La consultora PROA Comunicación ha anunciado el lanzamiento de PROA AI Guard, un nuevo servicio centrado en un terreno que empieza a preocupar seriamente a empresas y directivos: cómo los motores de inteligencia artificial generativa describen, resumen y proyectan su reputación. No hablamos de buscadores clásicos ni de resultados enlazados, sino de respuestas directas generadas por sistemas como ChatGPT, Gemini, Claude, Grok o Perplexity, que cada vez más usuarios utilizan como primera fuente de información.
El punto de partida es un cambio de hábito que ya no es marginal. Cada vez más personas preguntan directamente a una IA quién es una empresa, qué hace un directivo o cómo se posiciona un sector. Un informe reciente de McKinsey sitúa este giro con un dato concreto: el 50 por ciento de los consumidores ya utiliza buscadores basados en inteligencia artificial. Esa cifra ayuda a entender por qué la reputación corporativa empieza a jugarse en un espacio nuevo, menos visible y más difícil de controlar.
En ese contexto emerge PROA AI Guard, concebido como una herramienta para mejorar la visibilidad, la coherencia narrativa y la precisión con la que los motores generativos representan a compañías y líderes empresariales. El foco está en reducir los riesgos asociados a respuestas incompletas, desactualizadas o directamente erróneas, que pueden aparecer cuando la IA sintetiza información dispersa sin un marco reputacional claro. Un ejemplo sencillo: una consulta sobre una empresa puede devolver datos correctos, pero fuera de contexto o mezclados con información antigua.
El servicio se apoya en tres pilares que forman parte del ADN de PROA desde hace años: reputación, estrategia y talento sénior. A esa base se suman capacidades tecnológicas avanzadas, desarrolladas en el marco del acuerdo de colaboración con BeAI. La consultora subraya que el liderazgo metodológico y reputacional del servicio se mantiene en PROA, integrando la tecnología como una palanca y no como un fin en sí mismo.
Desde la dirección de la firma insisten en que el reto no es únicamente técnico. Lucía Casanueva y Valvanuz Serna Ruiz, socias directoras de PROA Comunicación, señalan que el cambio es estratégico y afecta al núcleo de la comunicación corporativa. “La reputación corporativa ya no depende únicamente de los buscadores tradicionales. Hoy, son los motores generativos quienes configuran la primera impresión que recibe un usuario cuando pregunta por una empresa, un directivo o un sector”, explican.
Ambas directivas apuntan que PROA AI Guard nace para acompañar a las organizaciones en este nuevo escenario, donde la primera interacción ya no es un enlace, sino una respuesta cerrada. El objetivo es asegurar que la identidad corporativa y el posicionamiento estratégico estén correctamente representados cuando un sistema de IA responde a una consulta. No se trata de generar mensajes promocionales, sino de ordenar y reforzar la narrativa existente para que los modelos trabajen con información sólida y coherente.
El planteamiento combina el conocimiento reputacional acumulado por la consultora con herramientas que permiten analizar cómo los motores generativos interpretan y devuelven la información disponible sobre una organización. Según explican desde PROA, la clave está en entender qué fuentes prioriza la IA, cómo cruza los datos y qué lagunas pueden aparecer en ese proceso. A partir de ahí, el trabajo se orienta a reducir fricciones y riesgos.
El lanzamiento llega en un momento en el que la gestión de la reputación digital entra en una fase distinta. A diferencia del posicionamiento en buscadores, donde las empresas compiten por visibilidad, los motores de IA sintetizan, jerarquizan y reinterpretan la información. Eso implica que, si no existe una estrategia específica, la compañía pierde parte del control sobre el relato que circula sobre ella.
Con PROA AI Guard, la consultora amplía su cartera de servicios y se posiciona en un ámbito todavía poco desarrollado en España. El movimiento refleja una tendencia clara en el sector de la comunicación estratégica: anticiparse a los efectos reputacionales de la inteligencia artificial antes de que se materialicen en problemas visibles.
Porque en un entorno donde una respuesta generada por IA puede influir en decisiones de inversión, contratación o consumo, la cuestión ya no es si hay que prestar atención a estos sistemas. La pregunta es quién está gestionando lo que la IA dice de tu empresa cuando nadie lo está supervisando.
