Apple prepara nuevas funciones de seguridad infantil para iOS 27, iPadOS 27 y macOS 27, según detalló WIRED tras los anuncios realizados en la conferencia de desarrolladores de la compañía. La actualización llega en un contexto de presión creciente sobre las grandes plataformas por protección de menores, deepfakes, aplicaciones de contenido sexualizado y herramientas de control parental.
Entre los cambios previstos figuran una creación más guiada de cuentas infantiles, permisos para navegar por sitios nuevos en Safari, aprobación de contactos antes de comunicarse por Phone, FaceTime o Messages y mejoras en Communication Safety. Apple también ampliará la detección automática que difumina desnudez a contenidos violentos o gore en más espacios del sistema. El movimiento confirma que la seguridad infantil ya no puede quedar fuera del diseño base de los dispositivos.
La compañía se mueve sobre una línea estrecha. Hace años Apple propuso una herramienta para detectar material de abuso sexual infantil en iCloud, pero la retiró tras críticas de expertos en privacidad y seguridad que alertaban de riesgos de vigilancia. Ahora intenta reforzar protección sin reabrir por completo ese frente. El resultado es un enfoque más centrado en controles locales, permisos familiares y herramientas de reporte.
WIRED recoge también la presión de organizaciones como Heat Initiative, que acusa a Apple de haber llegado tarde al debate sobre seguridad de menores. La compañía sostiene que ofrece herramientas líderes y que mantiene un compromiso con privacidad. Esa tensión define el nuevo marco regulatorio: gobiernos, familias y activistas quieren más intervención, mientras expertos en cifrado advierten de que ciertos mecanismos pueden crear puertas peligrosas.
Para empresas tecnológicas, la noticia marca un estándar. Las plataformas ya no pueden responder a riesgos infantiles solo retirando aplicaciones cuando estalla una polémica. Necesitan procesos de revisión, edad, permisos, señalización y reporte integrados desde el producto. La confianza de una plataforma se medirá tanto por lo que permite hacer como por la rapidez y claridad con la que impide abusos.
El debate también afecta a la inteligencia artificial. Las aplicaciones capaces de generar o manipular imágenes han multiplicado los riesgos de deepfakes no consentidos y contenido sexualizado. Apple, Google y otros operadores de tiendas tienen que decidir qué herramientas aceptan, cómo verifican usos dañinos y qué responsabilidad asumen cuando una app cruza líneas legales o éticas.
Para familias españolas, algunas funciones pueden tardar en llegar según disponibilidad territorial, pero la tendencia es global. Los controles parentales serán más visibles, configurables y vinculados a mensajería, contactos y navegación. Eso puede ayudar, aunque no sustituye educación digital ni acompañamiento. La protección real requiere diseño, normas y conversación familiar, no solo un interruptor en ajustes.
Apple intenta demostrar que puede actuar sin renunciar a su bandera de privacidad. El equilibrio será observado por reguladores y competidores, porque lo que funcione en iOS suele convertirse en referencia para todo el sector móvil.
La empresa también tendrá que explicar mejor sus criterios de tienda. Si una aplicación peligrosa desaparece solo después de la denuncia pública, el sistema parecerá reactivo. Si el filtrado es opaco, volverán las críticas por poder excesivo sobre desarrolladores.
