La historia de 99 Cheesecake: la cadena de cheesecake a 0,99 € que salió de Instagram y ya planea los 30 locales

Captura del video de Youtube de TALENT PODCAST

99 Cheesecake es la creación de Roger Bettosini, emprendedor de 23 años que ideó el concepto mientras terminaba la universidad en Canadá y recorría Estados Unidos. En Nueva York descubrió locales de porciones de pizza a 0,99 dólares que combinaban precios mínimos con una calidad aceptable. Aquella observación fue clave para preguntarse si un planteamiento similar podía funcionar en España aplicado a un producto distinto.

De regreso, trabajó en Dectatec, una empresa de inteligencia artificial para hostelería, donde detectó que el cheesecake estaba en plena tendencia al alza. Con esos datos empezó a diseñar el modelo de negocio, ajustando costes, operaciones y estrategia digital, hasta lanzar 99 Cheesecake en octubre del año pasado.

Antes de tener tienda, el proyecto ya existía en redes. Bettosini abrió una cuenta de Instagram en la que publicaba a diario cómo levantaba la empresa desde cero. El reto inicial de crear una compañía en 21 días se alargó casi tres meses, pero los vídeos permitieron validar la demanda: mensajes constantes de seguidores, reconocimiento en la calle y una primera comunidad dispuesta a probar el producto desde el primer día.

Todo esto lo ha contado su fundador en una conversación en Talent Podcast, donde desgranó cómo han llevado un concepto de low cost agresivo al terreno de la pastelería y lo han convertido en una marca con atención casi continua en redes sociales.

Un low cost radical: 0,99 €, obrador diario y máxima velocidad

La propuesta gira en torno a la porción clásica de tarta de queso a 0,99 euros, el reclamo principal del modelo. A su alrededor se construye una línea de cheesecakes premium, de mayor tamaño y con bases distintas como chocolate blanco, Lotus, cookies and cream o cuatro quesos, además de ediciones mensuales con precio superior.

Cada tienda replica la misma estructura: venta, zona de corte, obrador propio y almacén. Las tartas se elaboran a diario en cada local, con hornos, abatidores y cámaras que aseguran frescura y textura óptima para el día de venta o el siguiente.

La experiencia se apoya en la personalización. Muchos clientes entran atraídos por el precio de la clásica, pero añaden toppings por 0,80 euros. Hay unas 20 opciones disponibles y la mayoría termina combinando sabores, lo que eleva el ticket medio hasta 2,5 o 3 euros con bebida.

Todo está pensado para el volumen. El equipo de tienda se divide entre obrador, corte y caja para mantener un ritmo de atención de un cliente cada 20 o 30 segundos. La marca ha comprobado que cualquier servicio que ralentice el flujo, como la preparación de café, gusta al consumidor pero acaba reduciendo la facturación total por limitar las ventas por hora.

Colas visibles, FOMO y salto a ubicaciones cada vez más prime

El crecimiento se apoya en redes sociales, colas en la calle y sensación de escasez. Muchos clientes llegan tras haber visto la marca en Instagram y acuden expresamente por la porción de 0,99 €. Una vez allí, la dinámica refuerza el efecto llamada:

  • Cheesecakes premium mensuales que solo se venden durante ese periodo.
  • Producciones diarias limitadas, que se agotan con frecuencia por la capacidad de obrador y cámaras, generando sold out en tienda.

El modelo funciona especialmente en ciudades con alto tránsito y turismo como Barcelona, Madrid, Valencia o Pamplona, donde ya opera parte de la red. Tras abrir el primer local en Barcelona y una segunda tienda en Gràcia, la compañía desembarcó en Madrid y siguió creciendo hasta alcanzar cuatro establecimientos en unos diez meses, con previsión de cerrar el año en siete.

Las primeras ubicaciones se eligieron en calles secundarias de alquiler contenido, con clientela de destino. Ahora la estrategia se desplaza a zonas de alto flujo peatonal, como la calle Princesa en Madrid, Canuda en Barcelona o ejes muy próximos a las principales plazas en Valencia y Pamplona.

Una tienda tipo factura entre 30.000 y 50.000 euros mensuales, según la ciudad y el punto concreto. La meta para el próximo año es contar con entre 25 y 30 locales y situarse en una horquilla de 6 a 8 millones de euros de facturación anual.

Equipo joven y cultura cuidada

La plantilla ronda las 57 personas, más del 80 % menores de 25 años, con una rotación llamativamente baja para un negocio de hostelería de alto ritmo. Bettosini atribuye este dato a dos decisiones claves: pagar por encima del salario mínimo para perfiles jóvenes y fomentar un enfoque muy humano en la gestión del equipo.

La organización del área de personas la lidera su pareja y cofundadora, Laura, que mantiene un trato cercano con la plantilla, escucha necesidades y refuerza el sentimiento de pertenencia. El reto, admite el fundador, será escalar ese nivel de cercanía cuando el equipo supere el centenar de empleados, algo para lo que ya contemplan incorporar responsables de people por grupos de tiendas.

B2B, logística y una ronda para acelerar

Además del negocio en tiendas, la marca ha abierto una línea B2B. Al pasar de depender de distribuidores a trabajar directamente con fabricantes, especialmente en el suministro de queso crema, ha cerrado acuerdos con un productor gallego que abastece toneladas semanales con entregas por establecimiento.

Cada cheesecake mantiene su cremosidad entre 5 y 7 días, lo que facilita acuerdos con restaurantes que compran tartas completas para incluirlas en la carta. Esta vía aporta estabilidad, aunque la empresa insiste en que no quiere restar volumen al cliente final. Para crecer en B2B, franquiciar ciertos mercados o internacionalizar sin perder control, el plan contempla la creación de un obrador central.

En mayo cerraron una ronda de financiación de 500.000 euros, con inversores ligados al sector hostelero. Más allá del capital, destacan el apoyo en operaciones y estrategia de expansión. Con esos recursos y un modelo centrado en precio accesible, volumen y control de calidad, 99 Cheesecake busca consolidarse como una de las referencias del low cost de tarta de queso en los grandes núcleos urbanos españoles.

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