OpenAI presenta Codex, una aplicación para macOS que impulsa el desarrollo de software con agentes de IA

OpenAI ha dado un paso relevante en el desarrollo de software asistido por inteligencia artificial con el lanzamiento de una aplicación nativa de Codex para macOS. No es solo una nueva interfaz. Es una señal clara de hacia dónde se mueve la programación: menos tecleo manual y más coordinación de agentes autónomos que trabajan en paralelo.

El anuncio llega en un momento en el que el llamado agentic coding empieza a dejar de ser una curiosidad para convertirse en una práctica habitual entre desarrolladores avanzados. La idea es simple en apariencia. En lugar de pedir a un modelo que genere código aislado, se delegan tareas completas a agentes que planifican, ejecutan y revisan trabajo de forma continua. OpenAI quiere que ese enfoque viva, de forma natural, en el escritorio.

Hasta ahora, Codex había avanzado por etapas dentro del ecosistema de OpenAI. Primero llegó como herramienta de línea de comandos, lanzada en abril del año pasado. Un mes después apareció una interfaz web. La nueva app para macOS cierra ese recorrido inicial y apunta directamente al uso diario, integrando prácticas que se han popularizado durante el último año con propuestas como Claude Code o Cowork.

La aplicación está pensada para trabajar con múltiples agentes a la vez. Cada uno puede tener un rol distinto, un estado propio y un objetivo concreto dentro del mismo proyecto. Por ejemplo, mientras un agente refactoriza una base de código, otro puede generar tests y un tercero revisar dependencias. Todo ocurre dentro de un único flujo de trabajo visible para el usuario.

Este movimiento se apoya en el reciente lanzamiento de GPT-5.2-Codex, el modelo de programación más avanzado de la compañía hasta la fecha. Con él, OpenAI busca reforzar su posición frente a alternativas de otros laboratorios. El reto no es solo técnico. Es de experiencia de uso.

Durante una llamada con la prensa, Sam Altman fue directo al explicar el problema: “Si realmente quieres hacer un trabajo sofisticado sobre algo complejo, 5.2 es, con diferencia, el modelo más fuerte. Pero ha sido más difícil de usar”. La app de macOS pretende cerrar esa brecha, llevando capacidad avanzada a una interfaz flexible y cotidiana.

Los datos comparativos, sin embargo, invitan a la cautela. GPT-5.2 lidera TerminalBench, una prueba centrada en tareas de programación desde la línea de comandos. En ese escenario, su rendimiento es sólido. Pero otros modelos como Gemini 3 o Claude Opus obtienen resultados muy cercanos, dentro del margen de error. En pruebas como SWE-bench, orientadas a corregir errores reales en proyectos existentes, no aparece una ventaja clara.

OpenAI reconoce esta ambigüedad. Los flujos basados en agentes son difíciles de medir con métricas tradicionales. El valor no está solo en si el modelo acierta más o menos, sino en cómo se encadenan las tareas y cuánto tiempo ahorra al desarrollador.

Ahí es donde la aplicación introduce funciones pensadas para productividad real. Entre ellas:

  • Automatizaciones en segundo plano, que pueden ejecutarse de forma programada.
  • Colas de resultados, para revisar el trabajo cuando convenga.
  • Perfiles de agente configurables, desde uno pragmático y directo hasta otro más explicativo o empático.

Un ejemplo sencillo ilustra el enfoque. Un desarrollador puede dejar a Codex generando documentación y tests durante la noche. A la mañana siguiente, revisa el resultado, ajusta indicaciones y lanza un nuevo ciclo. El trabajo no se detiene cuando el humano se va.

Desde la visión de Altman, el mayor cambio es la velocidad. Afirma que ya es posible partir de un proyecto en blanco y construir software complejo en horas, no en semanas. El límite deja de ser técnico y pasa a ser creativo: la capacidad del usuario para formular nuevas ideas y decidir qué delegar.

Este planteamiento también cambia el rol del programador. Ya no es solo quien escribe funciones. Es quien orquesta agentes, define prioridades y evalúa resultados. La app de Codex para macOS está diseñada para facilitar esa transición, no para esconderla.

Con este lanzamiento, OpenAI no solo presenta una nueva herramienta. Está proponiendo un modelo mental distinto para el desarrollo de software. Uno en el que el ordenador deja de ser un editor pasivo y se convierte en un espacio de trabajo activo, lleno de procesos que avanzan sin pedir permiso constante.

La competencia en IA para programación se intensifica, y los modelos empiezan a parecerse entre sí en benchmarks. La diferencia, cada vez más, estará en la interfaz y en el flujo. En ese terreno, Codex para macOS es una apuesta clara: programar ya no es escribir código, es dirigir agentes. Y OpenAI quiere que ese cambio empiece en el escritorio.

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