La relación entre Anthropic y la administración de Donald Trump parece haber entrado en una fase menos hostil, pese a que el Pentágono mantiene a la compañía bajo una designación formal de “supply-chain risk” que limita el uso de su tecnología en el entorno de Defensa. En los últimos días, la empresa ha seguido reuniéndose con altos cargos del Gobierno y ha trasladado públicamente su disposición a colaborar con Washington en áreas como ciberseguridad, seguridad en IA y competitividad tecnológica.
El cambio de tono no significa que el conflicto haya desaparecido. Anthropic sigue litigando contra el Departamento de Defensa después de que el Pentágono la señalara como riesgo en la cadena de suministro tras meses de fricción sobre cómo podían usarse sus modelos. Según Reuters y Axios, el choque se agravó cuando la empresa se negó a eliminar ciertas salvaguardas relacionadas con usos como las armas totalmente autónomas o la vigilancia masiva en territorio estadounidense.
Aun así, en paralelo al pulso judicial, el resto del Ejecutivo parece mantener abierta otra vía. El consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, se reunió en la Casa Blanca con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y con la jefa de gabinete presidencial, Susie Wiles, en un encuentro que la propia Casa Blanca describió como “introductorio”, pero también “productivo y constructivo”. En ese contacto, ambas partes hablaron de posibles fórmulas de colaboración y de enfoques compartidos para gestionar los retos que plantea el despliegue a gran escala de esta tecnología.
Anthropic utilizó un tono parecido en su propia valoración del encuentro. La empresa dijo haber mantenido una conversación productiva con altos responsables de la administración sobre prioridades compartidas, entre ellas la ciberseguridad, el liderazgo de Estados Unidos en la carrera global de la IA y la seguridad de estos sistemas. También añadió que espera seguir avanzando en esas conversaciones.
El contexto ayuda a entender por qué ese acercamiento está ocurriendo ahora. Buena parte de la atención institucional se ha desplazado hacia Mythos, el nuevo modelo de Anthropic, por su capacidad para detectar y explotar vulnerabilidades informáticas con un nivel de sofisticación que ha encendido alertas en el sector financiero y en varios organismos públicos. Reuters explica que el modelo se está desplegando de forma controlada dentro de “Project Glasswing”, un programa restringido para organizaciones seleccionadas.
Ese lanzamiento ha llevado incluso a una reunión específica con la gran banca estadounidense. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, convocaron a varios consejeros delegados bancarios para advertirles de los riesgos cibernéticos asociados a Mythos y a modelos similares, según fuentes citadas por Reuters. La reunión, celebrada en Washington, buscaba que las entidades comprendieran mejor el alcance del riesgo y reforzaran sus defensas.
Ese detalle es importante porque introduce un matiz clave. La administración Trump y el Pentágono no están actuando como un bloque uniforme frente a Anthropic. Mientras Defensa mantiene la presión y la compañía sigue impugnando la etiqueta de riesgo, otras áreas del Gobierno están hablando con ella y tratando de entender cómo aprovechar o contener una tecnología que se percibe al mismo tiempo como útil y peligrosa. Es una lógica bastante reconocible en Washington: una cosa es la disputa regulatoria o contractual y otra renunciar a una herramienta que puede tener valor estratégico. Esa lectura se apoya en la coexistencia de la demanda judicial, la reunión en la Casa Blanca y el encuentro con la banca promovido desde el Tesoro.
La raíz del conflicto sigue siendo seria. Axios señala que Anthropic demandó al Pentágono alegando que la designación vulnera sus derechos y excede la autoridad del Gobierno, mientras que el Departamento de Defensa sostiene que la disputa tiene que ver con control operativo y con la necesidad de usar tecnología sin que el proveedor interfiera en decisiones sensibles. En otras palabras, Anthropic defiende que quiere mantener límites sobre usos extremos de su IA; el Pentágono responde que no puede aceptar que una empresa privada condicione su margen de actuación en materia militar.
Con todo, el momento actual apunta más a una negociación abierta que a una ruptura total. Reuters recoge que, pese al enfrentamiento previo, Anthropic sigue informando a responsables públicos sobre las capacidades ofensivas y defensivas de Mythos, y que el propio modelo fue presentado de antemano a responsables del Gobierno y a actores clave de la industria antes de su lanzamiento. Ese comportamiento encaja con una empresa que quiere proteger determinadas líneas rojas, pero sin quedarse fuera de la conversación institucional en Washington.
También pesa el calendario. Mythos ha obligado a gobiernos, bancos y reguladores a reaccionar con rapidez, porque su potencia en tareas de ciberseguridad no solo sirve para defender sistemas: también puede acelerar ataques si cae en malas manos. Cuando una herramienta plantea ese doble uso, resulta lógico que la Casa Blanca quiera mantener una vía directa con quien la desarrolla, incluso si otra rama del Gobierno sigue enfrentada con la compañía en los tribunales.
Por ahora, lo que se está enfriando no es tanto el litigio como el aislamiento político de Anthropic dentro del Gobierno federal. El conflicto con el Pentágono sigue vivo y no hay señales de una resolución inmediata. Pero el hecho de que Amodei haya entrado en la Casa Blanca, de que Tesoro y Reserva Federal hayan movido ficha por Mythos y de que la empresa siga hablando de colaboración muestra que Washington no quiere prescindir del todo de una tecnología que considera relevante.
