SpaceX se prepara para protagonizar una de las operaciones financieras más ambiciosas que se recuerdan en Wall Street. La compañía fundada por Elon Musk ha fijado en 135 dólares el precio de cada acción para su oferta pública inicial, una operación con la que prevé captar alrededor de 75.000 millones de dólares y alcanzar una valoración próxima a 1,77 billones de dólares.
Si las cifras se cumplen, la empresa aeroespacial firmaría la mayor salida a Bolsa registrada hasta la fecha. No se trata solo de una OPV de gran tamaño. También supone la entrada en los mercados públicos de una compañía que se ha convertido en una pieza clave para el sector espacial, las comunicaciones por satélite y el nuevo mapa tecnológico ligado a las empresas de Elon Musk.
La documentación presentada ante el regulador bursátil estadounidense recoge que SpaceX planea colocar más de 555 millones de acciones. Además, los bancos colocadores tendrán una opción adicional para vender más títulos, lo que podría elevar el importe total de la operación por encima de los 86.000 millones de dólares.
El debut bursátil está previsto en los mercados Nasdaq de Nueva York y Texas bajo el símbolo SPCX. Con ese salto, SpaceX se situaría desde el primer día entre las compañías cotizadas más valiosas del mundo.
SpaceX no solo mira al espacio
La salida a Bolsa llega en un momento en el que SpaceX ya no se entiende únicamente como una empresa de lanzamientos espaciales. Su actividad incluye negocios con un fuerte peso tecnológico, como Starlink, su red de comunicaciones por satélite, además de otras áreas vinculadas al ecosistema empresarial de Musk.
Ese perfil híbrido explica parte del interés que despierta la operación. Para muchos inversores, SpaceX combina tres relatos de mercado muy potentes: espacio, conectividad global e inteligencia artificial. Esa mezcla convierte su OPV en algo más que una operación corporativa. También puede marcar una referencia para futuras salidas a Bolsa de grandes compañías tecnológicas.
El tamaño de la oferta, la valoración prevista y la visibilidad internacional de la empresa han colocado el movimiento en el radar de bancos, fondos e inversores particulares. La demanda prevista es elevada, aunque el acceso dependerá de los criterios fijados por cada intermediario financiero.
Elon Musk mantendrá el poder de voto
La apertura del capital no implicará una pérdida de control para Elon Musk. Según la información remitida a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, el empresario conservará más del 80% del poder de voto una vez completada la oferta.
Esa estructura permitirá que SpaceX sea considerada una empresa controlada bajo las normas de gobierno corporativo de Nasdaq. En la práctica, la compañía podrá acogerse a ciertas excepciones relacionadas con la composición del consejo de administración y algunos comités internos.
La empresa también ha dejado claro que no prevé repartir dividendos en efectivo a corto plazo. Su intención es reinvertir los posibles beneficios futuros en el crecimiento del negocio y en la expansión de sus distintas áreas de actividad. Cualquier cambio en esa política quedará, más adelante, en manos del consejo de administración.
Europa se prepara para participar en la operación
La dimensión internacional de la OPV empieza a tomar forma. SpaceX ha comunicado su intención de registrar el folleto de la oferta en varios países europeos cuando obtenga las autorizaciones regulatorias necesarias.
La documentación contempla la posibilidad de comercializar acciones en mercados como España, Alemania, Francia, Países Bajos, Dinamarca, Noruega y Suecia. Para ello será necesaria la aprobación de las autoridades competentes. Fuentes del mercado señalan que el supervisor alemán podría tener un papel relevante mediante el denominado pasaporte europeo, un mecanismo que facilita la distribución de una oferta en distintos países de la Unión Europea.
Esta vía permitiría ampliar la base de compradores más allá de Estados Unidos. También abriría la puerta a inversores institucionales europeos y grandes patrimonios interesados en participar en una de las operaciones financieras más relevantes de los últimos años.
Los grandes bancos activan a sus clientes
El interés por la salida a Bolsa ha movilizado a las entidades financieras que participan en la colocación. Diversos bancos internacionales ya han puesto en marcha equipos especializados para contactar con potenciales inversores de alto patrimonio.
La prioridad inicial está en Estados Unidos, donde se concentrará buena parte de la demanda. Sin embargo, la eventual aprobación del folleto en Europa podría ampliar de forma considerable el alcance de la operación. Para los bancos colocadores, SpaceX representa una oportunidad poco habitual: una compañía de enorme notoriedad, con negocios tecnológicos de alto crecimiento y una valoración que puede cambiar el listón de las OPV futuras.
El atractivo de la empresa se apoya en su posición dentro del sector espacial y en su exposición a áreas que los mercados consideran estratégicas para la próxima década. El capital busca historias de crecimiento, y SpaceX llega al mercado con una de las más reconocibles del momento.
También habrá espacio para inversores minoristas
Una de las particularidades de esta oferta es la reserva de una parte relevante para inversores particulares en Estados Unidos. SpaceX contará con plataformas como Fidelity, Charles Schwab, Robinhood, SoFi Securities y E*TRADE para facilitar ese acceso.
Las condiciones no serán iguales en todos los casos. Algunas plataformas pueden exigir experiencia previa, determinados niveles de patrimonio financiero o requisitos específicos de elegibilidad. Otras podrían ofrecer criterios más flexibles. Aun así, cumplir las condiciones no garantiza recibir acciones, ya que la asignación dependerá de la demanda final y del volumen disponible.
La expectativa alrededor de SpaceX es enorme. Si la operación alcanza sus objetivos, la compañía no solo protagonizará la mayor salida a Bolsa de la historia, sino que también fijará un nuevo punto de referencia para las empresas tecnológicas que aspiran a conquistar los mercados globales.
SpaceX llega al parqué con una combinación difícil de ignorar: marca global, liderazgo espacial, ambición tecnológica y una valoración reservada a muy pocas compañías. Wall Street tendrá ahora que decidir cuánto está dispuesto a pagar por una empresa que quiere seguir mirando al espacio, pero que también puede cambiar las reglas del mercado en la Tierra.
