Uno de cada diez adolescentes europeos ya tiene problemas con el uso de las redes sociales

Usar el móvil todo el día se ha vuelto más normal de lo que debería. Y si ya es algo preocupante para cualquier persona, por lo riesgos que puede traer la no desconexión digital, esto es mucho más grave para la gente joven. Los datos lo confirman. En Europa, uno de cada diez adolescentes tiene una relación complicada con las redes sociales.

La realidad actual es que para muchos adolescentes y niños, las redes sociales están siempre ahí. Al levantarse, en clase, por la tarde y antes de dormir. Nadie se extraña. Es parte de su vida. El problema llega cuando esa conexión constante empieza a afectar a cómo se sienten.

Estar conectado todo el tiempo pasa factura

La OMS, a través del Estudio sobre las conductas saludables de jóvenes escolarizados (HBSC, sus siglas en inglés) ha detectado que más del 11% de los adolescentes de Europa tiene problemas con el uso de las redes sociales. Y muchos de ellos están conectados casi todo el día. Eso, poco a poco, afecta a su bienestar y a su forma de relacionarse.

El problema no está solamente en el tiempo que pasan mirando una pantalla. Lo peor es la sensación de no poder soltar el móvil y de tener que estar disponibles todo el tiempo. De estar pendiente de mensajes, notificaciones y lo que hacen los demás. Esa presión constante les pasa factura a nivel psicológico.

Y a nivel mundial la tendencia es la misma. Un informe de UNICEF señala que un 5,7% de niños y adolescentes usa las pantallas de una forma que afecta a su vida diaria, afectando su estado de ánimo y a las relaciones con otras personas. De hecho, distintos estudios muestran que cuando se pasan más de cuatro horas al día frente a una pantalla, aumentan los problemas de sueño, la ansiedad y la falta de concentración.

Acompañar importa más que prohibir

A pesar de que, a raíz de esta creciente preocupación por la salud digital de los niños y adolescentes, en muchos países ya se están creando leyes para regular el uso de las redes sociales en esas edades, desde la cooperativa de telecomunicaciones éticas Somos Conexión defienden que no se trata de prohibir el móvil. Se trata de aprender a usarlo mejor y de cuidar la salud mental. 

“El acceso a la tecnología no garantiza por sí solo una relación saludable con el entorno digital”, afirma Mercè Botella, fundadora de Somos Conexión. “La hiperconectividad constante, el diseño adictivo de muchas plataformas y la normalización del estar siempre disponibles están teniendo un impacto directo en la salud psicológica, especialmente en las edades más tempranas. No podemos seguir abordando esta realidad como una cuestión individual, sino como un fenómeno social y de salud pública”. “Por eso, desde Somos Conexión no solo informamos sobre los riesgos: realizamos pedagogía y dotamos de recursos a proyectos como ‘Crecer en un mundo de pantallas’, acompañamos a familias, centros educativos y otros proyectos comunitarios con herramientas concretas y productos adaptados para reducir el uso abusivo y prematuro de internet”, añade.

Vivimos en una realidad en que las pantallas están presentes desde edades muy tempranas. Estar siempre disponible se ha convertido en algo normal. No contestar genera nervios y apagar el móvil cuesta. Cuando no hay límites claros ni acompañamiento, el malestar aparece. Por eso es importante poner el foco en el bienestar digital, para cuidar la salud mental de los adolescentes y reconocer que no todos viven la conexión de la misma forma.

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