La biotecnología agraria busca acelerar su salto al mercado en España, y Madrid empieza a consolidarse como punto de encuentro clave. Más de 120 investigadores, empresas y actores financieros se reunieron para analizar cómo convertir avances científicos en soluciones reales para el campo, desde biofertilizantes y biopesticidas hasta edición genética, genómica e inteligencia artificial aplicada a cultivos.
La jornada se celebró en el Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas (CBGP), dentro del Parque Científico de la Universidad Politécnica de Madrid. Allí quedó claro el objetivo: abrir más vías de conexión entre la investigación pública y la empresa, algo todavía pendiente en muchas áreas del sistema científico.
Biovegen apunta a una ventana de oportunidad para España
Durante la apertura, Biovegen defendió que Europa se dirige hacia una fase de mayor desarrollo en agrobiotecnología. En ese contexto, España cuenta con capacidad científica suficiente para transformar investigación en patentes, licencias y nuevas variedades con aplicación real.
Esa es precisamente la función de esta plataforma, impulsada por el Ministerio de Ciencia e Innovación. Con más de 185 socios, entre centros de investigación, empresas, fondos y entidades financieras, Biovegen actúa como nexo para llevar avances científicos al mercado agroalimentario.
El CBGP refuerza su papel como puente con la industria
El CBGP no solo es un centro de investigación. Maneja una inversión anual de 14 millones de euros, cerca de 300 profesionales y 40 grupos científicos, además de haber renovado en dos ocasiones la acreditación Severo Ochoa.
El centro presentó CBGP-Solutions, un programa orientado a transferencia tecnológica que incluye servicios especializados, creación de spin offs y unidades de investigación compartida con empresas. La idea es clara: acercar el laboratorio al mercado sin intermediarios innecesarios.
Entre los ejemplos destaca Rocinante Lab, centrado en genómica aplicada a la mejora vegetal. Su enfoque permite reducir los tiempos de desarrollo de nuevas variedades de los habituales 13 o 15 años a cerca de siete. También se mostraron casos como Nawter Discovery o la colaboración con Rovensa, a través de Rovensa Next, que mantiene una unidad permanente dentro del centro.
Regulación europea: el factor que puede acelerar o frenar el sector
El desarrollo de la agrobiotecnología no depende solo de la ciencia. La regulación europea será decisiva en los próximos años y marcará el ritmo de llegada al mercado.
Durante la jornada se abordaron varios cambios en marcha. Por un lado, la revisión del marco para plantas obtenidas con edición genética y CRISPR. Por otro, la reforma del reglamento de fertilizantes y el paquete Omnibus, que busca simplificar la legislación alimentaria.
A esto se suman futuras normas sobre material reproductivo vegetal y microorganismos modificados genéticamente. El objetivo es facilitar el acceso de biofertilizantes, bioestimulantes y biopesticidas al mercado, diferenciándolos de los productos químicos tradicionales.
Capital y venture building: convertir ciencia en empresa
Uno de los puntos clave del encuentro fue cómo transformar resultados científicos en empresas sostenibles. No basta con investigar, hay que construir modelos de negocio viables.
Firmas como Ivoro Ventures trabajan en esa fase inicial, ayudando a estructurar spin offs y start ups desde centros de investigación. Después llega el reto del crecimiento, donde entran actores como Swanlaab Venture Factory, que participa en el capital de biotecnológicas y apoya su expansión internacional.
Además, entidades públicas como el CDTI y la Agencia Estatal de Investigación completan el ecosistema. La coordinación entre financiación pública, capital privado y ciencia es lo que permite escalar proyectos.
Del laboratorio al campo: aplicaciones concretas
El bloque técnico mostró desarrollos con aplicación directa en agricultura. Por ejemplo, los hongos endófitos, que viven dentro de las plantas sin dañarlas, se están utilizando para generar extractos con efecto bioestimulante o bioplaguicida, con resultados en cultivos como tomate o maíz.
También se presentaron herramientas de análisis del microbioma vegetal capaces de detectar muchas más especies en el suelo, incluidas aquellas que no se identificaban con métodos tradicionales. Esto permite anticipar enfermedades o potenciar microorganismos beneficiosos.
Otro foco fue la ingeniería de raíces. Tecnologías como el sistema D-Root, que evita el estrés lumínico en cultivos in vitro, ayudan a estudiar mejor el desarrollo radicular. A esto se suma el llamado reloj radicular, un mecanismo clave en la formación de nuevas raíces.
Bioprotección y adaptación a un entorno más exigente
La biotecnología también está respondiendo a problemas cada vez más frecuentes en el campo. Sequía, salinidad o resistencias bacterianas están obligando a buscar alternativas.
Durante la jornada se expusieron avances en compuestos naturales para combatir infecciones bacterianas, así como el uso de mycovirus para reducir la virulencia de hongos patógenos. En paralelo, se desarrollan soluciones para mejorar la tolerancia de los cultivos al estrés ambiental.
También se mencionaron herramientas para compensar la falta de horas de frío en ciertos cultivos o mejorar su adaptación a condiciones adversas. El objetivo es mantener la productividad en escenarios cada vez más inestables.
IA, genómica y epigenética para acelerar nuevas variedades
La inteligencia artificial empieza a integrarse en la mejora vegetal. En el caso de Rocinante Lab, se combinan datos genómicos, modelos estadísticos e IA para acortar los ciclos de desarrollo.
Además, se avanza en el estudio de la epigenética, que analiza cómo se activan o silencian genes según el entorno. Este conocimiento permite entender mejor procesos como la floración o la adaptación de las plantas.
Spin offs que abren nuevos mercados
Algunas de las iniciativas presentadas van más allá del uso agronómico. La biotecnología desarrollada en este ámbito también encuentra aplicaciones industriales.
Un ejemplo es Semicom Biosolutions, que utiliza microorganismos diseñados para descomponer plásticos de envases y generar productos químicos o etanol. También se mostraron avances en el estudio de alérgenos alimentarios, con aplicaciones en diagnóstico y producción de anticuerpos.
Empresas que ya están aplicando estos avances
El encuentro incluyó casos reales de compañías que ya trabajan con estas tecnologías. Madeinplant desarrolla mejora genética con CRISPR y ha participado en ensayos de campo en España.
Por su parte, Ramiro Arnedo destina más del 30% de su facturación a I+D y trabaja en variedades con genes de resistencia. Son ejemplos de cómo la investigación empieza a integrarse en modelos empresariales consolidados.
Una industria que busca escala
La conclusión del encuentro es clara. La agrobiotecnología española quiere dejar de ser solo investigación para convertirse en industria. Ya existen capacidades científicas, primeros casos empresariales y herramientas tecnológicas.
El siguiente paso es escalar. Atraer inversión, adaptarse a la regulación y acelerar la transferencia al mercado. En ese proceso coinciden actores como Biovegen, CBGP, Rovensa, Ivoro Ventures o Swanlaab. La clave ahora no es descubrir más, sino llevar lo descubierto al mercado.
