la participación de Haystack, Alt Capital, 1Flourish y Bynd. La empresa fue fundada por el español Diego Ferreiro Val, CEO, junto a David Garcia Quintas, CTO, y Adam Sewall al frente de operaciones y salida al mercado.
La tesis de Trebellar es sencilla de entender para cualquier empresa con muchas oficinas. Los datos de alquileres, espacios, ocupación, costes, planos, desplazamientos y preferencias de empleados suelen estar repartidos entre PDFs, hojas de cálculo, herramientas inmobiliarias y sistemas internos que no conversan entre sí. La compañía quiere convertir ese material disperso en una vista viva del portfolio inmobiliario.
Su plataforma estructura la información en una capa común para que los equipos puedan preguntar cuánto espacio tienen, cuánto cuesta, cómo se utiliza y qué decisiones conviene tomar. No se trata solo de generar dashboards. Trebellar incorpora datos como tiempos de desplazamiento, acceso al transporte público o sentimiento de los equipos, y registra por qué se tomó una decisión para evaluar después si funcionó.
El mercado tiene un atractivo claro. El real estate corporativo suele estar entre las mayores partidas de gasto de una gran empresa, pero muchas decisiones se siguen tomando con información incompleta y ciclos lentos de análisis. Renovar un contrato, cerrar una oficina o rediseñar espacios híbridos puede llevar semanas de recopilación manual. Si la IA reduce ese tiempo y mejora la calidad del dato, el retorno potencial es concreto.
El auge del trabajo híbrido ha hecho que las oficinas sean un problema de datos, no solo de metros cuadrados. Una sede puede estar infrautilizada algunos días, saturada en otros y mal ubicada para determinados equipos. Con información fragmentada, las empresas tienden a reaccionar tarde o a encargar informes que quedan desactualizados en cuanto cambian los patrones de uso.
Según la propia Trebellar, entre sus clientes figuran compañías como Meta, Uber, Merck, Cohesity, Workday y Okta. Ese perfil de cliente explica por qué el producto no se limita a una startup inmobiliaria tradicional. Su venta se dirige a organizaciones con portfolios globales, equipos distribuidos y presión por racionalizar costes sin dañar la experiencia de los empleados.
La ronda servirá para reforzar ingeniería, ampliar el equipo comercial, profundizar las capacidades de IA y llegar a más clientes empresariales. La compañía también ha anunciado la incorporación como asesor de Dave Radcliffe, conocido por haber liderado la expansión inmobiliaria de Google durante etapas de fuerte crecimiento. Ese fichaje aporta contexto operativo en una categoría donde las relaciones empresariales y la confianza pesan mucho.
Para el ecosistema español, Trebellar encaja en una tendencia importante: fundadores locales construyendo software B2B global desde problemas muy especializados. La oportunidad no está en crear otro asistente genérico, sino en mapear un dominio complejo, con datos difíciles y presupuestos claros. Ese patrón es el que más está atrayendo capital en la nueva ola de IA empresarial.
El reto será sostener la promesa de respuestas en minutos sin perder rigor. En decisiones inmobiliarias de millones de euros, una recomendación debe poder explicarse y auditarse. Si Trebellar consigue combinar velocidad, trazabilidad y conocimiento de dominio, puede ocupar una posición interesante en una función corporativa que durante años quedó a medio camino entre finanzas, recursos humanos y operaciones.
