La guerra fiscal por las grandes tecnológicas vuelve al centro de la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea. Donald Trump ha amenazado con aplicar aranceles del 100% a las importaciones procedentes de cualquier país que imponga un impuesto sobre los servicios digitales de empresas estadounidenses.
El aviso llega mientras el Parlamento Europeo presiona para crear una tasa común a escala comunitaria que afectaría a gigantes como Google, Apple, Meta o Amazon. Según las estimaciones manejadas por los técnicos de la Eurocámara, el gravamen podría recaudar hasta 43.000 millones de euros.
El pulso no es menor. Por un lado, Europa busca nuevas vías de ingresos en una economía cada vez más digital. Por otro, Washington interpreta estos impuestos como una medida dirigida contra algunas de sus compañías más relevantes.
El impuesto digital que inquieta a Washington
La propuesta que gana peso en el Parlamento Europeo plantea un impuesto de entre el 3% y el 5% sobre empresas con una facturación mundial superior a 750 millones de euros y con ingresos por encima de 50 millones de euros en la Unión Europea.
Con esos umbrales, la tasa golpearía principalmente a grandes multinacionales digitales. Entre las compañías señaladas aparecen nombres clave de la economía tecnológica estadounidense: Google, Apple, Meta y Amazon.
El objetivo del Parlamento Europeo es que este impuesto no dependa de decisiones aisladas de cada país. La idea es crear una figura común para toda la UE y evitar que cada Estado miembro aplique un modelo diferente o decida no aplicar ninguno.
Los técnicos del Europarlamento consideran que una tasa europea sobre servicios digitales podría reducir la fragmentación y convertirse en una fuente visible de ingresos propios para la Unión Europea. Esa recaudación se integraría en las negociaciones del presupuesto comunitario para el periodo 2028-2034.
Trump sube el tono con una amenaza arancelaria
Trump ha respondido con una advertencia directa. Según el mensaje que difundió en redes sociales, cualquier país que avance con un impuesto digital contra empresas estadounidenses se enfrentaría a un arancel del 100% sobre los bienes que envíe a Estados Unidos.
El presidente estadounidense también señaló que esa medida reemplazaría cualquier acuerdo comercial negociado previamente. Es decir, la amenaza no se limitaría al ámbito tecnológico, sino que podría afectar al comercio de bienes entre Estados Unidos y los países que apliquen este tipo de gravamen.
Aunque Trump habló de cualquier país, su mensaje puso el foco en Europa. Según su planteamiento, los países europeos estarían debatiendo la aplicación próxima de impuestos a compañías estadounidenses.
No es la primera vez que Trump utiliza los aranceles como herramienta de presión frente a los impuestos digitales. En el pasado ya había advertido con nuevas medidas contra países que intentaran gravar o regular a las grandes tecnológicas de Estados Unidos.
Bruselas defiende su margen regulatorio
La Comisión Europea ha reaccionado defendiendo la capacidad de la UE y de sus Estados miembros para regular las actividades económicas dentro de su territorio. Bruselas considera que las medidas unilaterales contra esas políticas no están justificadas.
El Ejecutivo comunitario también ha advertido de que respondería si Washington lleva adelante acciones contra la autonomía regulatoria europea. La tensión, por tanto, se desplaza del terreno fiscal al comercial.
El punto de fricción es claro. La economía digital permite a grandes plataformas obtener ingresos en múltiples mercados nacionales, mientras los países buscan fórmulas para adaptar sus sistemas fiscales a esa actividad. En Europa, esa discusión se ha convertido además en una pieza de las negociaciones presupuestarias.
La Eurocámara presiona por más ingresos
El Parlamento Europeo no tiene competencia directa sobre los llamados recursos propios, que son las fuentes de financiación del presupuesto comunitario. Sin embargo, sí debe validar el Marco Financiero Plurianual, las cuentas de largo plazo de la Unión Europea.
Esa capacidad le da margen de presión. Los eurodiputados ya han adelantado que rechazarán el nuevo presupuesto si no incluye un incremento impositivo valorado en 60.000 millones de euros.
La tasa digital aparece como una de las vías para cubrir parte de esa exigencia. La cifra más ambiciosa procede del Parlamento Europeo, con una estimación de hasta 43.000 millones de euros.
La Comisión Europea también ha elaborado cálculos sobre posibles ingresos adicionales por esta vía, pero con una previsión mucho más baja: alrededor de 5.000 millones de euros. La diferencia se debe al diseño utilizado en cada cálculo. Mientras el Parlamento plantea una figura de mayor alcance, la Comisión se habría limitado a extender tasas ya existentes al conjunto de los 27 Estados miembros.
El acuerdo arancelario con la UE queda bajo presión
La amenaza de Trump llega antes de una fecha clave: el 4 de julio. Ese es el límite fijado para que Estados Unidos y la Unión Europea empiecen a aplicar un acuerdo arancelario que reduce al 15% la mayoría de los gravámenes sobre las exportaciones europeas.
Ese pacto fue cerrado tras meses de debate dentro de la UE. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, alcanzó el acuerdo de forma tentativa el año pasado durante una visita al campo de golf de Trump en Escocia.
Los impuestos digitales no formaban parte de ese acuerdo. Por eso han seguido siendo uno de los principales focos de tensión entre Washington y Bruselas. La incógnita ahora está en cómo podría aplicar Trump su amenaza.
Reino Unido marca un precedente fuera de la UE
Reino Unido, ya fuera de la Unión Europea, aplica desde 2020 un impuesto digital del 2% sobre ciertos ingresos generados por motores de búsqueda, redes sociales y mercados online vinculados a usuarios británicos.
El diseño británico incluye umbrales para que el impacto recaiga sobre todo en grandes empresas internacionales. El Gobierno británico defendía que las reglas del impuesto corporativo habían generado un desajuste entre el lugar donde se grava el beneficio y el lugar donde se crea el valor.
Ese precedente ayuda a explicar por qué el debate sigue abierto. Los países buscan capturar ingresos asociados a la actividad digital, mientras Estados Unidos trata de evitar que sus grandes tecnológicas soporten nuevas cargas fiscales en mercados exteriores.
El choque entre Trump y Bruselas entra así en una fase delicada. Si la UE avanza con una tasa común para los servicios digitales, Washington podría responder con aranceles capaces de afectar a mucho más que a Google, Apple, Meta o Amazon.
