Current AI quiere construir una alternativa pública para que la IA no dependa solo de grandes tecnológicas

Current AI, una organización sin ánimo de lucro orientada a infraestructura pública de inteligencia artificial, está ganando velocidad con proyectos de modelos abiertos, herramientas locales y apoyo a comunidades poco representadas por la gran IA comercial. TechCrunch ha detallado su avance reciente, que incluye un dispositivo offline para 22 lenguas de India, nuevas ayudas a organizaciones de Kenia, Líbano y Brasil, y un chatbot abierto presentado en Ginebra.

La organización fue fundada en febrero de 2025 por Martin Tisne y opera como una alianza público privada. El Gobierno francés aportó 100 millones de dólares y se sumaron entidades como Ford Foundation, MacArthur Foundation, DeepMind y Salesforce, hasta alcanzar 400 millones en compromisos. El argumento de Current AI es simple y ambicioso: si la IA va a convertirse en infraestructura social, no puede quedar completamente encerrada en productos privados.

Su primera tesis fuerte es lingüística, pero no solo lingüística. La mayoría de modelos líderes funcionan mejor en inglés y en lenguas con abundante presencia digital. Eso deja fuera a comunidades que hablan idiomas con menos datos disponibles, menos recursos técnicos y menos poder para decidir cómo se usan sus textos, voces o tradiciones. Un modelo que no entiende una lengua tampoco entiende bien las necesidades prácticas de quienes la usan.

El ejemplo de India ilustra el problema. Suno Sutra, desarrollado con Bhashini, funciona sin conexión y permite ejecutar IA en 22 lenguas. Para un agricultor que necesita diagnosticar una planta enferma sin hablar inglés ni depender de conectividad estable, la diferencia no está en tener el modelo más brillante del mercado, sino en recibir ayuda útil en su contexto.

La IA pública no compite necesariamente por ser la más potente, sino por ser accesible, verificable y gobernada por quienes dependen de ella. Esa distinción puede marcar el debate regulatorio de los próximos años, sobre todo en educación, salud, administración pública y cultura.

Current AI también está financiando proyectos de datos y auditoría. Masakhane trabaja en datasets de más de 50 lenguas africanas para salud, agricultura y educación. En Líbano, Institute for Worldmaking digitaliza patrimonio cultural con control comunitario. En la Amazonia brasileña, Portal sem Porteiras desarrolla herramientas offline con comunidades indígenas y mantiene los datos dentro del territorio.

Para Europa, la iniciativa encaja con una preocupación conocida: dependencia tecnológica. La soberanía de IA no se resuelve solo con regular empresas estadounidenses o chinas. También exige construir alternativas, financiar bienes comunes digitales y definir protocolos de consentimiento sobre datos sensibles. España podría leer esta tendencia desde sus propias lenguas cooficiales, archivos públicos y servicios digitales.

El desafío será demostrar que una infraestructura abierta puede sostener calidad, seguridad y mantenimiento sin caer en proyectos simbólicos que se abandonan al primer cambio político. La historia del software público está llena de buenas intenciones que no sobrevivieron a la falta de equipos estables.

Current AI no tiene garantizado convertirse en el equivalente de la web abierta para la inteligencia artificial. Pero pone sobre la mesa una idea necesaria: la IA no puede medirse solo por benchmarks, valoraciones y cuotas de mercado. También habrá que medir quién participa, qué datos se respetan y qué comunidades pueden usarla sin pedir permiso a una plataforma dominante.

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