El Banco Santander entra en la gigafactoría europea de IA en España junto a ACS y Telefónica

Logo del Banco Santander, fuente: https://commons.wikimedia.org/, autor: Francisco Fernández Jiménez, licencia CC BY-SA 4.0 Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional,

Banco Santander se prepara para incorporarse al consorcio privado que impulsará la futura gigafactoría europea de inteligencia artificial en España, uno de los proyectos tecnológicos más ambiciosos que el país tiene sobre la mesa. La iniciativa prevé movilizar hasta 4.000 millones de euros entre inversión pública y privada, con el objetivo de dotar a España y a Europa de una infraestructura capaz de entrenar modelos avanzados de IA y gestionar grandes volúmenes de datos.

La entidad presidida por Ana Botín participará junto a ACS y Telefónica, aunque su papel estaría centrado principalmente en la financiación de deuda. Su entrada refuerza la candidatura española en un momento clave, ya que el proyecto todavía debe concretar su estructura societaria y recibir la aprobación del Consejo de Ministros.

La gigafactoría forma parte de la estrategia europea para reducir la dependencia tecnológica de Estados Unidos y China. No se trata solo de levantar un gran centro de datos. La infraestructura está pensada para ofrecer capacidad de supercomputación, almacenamiento y entrenamiento de modelos de inteligencia artificial a gran escala, una pieza cada vez más relevante para empresas, administraciones y centros de investigación.

Santander se suma a un proyecto de hasta 4.000 millones

Según fuentes conocedoras del proceso citadas por Europa Press, Banco Santander participará en el consorcio privado encargado de desarrollar la candidatura española. La sociedad aún no ha sido constituida, pero el Gobierno ya ha previsto una aportación inicial de 250 millones de euros a través de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica, conocida como la SETT o “SEPI digital”.

Esa aportación pública iría acompañada de participación accionarial en el proyecto. A partir de ahí, el consorcio deberá completar la financiación con capital privado y deuda, donde Santander aspira a desempeñar un papel relevante.

El proyecto cuenta también con otros nombres tecnológicos. Entre ellos figuran Multiverse, especializada en soluciones cuánticas e inteligencia artificial, y Submer, empresa centrada en sistemas de refrigeración para centros de datos. Esta última pieza es especialmente importante, ya que las infraestructuras de IA requieren una enorme capacidad energética y sistemas de enfriamiento muy eficientes para operar de forma estable.

La ubicación final todavía no está cerrada. Sobre la mesa figuran Móra la Nova, en Tarragona, y San Fernando de Henares, en Madrid, dos opciones que competirían por albergar una instalación llamada a situar a España dentro del mapa europeo de la IA avanzada.

Telefónica quiere un papel tecnológico y comercial

Telefónica también será uno de los socios clave, aunque con una posición distinta a la de Santander. La operadora presidida por Marc Murtra prevé hacerse con entre el 10% y el 15% del capital del consorcio y busca participar sobre todo desde el lado tecnológico.

El consejero delegado de Telefónica, Emilio Gayo, defendió durante los Desayunos Esade organizados por Esade Alumni que la compañía debe aportar su experiencia en el desarrollo, construcción y operación de infraestructuras críticas. Según explicó, el valor de Telefónica no estaría en actuar como gran inversor financiero, sino en contribuir al diseño tecnológico del proyecto y en comercializar después la capacidad computacional de la gigafactoría.

Ese enfoque encaja con la evolución reciente del grupo. Telefónica lleva años ampliando su actividad más allá de las telecomunicaciones tradicionales, con áreas como ciberseguridad, computación en la nube, defensa e infraestructuras digitales. La gigafactoría de IA sería, en esa lectura, una extensión natural de los actuales centros de datos, pero con una escala muy superior.

Una infraestructura estratégica para Europa

La Comisión Europea considera las gigafactorías de IA como infraestructuras estratégicas por su impacto económico, tecnológico y geopolítico. La comparación con las redes energéticas o las telecomunicaciones no es casual: quien controle la capacidad de cómputo tendrá más margen para desarrollar modelos propios, almacenar datos sensibles y competir en la nueva economía de la inteligencia artificial.

España y Portugal trabajan además en una posible candidatura ibérica conjunta para albergar una de las primeras instalaciones de este tipo impulsadas por Bruselas. El ministro para la Transformación Digital, Óscar López, ya defendió durante el último Mobile World Congress que España tiene opciones de convertirse en una de las sedes europeas de referencia.

La carrera no es menor. Europa quiere contar con capacidad propia para entrenar modelos avanzados sin depender por completo de infraestructuras extranjeras. La soberanía tecnológica se ha convertido en una prioridad industrial, especialmente en sectores donde los datos, la seguridad y la capacidad de cálculo son factores críticos.

El giro industrial de Telefónica y el nuevo mapa de la IA

La participación de Telefónica en la gigafactoría también conecta con su giro industrial. Gayo vinculó este movimiento con la entrada de las telecomunicaciones en nuevos ámbitos como la defensa, la ciberseguridad y los sistemas conectados. La compañía ya mantiene una alianza con Navantia para servicios de ciberseguridad y una UTE con Indra para desarrollar un vehículo militar conectado.

El directivo también señaló que Europa empieza a mostrar una voluntad política más clara para flexibilizar las reglas de competencia y favorecer grandes proyectos tecnológicos continentales. Para las empresas europeas, esa ventana puede ser decisiva si quieren competir con gigantes internacionales que ya cuentan con músculo financiero, capacidad de cómputo y ecosistemas de IA muy consolidados.

En paralelo, Telefónica continúa redefiniendo su presencia internacional. La compañía mantiene su salida de América Latina, una región que ha dejado de ser estratégica para el grupo, y concentra ahora su actividad en España, Alemania, Reino Unido y Brasil.

La entrada de Santander añade músculo financiero a una iniciativa que combina infraestructura, IA, capital público y grandes empresas privadas. Si el proyecto avanza, España podría ganar una posición relevante en una de las batallas tecnológicas más importantes de los próximos años: quién tendrá la capacidad de entrenar y operar la inteligencia artificial que moverá la economía digital europea.

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