Oracle ha comenzado una nueva ronda de despidos que afecta a miles de empleados, aunque no hay confirmación oficial de que alcance los 30.000 puestos que han circulado en algunos comentarios y publicaciones. Reuters informó esta semana, citando a CNBC y a una fuente conocedora del proceso, de que la compañía ya ha iniciado recortes en varios equipos y ha notificado, por ejemplo, el despido de 491 trabajadores en remoto y en el área de Seattle, dentro de una reestructuración más amplia. The Wall Street Journal añadió que las salidas afectan a distintas unidades de negocio en Estados Unidos e India y que, según estimaciones internas citadas por ese medio, el ajuste podría acabar siendo de varios miles de personas.
Eso obliga a poner algo de orden en el debate. Sí, Oracle está despidiendo plantilla. Sí, esos recortes coinciden con una fase de inversión muy agresiva en centros de datos e infraestructura para IA. Pero afirmar que la empresa ha “fulminado” ya a 30.000 empleados o que ha reservado exactamente 1.600 millones de dólares solo para finiquitos no encaja del todo con la información confirmada hasta ahora. Lo que Reuters sí recoge es que Oracle calcula hasta 2.100 millones de dólares en costes de reestructuración para su ejercicio fiscal 2026, y que la mayor parte de esa cifra estará vinculada a indemnizaciones y gastos relacionados con los despidos.
El contexto financiero de la decisión es importante. Oracle está metida de lleno en una carrera por reforzar su posición en la infraestructura de IA, un terreno en el que compite con actores mucho más asentados en cloud como Amazon, Microsoft o Google. Para intentar no quedarse fuera de la foto, la compañía está acelerando la construcción de centros de datos y ampliando su capacidad para dar servicio a grandes cargas de trabajo de inteligencia artificial. Bloomberg ya informó a comienzos de marzo de que Oracle planeaba despidos como parte de las medidas para manejar una tensión de caja provocada por esa expansión masiva en IA.
Esa es la parte sustancial del asunto. Los recortes no prueban por sí solos que la IA esté sustituyendo ya de forma directa a decenas de miles de trabajadores en Oracle. Lo que sí muestran es otra cosa: que varias grandes tecnológicas están reordenando costes, plantilla y prioridades para financiar la nueva carrera de infraestructuras ligadas a la IA. Un ejemplo claro es el de Meta, que también ha ejecutado despidos en paralelo a un aumento fuerte del gasto en chips, centros de datos y talento especializado. En Oracle, la lógica parece parecida: liberar recursos para sostener una apuesta de capital enorme.
También conviene matizar el tono sobre la inversión “a ciegas” o “por FOMO”. Esa interpretación puede funcionar como opinión, pero no como hecho probado. Lo que sí está respaldado por la información publicada es que los inversores están observando con atención el riesgo financiero de esa expansión, especialmente por el volumen de deuda y por la magnitud de proyectos asociados al auge de la IA, como el despliegue de grandes campus de datos. The Wall Street Journal subraya precisamente que esta estrategia se considera arriesgada dentro del mercado y que está siendo objeto de escrutinio.
La pregunta más interesante, por tanto, no es si “la IA sustituye ya a los humanos” en un sentido simple, sino qué tipo de empresas están sacrificando estructura actual para intentar asegurarse una posición en el próximo ciclo tecnológico. En Oracle, el patrón parece bastante claro: primero una gran apuesta por infraestructura, después presión financiera, y en paralelo una reducción de plantilla para ajustar el modelo. Es una lógica dura, pero no nueva en Silicon Valley. Cuando cambia la prioridad estratégica, suele cambiar también el mapa interno de empleo.
Eso no significa que toda la narrativa oficial sobre la IA vaya a cumplirse tal como se presenta hoy. Muchas compañías están invirtiendo miles de millones con la expectativa de que la demanda futura de cómputo, modelos y servicios de IA justifique ese esfuerzo. Todavía está por ver qué proyectos generarán retornos sólidos y cuáles acabarán siendo apuestas sobredimensionadas. En ese sentido, la crítica a la euforia del mercado no es absurda. Lo que falla en el texto original es presentar como certezas varias cifras o motivaciones que, por ahora, solo están parcialmente confirmadas o directamente no lo están.
Hay otro matiz que merece atención. Oracle tenía alrededor de 162.000 empleados globales en mayo de 2025, según Reuters. Si el ajuste terminara acercándose a 30.000 personas, estaríamos hablando de una reducción muy severa, cercana a una quinta parte de la plantilla. Esa posibilidad ha sido mencionada en estimaciones y comentarios de mercado, pero la empresa no ha confirmado esa cifra. A día de hoy, el dato sólido sigue siendo más prudente: miles de despidos, una reestructuración en marcha y una previsión de gasto de hasta 2.100 millones de dólares ligada a ese proceso.
La conclusión más rigurosa es esta: Oracle no está despidiendo masivamente porque la IA ya haya reemplazado a decenas de miles de empleados, sino porque necesita financiar una ofensiva de infraestructura para IA extremadamente costosa y lo está haciendo, entre otras vías, recortando plantilla. Eso no convierte automáticamente toda su apuesta en una locura ni demuestra que vaya a salir bien. Lo que sí deja claro es que la fiebre por la inteligencia artificial ya está teniendo consecuencias laborales muy reales dentro de las grandes tecnológicas. Y esas consecuencias, como se está viendo en Oracle, no llegan solo por automatización directa, sino también por decisiones financieras tomadas para sostener la carrera de la IA.
