China pisa el acelerador en Europa con inversiones récord en industria y energía

© European Union, 2025, CC BY 4.0, Wikimedia Commons

Las inversiones directas procedentes de China en la Unión Europea registraron en 2024 uno de sus mayores repuntes en años. Los datos oficiales sitúan el volumen en torno a los 9.500 millones de euros, un avance cercano al 80% interanual que devuelve las cifras a niveles previos a la pandemia y refuerza el atractivo del bloque comunitario para el capital asiático.

La tendencia apunta a prolongarse en 2025 gracias al arranque de grandes proyectos industriales ya anunciados. Destacan las inversiones del grupo CATL ligadas a la gigafactoría de baterías asociada a Stellantis en Zaragoza y a la nueva planta prevista en Hungría, valorada en varios miles de millones de euros. La movilidad eléctrica se consolida así como uno de los principales focos de entrada del capital chino.

Un giro estratégico hacia Europa

Durante años, África y América Latina concentraron buena parte de la expansión exterior de las compañías chinas. Ese protagonismo está virando hacia Europa, impulsado por la combinación de tensiones comerciales con Estados Unidos, mayores restricciones tecnológicas y un contexto económico interno más exigente.

El menor crecimiento del PIB en China, la competencia entre firmas locales y la sobrecapacidad productiva han incrementado la presión por buscar salidas en el exterior. Europa aparece como un mercado donde colocar producción, diversificar riesgos y ganar peso en industrias clave. ¿El objetivo de fondo? Ganar presencia sin depender exclusivamente de la exportación directa.

Reino Unido y las grandes economías, aún al frente

Si se incluye al Reino Unido, el aumento de la inversión china en Europa ronda el 50% interanual, el primer repunte del capital desembolsado en el continente desde 2016. Históricamente, Reino Unido, Alemania y Francia han concentrado más de la mitad de estos flujos, aunque su peso empieza a diluirse a medida que nuevas ubicaciones ganan atractivo industrial.

España se ha colocado como uno de los ejemplos más visibles del cambio, apoyada en el desarrollo de instalaciones vinculadas al vehículo eléctrico. Hungría sobresale aún más, con un crecimiento de la inversión directa superior al 70% entre 2023 y 2024, impulsado por la llegada de nuevas plantas ligadas a tecnologías de nueva generación.

De las compras a las fábricas

El perfil de las operaciones también ha cambiado. Hace una década dominaban las adquisiciones de grandes empresas y activos emblemáticos. Hoy, el foco se desplaza hacia la creación de plantas productivas y la toma de participaciones en compañías tecnológicas de menor tamaño, más integradas en cadenas de suministro específicas.

En España, la llegada de fabricantes de vehículos eléctricos como BYD responde a este patrón de inversión industrial directa. Estas instalaciones refuerzan la capacidad productiva local, aunque persisten dudas sobre el alcance de la transferencia tecnológica, ya que gran parte de los diseños, decisiones estratégicas y puestos clave siguen dependiendo de las matrices chinas.

Bruselas endurece el escrutinio

El fuerte incremento del capital asiático ha llevado a la Comisión Europea a reforzar la vigilancia sobre estos proyectos. Bruselas trabaja en medidas para vincular las inversiones a empleo local, generación de valor añadido y colaboración tecnológica con socios europeos.

Este enfoque se enmarca en la estrategia iniciada en 2023 para controlar inversiones de terceros países en sectores sensibles. A comienzos de diciembre, el Ejecutivo comunitario prevé avanzar una Ley de Aceleración Industrial que ampliará la supervisión en ámbitos considerados estratégicos, como:

  • Industrias electrointensivas
  • Tecnologías limpias
  • Tecnologías digitales

El objetivo es reducir dependencias externas en áreas críticas para la autonomía industrial europea.

Propiedad intelectual en el centro del pulso

La fricción con Pekín se mantiene especialmente en materia de propiedad intelectual. La UE ha cuestionado la protección de patentes europeas en China, sobre todo en sectores como las telecomunicaciones y el 5G, donde la ventaja tecnológica resulta decisiva.

A estas tensiones se suman medidas defensivas ya activadas, como aranceles superiores al 30% sobre baterías de vehículos eléctricos procedentes de China o investigaciones en sectores como productos sanitarios y turbinas eólicas. En el ámbito sanitario, incluso se ha limitado el acceso de empresas chinas a grandes contratos públicos, en respuesta a desequilibrios vinculados al peso de los subsidios estatales.

Una relación cada vez más compleja

Desde la pandemia, la UE ha redefinido su estrategia hacia China bajo el principio de reducir riesgos sin romper vínculos económicos. El equilibrio no es sencillo: Europa necesita inversión para reforzar su base industrial, pero busca evitar dependencias estratégicas y la pérdida de capacidad tecnológica en sectores críticos.

El fuerte crecimiento de las inversiones chinas confirma el atractivo del continente para el gigante asiático. Al mismo tiempo, plantea el principal reto para Bruselas: captar capital exterior sin comprometer su autonomía industrial y tecnológica en un contexto de competencia global cada vez más intensa.

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