Yosemite, la firma de venture capital centrada en oncología fundada por Reed Jobs en 2023, quiere construir compañías biotecnológicas desde investigación académica temprana. En una entrevista con TechCrunch, Jobs explicó que la firma trabaja solo en cáncer, combina capital inversor con filantropía y usa subvenciones sin condiciones para reducir riesgo científico antes de convertir algunas ideas en empresas.
El modelo es relevante porque refleja cómo está cambiando la inversión en biotech. Tras el ajuste posterior a la pandemia, los inversores vuelven a mirar oportunidades donde ciencia, propiedad intelectual y necesidad clínica pueden crear compañías defensivas. Yosemite afirma trabajar con universidades como Yale, Berkeley y Stanford, y destinar una parte de su fondo a crear empresas propias junto a investigadores. La tesis no es esperar a que la industria encuentre curas, sino fabricar nuevas compañías alrededor de conocimiento científico todavía inmaduro.
La inteligencia artificial aparece como acelerador, no como sustituto del laboratorio. Jobs señaló que la IA puede ayudar en descubrimiento de fármacos, diseño de ensayos clínicos y tareas repetitivas que consumen tiempo. En oncología, donde los ensayos de fase avanzada pueden costar cientos de millones y fracasar con frecuencia, cualquier mejora en reclutamiento, controles sintéticos o selección de pacientes tiene impacto económico.
La entrevista también deja un mensaje útil para el ecosistema español. Las startups de salud profunda no se parecen a una aplicación SaaS. Requieren relaciones con hospitales, universidades, reguladores, fondos especializados y farmacéuticas. Los ciclos son largos, pero las barreras pueden ser más fuertes si la ciencia funciona. España cuenta con investigación biomédica potente, aunque convertirla en empresas globales exige más capital paciente y gestores con experiencia internacional.
Yosemite intenta resolver una parte de ese problema usando filantropía como puente. Financiar ideas académicas muy tempranas sin exigir retorno inmediato puede generar datos suficientes para decidir si merece la pena crear una startup. En deep tech sanitaria, el dinero más valioso suele ser el que llega antes de que exista una compañía invertible.
El riesgo está en el exceso de confianza tecnológica. La IA puede encontrar patrones, acelerar hipótesis y reducir trabajo manual, pero no elimina la complejidad biológica ni la validación clínica. Un candidato prometedor debe superar laboratorio, seguridad, ensayos y aprobación. La historia de la biotecnología está llena de avances que funcionaban en papel y no resistieron el cuerpo humano.
Aun así, el momento es favorable. Grandes farmacéuticas se enfrentan a pérdidas de patentes y buscan activos nuevos. Los fondos especializados quieren tecnologías que abran áreas terapéuticas antes inaccesibles. La combinación de IA, biología y capital creador de empresas puede convertirse en una de las rutas más potentes para llevar ciencia académica al mercado.
Para los emprendedores, la lección es clara. En salud, la narrativa de IA solo vale si se conecta con un mecanismo biológico, una necesidad clínica y un camino regulatorio creíble. Yosemite está apostando precisamente por esa intersección.
La próxima prueba será convertir acceso académico en productos clínicos con socios industriales. Si el modelo funciona, puede inspirar a más fondos europeos a financiar ciencia temprana sin exigir que cada proyecto nazca ya con métricas comerciales maduras.
