Usar el patinete eléctrico se ha vuelto algo normal en muchas ciudades. Para muchos es un medio de transporte alternativo al coche. Los patinetes eléctricos entran dentro de lo que se considera un Vehículo de Movilidad Personal (VMP) y por lo tanto tienen que cumplir con leyes menos estrictas. Esto siempre y cuando no superen los 25 km por hora. Pero ¿qué pasa cuando el patinete corre más de lo permitido? Una reciente sentencia del Tribunal Supremo ha aclarado esta duda y ha marcado la pauta para su regulación.
Un caso concreto que marca un antes y un después
En septiembre de 2021, la Policía Local de Barcelona detuvo a un hombre que circulaba con un patinete eléctrico que a simple vista era normal, pero que tenía mucha más potencia de lo normal y circulaba a 45 kilómetros por hora.
Al sobrepasar la velocidad permitida para los VMP, ante la ley ese patinete ya no se consideraba como tal como un patinete eléctrico de uso urbano. En este caso, el conductor fue denunciado por circular sin el permiso necesario para ciclomotores. El caso pasó por distintos juzgados hasta llegar al Supremo, que ahora ha confirmado la condena.
La clave está en la velocidad y la potencia
¿Qué cambia ahora con esta condena? Ahora ya no vale fijarse solo en la forma del vehículo. Lo que cuenta es lo que este puede hacer. Si un patinete supera los 25 kilómetros por hora o tiene una potencia demasiado alta, deja de ser un VMP y se consideraría como ciclomotor.
Y aquí está el punto clave. Para usar un ciclomotor debes cumplir las mismas normas que con cualquier otro vehículo: tener carnet de conducir, seguro y todo lo que exige la ley. Da igual que tenga manillar y ruedas pequeñas. Si corre como una moto, la ley lo trata como tal.
El Supremo también deja claro que esto no va a depender de opiniones. La velocidad y la potencia se pueden medir. Si se pasan de los límites, no hay discusión.
Qué puede pasar si no se cumple la norma
Esta decisión no es solo un aviso, tiene consecuencias reales. Conducir un vehículo que necesita carnet sin tenerlo se considera un delito. Además puede conllevar multas, gastos judiciales e incluso problemas más serios si se repite o hay agravantes.
En el caso que sirve como punto de partida, el tribunal obligó al conductor a pagar los costes del proceso, reforzando la idea de que no merece la pena “probar suerte” con recursos sin base. Este caso sirve para algo importante: recordar que no todo lo que parece un patinete lo es a ojos de la ley. Muchos modelos potentes o modificados pueden meterte en un lío sin que te des cuenta. Ahora, antes de usar un patinete rápido o “trucado”, es mejor pensárselo bien. No se trata de asustar con la ley, se trata de garantizar la seguridad de las personas.

